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Ecuador y su estado de “Decepción”

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El gobierno del presidente Guillermo Lasso mantiene la misma línea de acción desde su elección, sin poder articular soluciones concretas a los niveles de violencia e inseguridad en Ecuador.

Foto: César Muñoz – API

Ecuador se desangra por los altísimos niveles de inseguridad, violencia y el surgimiento de micro carteles que se han tomado el territorio nacional, parcelándolo en santuarios que los controlan a sangre y fuego y donde la presencia de la Fuerza Pública es detectada desde su ingreso para luego ser repelida con armas de fuego.

El presidente sigue pensando que todo está bien y que eso se debe a que el séquito de privilegiados, llamados asesores, le hacen creer que el único enemigo es la delincuencia común y que la solución está en incrementar el pie de fuerza (30.000 efectivos policiales), desconociendo que el problema es integral, que está en las fronteras -por donde ingresa las 700 toneladas de cocaína que corresponden al 37.5% de la producción de ese alcaloide en Colombia- y en los puertos por donde sale la droga, jurisdicciones que no son competencia policial, sino más bien de las Fuerzas Armadas (instituciones que no cuentan con los recursos pero que siempre son requeridas para el apoyo a la Policía Nacional) y del Cuerpo de Vigilancia Aduanero, este último que realiza importantes decomisos de cocaína sin los recursos humanos, económicos y logísticos (armamento).

Ecuador: paraíso del crimen organizado y purgatorio para su pueblo

El país entró en la telaraña del terrorismo urbano y ya tiene a su haber cinco coches bomba: uno en el gobierno de Lenin Moreno (San Lorenzo) y cuatro en lo que va del año del gobierno del presidente Lasso (uno en la cárcel de máxima seguridad de la Roca, dos en Esmeraldas y en una UVC en la ciudadela La Florida en Guayaquil), los tres últimos en pleno estado de excepción, donde también han sido ajusticiados 6 policías.

La mejor descripción de esta confrontación entre el crimen organizado y el Estado es que el primero está bien estructurado, equipado y le sobran recursos económicos y, el segundo, está en una desorientación e improvisación total. Es por ello que la población habla no de un estado de excepción sino de un estado de decepción.

Hay también falta de información grave y recurrente. Se dice que la violencia es por los operativos y capturas de droga realizados, sin reconocer que la causa es que nuestro país es una plataforma del narcotráfico internacional, donde operan mafias, protomafias, carteles, micro carteles y megabandas, que mantienen un férreo control territorial en contra de otras organizaciones delictivas y la Fuerza Pública, empleando a sicarios y explosivistas para causar el caos y terror social.

Ecuador es una autopista para el tráfico de armas

Un presidente es aquel estadista humano y enérgico, que plantea soluciones a los problemas estructurales del Estado que están afectando a la sociedad, que no tiene temor a enfrentar los retos y equivocarse, que escucha a sus asesores pero que no se deja encapsular por los mismos.

El éxito de un gobierno que quiere acabar la inseguridad es comenzar a trabajar en la solución de las desigualdades sociales, donde la educación, la salud y el empleo transformen los escenarios adversos y contengan el avance de las amenazas a la Seguridad Nacional.

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