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El voto desesperado, pero dirimente

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Los indecisos serán determinantes en la elección del domingo. Hay un escenario que tiene que ver con la esperanza y preocupación de los votantes. Lea este análisis. 

Foto Gianna Benalcázar – CCQ

Las encuestas saltaron de teléfono en teléfono. Una auténtica guerra que busca generar la sensación de que la ganancia le será esquiva a uno y a otro. De manera que la legitimidad es lo que se pone en juego y no la legalidad. Y ahí está la punta del iceberg. 

En teoría política se piensa que lo importante es parecer el ganador en las encuestas para arrastrar consigo los votos indecisos. Pero las elecciones en Argentina, Bolivia y Ecuador, han demostrado que los indecisos, de verdad, son menos y los que ocultan el voto son más entre el porcentaje de esa columnita etiquetada como N/S en las gráficas de las encuestas. 

Más allá de quién va primero o segundo, habrá que centrarse (verdad de perogrullo) en cómo voten los llamados indecisos. Vamos tres lustros tratando de adivinar a dónde van esos votos, si son avergonzantes, ocultos, o simplemente indiferentes. 

Hoy después de la pandemia quizá debería agregarse una variable más. El voto desesperado. Los estudios, de Comunicaliza,  dan cuenta de un 36,1 % de los ecuatorianos que ahora se siente esperanzado. Un 44,4 % ve el devenir del país con preocupación. No hay claridad, empero, si es que se trata de la misma persona que al tiempo se siente esperanzado y piensa desde la preocupación. Y si hilamos aún más fino, podría ser que su preocupación se desdiga ante el resultado de las elecciones. Algo parecido a un milagro. Su sentido racional le dice que la cosa pinta mal, pero el corazón le hace latir una realidad distinta y más benigna.  

Los milagros se han vendido en este siglo XXI, desde las playas de Margarita hasta Tierra del Fuego. Y no han generado tanta desilusión como los pensadores de la racionalidad técnica predecían. Esta esperanza-preocupada mostrada en el estudio, podría ser más de la ilusión en el milagro y ello desnuda un sistema de valores coincidente con uno de los candidatos, Arauz. Ya que Lasso significa una trabajosa estrategia de salida de la crisis, sin magia ni milagros. Con Lasso las cosas se ponen en orden. El problema es que el orden podría ser como el de Macri y, ante ello, el castillo de esperanzas se derrumba. 

Entonces, ¿será que podemos apostar por un comportamiento matemático de los votantes indecisos? Ese que los expertos en encuestas trasladan de manera proporcional a la votación alcanzada por los candidatos. La probabilística es la ciencia del momento que, sin embargo, no ha dado en el clavo en algunos procesos dolorosos como el boliviano. 

Dos días antes de la elección, corrían las encuestas de chat en chat. Y todas anunciaban un empate. El día de la votación casi no hubo abstención a pesar del COVID-19, pero algo sucedió y el candidato ajeno al eje del Grupo de Puebla no alcanzó la victoria.  Una sorpresa inmensa. Ninguno de los pronósticos se había cumplido. Casi tan sorprendente como el triunfo de Yaku Pérez a Prefecto. Cinco días antes de la votación todas las encuestadoras le daban no más de 10% al candidato de Pachakutik y terminó siendo el Prefecto de la provincia.  Habrá que pensar en que el ambiente de desesperación entre crisis sanitaria y económica podría esconder un voto imposible de detectar con fórmulas matemáticas. Este es un tema de fe, de creencias y mitos. La desesperación se combate con el alma y no con el cerebro. Ese es el peligro de este domingo.

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