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Si vas a reconstruir no contrates a los mismos albañiles que derrumbaron el edificio

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Inteligencia

El sistema de Inteligencia del país necesita de tres auditorias: una operativa, otra financiera y una tecnológica. Lea este análisis.

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Foto: Pete Linforth – Pixabay

El Presidente del país del reencuentro y de la esperanza ha manifestado, con preocupación, que la fábrica de conspiradores de Lumbisí es una amenaza para la arquitectura democrática y un peligro por sus débiles cimientos y la poca gobernabilidad de este pequeño país. 

El CIES (Centro de Incompetencia Estratégica Socialista) gastó una inimaginable cantidad de recursos. Se estima que son cerca de USD 475 millones desde su formación hasta que se dispuso su derrocamiento.

La fábrica de conspiradores tenía en sus paredes un gran mural que los definía: corrupción y persecución. Y una bandera que flameaba con su eslogan “impunidad”, que podía ser vista desde Carondelet. 

Esa visión sirvió durante casi tres periodos presidenciales, tiempo en el cual sus responsables aprovecharon para destruir la pobre arquitectura democrática nacional.    

Para aprovechar el espacio dado a la corrupción se contrataron maestros mayores, peones y albañiles que no tenían la menor idea de por dónde comenzar la obra. Los amigos del dueño tampoco sabían para qué servía una pala peor una carretilla. El arquitecto, en cambio, se aprovechó del dinero disponible (léase gastos reservados) para comprar pésimos materiales y crear una imagen de edificación sólida.

Sin embargo, los cimientos sí fueron bien hechos y con un objetivo claro: socavar las otras estructuras del Estado. 

¿Qué más dejaron? Eso se necesita saber y para ello se deben hacer tres auditorias: una operativa, otra financiera y una tecnológica. Sin estas es difícil saber qué más hubo, por eso es necesaria la transparencia, que no implica solo el manejo del dinero, sino todo lo que se puso en riesgo con la presencia de la fábrica de conspiradores. 

Y que se diga borrón y cuenta nueva, resurjamos como el Ave fénix, para desde los escombros levantar una nueva edificación no es la salida. Así no se limpia la corrupción, tampoco se encuentra a responsables y menos se construye algo nuevo. Los antiguos albañiles han sido convocados a Lumbisí para reconstruir la fábrica, o ¿será que fueron llamados para encubrir las viejas prácticas y no denunciar los errores del pasado? Por eso el adagio popular dice: “si vas a construir no utilices a los que destruyeron”.

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