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Entre el Tío Sam y la Conaie… el futuro pinta así

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La inestabilidad política y económica no se aplaca en el país. La mecha sigue encendida. Conozca por qué.

Foto: Fredy Constante – Flickr Presidencia de la República

Hace pocos días Pablo Dávalos, asesor económico de la Conaie, en una entrevista televisiva, amenazaba, en tono de análisis, al Gobierno con un vuelco de la sociedad a las calles dado que la economía no ha podido ser saneada a la manera que este movimiento indígena había propuesto. 

“Ecuador no tiene márgenes de acción para cumplir con los acuerdos (con el FMI) y en consecuencia la situación económica se degrada y sus bonos, son bonos basura”, decía para concluir que la crisis social está a la vuelta de la esquina a menos que el Gobierno ejecute el plan que ellos presentaron. 

Tradicionalmente, la izquierda del siglo pasado visualiza en cada pequeña coyuntura condiciones pre-revolucionarias y se pone al apronte. El cuco viene. Eso es lo que hace ahora la Conaie. Y ante ello, las élites económicas nacionales, que con el solo recuerdo del paro ya tienen bastante, prestas están a hacer maletas. Igual de sensibles están las internacionales que picaron el anzuelo del miedo a entender por la reacción de Moody`s. 

La baja de calificación viene con mala leche, y es decir lo menos. Faltaban dos días y, zaztío Sam lanzaba el salvavidas. Podrían haberse guardado la letrita ‘C’ en el cajón unos días más. Y como no lo hicieron, Dávalos gana razón porque los bonos del Ecuador caen un escalón más abajo del calificativo “basura”. 

La degradación de calificación no se entiende del todo. El amigo Trump (el de Ivonne Baki, claro) no sólo posa feliz con Moreno y las respectivas esposas, sino que nos hace varios guiños. Nos deja entrever que en un futuro más bien cercano, abrirá las puertas comerciales y la competitividad de flores, camarón, atún, brócoli y alcachofa, entre otros, aumentará al contar con preferencias arancelarias. ¿Entonces qué pasó? 

O será que Moddy ́s anticipó el próximo grito que darán de las izquierdas (las populistas de este siglo y las más conservadoras del anterior). ¿A qué costo preferencias arancelarias? Al costo de volver a tener la injerencia de la DEA, soportar la intromisión de USAID con sus “falsos” proyectos de desarrollo. Y ¿para qué? Para apoyar a los ricos exportadores y no a los pobres… Narrativa más narrativa menos, esas frases serán suficientes para ir prendiendo la mecha electoral. 

Para tío Sam, Ecuador y Bolivia solo vuelven a ser interesantes en tanto sigan siendo potenciales pesos para lograr un equilibrio geopolítico en la región. Y las imposiciones son claras: lucha contra las narco-mafias, el dispendio y la corrupción. Llegarán facturas: violencia, recesión y recortes. 

Más gasolina sobre una mecha aún caliente. Según la encuestadora Click, en su entrega de febrero de 2020, el 69,26% de las personas están preocupadas por no poder pagar los gastos diarios. Es decir, un poco más de la mitad de la población económicamente activa comienza a ver negro el futuro cercano y el 91,51% admite tener deudas. Un pésimo escenario previo a las elecciones. Solo veamos los resultados en Argentina. 

Tal vez, por ello, la convocatoria fue inusualmente grande a la XIII Convención del FUT, realizada el pasado viernes siete… aunque los medios (salvo el Universo) brillaron por su ausencia. 

A esa mezcla explosiva habrá que añadir la tendencia autoritaria del ecuatoriano cuando la situación pinta caótica. Plan V se dedicó, esta semana, al análisis de un estudio financiado por USAID que busca tomar el pulso a la democracia en América Latina y que, entre muchas otras cosas, demuestra esa tendencia. 

“En 2019, el 50,4% de los ecuatorianos -dice el estudio- justifica un golpe de Estado militar frente a mucha delincuencia, mientras que el 43,3% lo justifica frente a mucha corrupción. En ambos casos, esta justificación ha aumentado en comparación con 2014. Los jóvenes de entre 16 y 25 años de edad, las personas que tienen educación secundaria y las personas en el tercer quintil de riqueza son las que apoyan en mayor proporción los golpes de Estado militares”. 

Como fresa sobre la crema, la confianza de los ecuatorianos, según Click, está en las redes sociales (76,47% ) y, en segundo lugar, en las Fuerzas Armadas (70,93% ) antes que en cualquier otra institución. Un 27,55% confía en el CNE y un 12,17% en la Asamblea Nacional. Ambos números deben haber caído en picada tras el salvataje a Diana Atamaint. Y solo el 11,11% confía en el Gobierno Nacional. Si este mapa es correcto, lo probable es que las ofertas electorales realcen valores conservadores, se arropen del discurso de fuerza y paz que permite poner orden ante el aparente caos político, social y económico. Y la sonrisa y abrazo de Tío Sam cause más enojo que alivio a una población con el agua hasta el cuello y el recuerdo de la malentendida bonanza del ‘Mashi’.

  • Socia fundadora de la consultora Rodríguez & Baudoin.
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