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¿Lenín Moreno copió la estrategia a Evo Morales?

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La no estrategia de comunicación del gobierno podría ser en sí una estrategia: reclamar la atención de la opinión pública para reducir la visibilidad de algún otro evento. Algo que ya aplicó el Presidente de Bolivia.

Foto: Andrés Reinoso – Flickr Presidencia de la República

En apenas una semana el gobierno niveló poderes internos, generó mejoras a los  programas de vivienda, profundizó el muy redituable (política y económicamente) programa de biocombustible, propuso la unión hermanada de tres países para ser sede del mundial de fútbol, consiguió dar a conocer el seguro de salud campesino (que ya arrancó con críticas) y escuchó con atención el capítulo Ecuador de las confesiones de Odebrecht.

¿Por qué montar un cartel tan nutrido? Luces de varios tamaños que reclaman la atención de la opinión pública para reducir la visibilidad de algún otro evento. Lo primero que se viene a la mente es la renuncia, al parecer bastante inducida, del ahora ex asesor presidencial, Santiago Cuesta, de quien se dice muchas cosas, ninguna bondadosa. Su estilo de comunicación y actuación pública inspiró calificativos variados siempre referidos a la información otorgada en demasía, sin tino o recato y a sus confesiones que a más de uno dejaron con el aliento retenido por los actos non sanctos que dejaban inferir.

Y no sería una mala apuesta,  tomando en cuenta que esa salida, mueve el tablero de poder de la llamada “mesa chica” del manejo gubernamental. ¿Sobre quién o quiénes recaerá  el poder que deja Cuesta? Porque, está claro, el poder no se pierde, sólo se traslada. Se dice, por ejemplo, que ahora sí el vicepresidente encontraría el lugar que ha estado moldeando tras bambalinas. Que los ex rupturas estarían atesorando más poder e influencia para levantar perfiles con miras a 2021. Que incluso las cabezas menos visibles estarían intentando entrar a la contienda electoral próxima.  

Pero tanta luz sobre el cartel, nos hace pensar que hay más, mucho más, que eclipsar. No sólo los juegos estilo “Game of thrones” al interior del gobierno, sin algo más. Lo que no queda claro es qué es este relleno de piñata. Podría ser las reformas al Código de la Democracia, las selecciones en el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) y su atribución de presupuesto… Piensa mal y acertarás. Sin embargo, no parecería haber en el horizonte un solo evento de tanta magnitud que merezca tanto esfuerzo de iluminación.

Entonces podría venir la segunda hipótesis. Más simple pero muy real: la gestión gubernamental parece estar dirigida por feudos, las decisiones dependen de las cabezas y sus visiones y se halla en un modelo poco prolijo en el que todos deben alardear un poco para ser vistos y apreciados por el presidente a quien tratan de complacer sin necesariamente mostrar mucho logro técnico. Así hacen creer los filtrajes de supuestos chats entre la ministra de salud y uno de los operadores en los que tildan al Mandatario de “viejito coqueto”.  Y también tras voces críticas como se ve en el editorial firmado por José Hernández en 4Pelagatos, refiriéndose a las ideas chuscas de  Moreno.  La nueva: la propuesta de convertir a Ecuador, y dos países más, en sedes para el mundial de fútbol del 2030. Una declaración que claramente busca un efecto mediático ‘soft’ y no uno factual o ‘hard’. Que realmente se consiga la sede, es lo de menos. Se trata de una inyección de ilusión para un país que no logra nivelar la volatilidad de sus índices de riesgo, cuyo líder tiene una aceptación que cae en picada, las expectativas en el futuro son negativas y  lo único que crece sostenidamente son los índices de desempleo.

Otra muestra objetiva de este exagerado despliegue de pirotecnia es que para fines de imagen y generación de buena voluntad pública, habría bastado con un anuncio mucho más aprovechado de la profundización del mercado de biocombustibles.

El etanol ha sido un as en la mano de juego para el gobierno de Evo Morales en Bolivia. Una carta bien jugada que sirvió en lo económico y en lo político. Una movida que hace que la transición hacia la supresión del subsidio a la gasolina sea muy poco traumática, porque el consumidor tiene una opción de calidad (así lo aseguran) a un precio razonable. Es, además, un programa que hace grandes y poderosos amigos. En Bolivia el programa nació en marzo de 2008 y Evo se metió al bolsillo a los grandes grupos de industriales cañeros del oriente (plaza tradicionalmente opositora) y a la clase media. Fuerza política y factual en una mano y popularidad mantenida en la otra, al tiempo que proyecta -y todos lo saben- levantar el subsidio a la gasolina.

Moreno quien, de a poco, se sacude las últimas pelusas del Socialismo del Siglo XXI que le quedan a su gestión, no es seguidor de Evo, pero podría haber copiado no sólo la salida técnica para los combustibles, sino también la política y haberle dado mucho más que una noticia de tapa de un solo día. En vez, decidió copiar los anuncios sin fondo real de enorme juegos chinos que el presidente boliviano acostumbra a hacer.

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