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“Cambia, todo cambia”

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Educacion virtual Pandemia

La evolución en la educación durante la pandemia todavía no es bien comprendida. Un análisis.

Foto: @Pchvector – Freepik

Así como el estribillo de una famosa canción de trova latinoamericana, la evolución del tiempo marca cambios en la mayoría de las actividades humanas. Si bien los primeros 20 años del nuevo milenio vinieron cargados de cambios para la humanidad propulsados por el internet, la inteligencia artificial y las comunicaciones (omni-presencialidad de los datos, también llamada la nube). 

La educación parecería resistirse y quedarse inmutable bajo la misma figura de apertura de las primeras universidades allá por los 1500. Los cambios en la educación, falsamente, se aprecian imperceptibles, vistos desde una persona que se graduó en los primeros años de los 2000 versus a alumnos en 2020 son dramáticos. 

Yo no podía preguntar todo a Google para leer una investigación académica (paper), debía ir a la biblioteca del Banco Central y conformarme con los documentos que hubiesen llegado del año anterior. Hoy, mis alumnos pueden acceder a bases académicas y consultar una investigación publicada ayer. 

Durante este tiempo, se pluralizaron los MOCs, cursos de educación online, de diferentes tipos, publicados por universidades, empresas y otros. Prácticamente, todo el conocimiento está en la nube. Sin embargo, las universidades todavía seguíamos aplicando el modelo de un docente frente a los alumnos. 

¿Por qué? Me atrevo a decir que es debido a dos motivos, la educación es operador dependiente, es decir, los mismos conocimientos explicados por dos personas se pueden entender diametralmente diferente. Depende mucho de capacidades del interlocutor como la empatía, la capacidad de sintetizar y encontrar ejemplos o metáforas que sean afines al público que esta frente a él. Esa interacción humana de cercanía, la capacidad de hacer cambios en los tiempos de su exposición, la capacidad de hacer un chiste o identificar mediante el rostro de los alumnos la frustración frente algún tópico, es lo que hace que la educación tradicional se mantenga.

De pronto llega una pandemia y le da el empujón a la tecnología para hacer lo que antes no nos habíamos atrevido. Las restricciones de salud nos obligaron a cambiar muchos de nuestros hábitos, nos forzaron a hacer las cosa de una manera distinta y efectivamente en algunas hemos descubierto que llegaron para quedarse. Estoy seguro de que cuando subes a tu auto y te encuentras con un trancón piensas por qué me estoy trasladando físicamente a mi oficina, colegio o universidad, cuando podría estar en mi casa y esperar telepresencialmente (término acuñado durante la pandemia para realizar las actividades que antes hacíamos de manera física a través de medios tecnológicos, principalmente videollamadas). Y, definitivamente, este empujón en el caso de la educación llegó para quedarse. 

Imaginemos el ejemplo de un estudiante de Derecho, que trabaja en un bufete. En el mundo prepandemia, si alguna actividad se extendía en un día lluvioso, probablemente, hubiese sido imposible que asista a su clase ya sea por el trabajo o por el tráfico. Hoy, puede encender  su celular o su tablet en su oficina, en el u o en el taxi y visualizar la clase en la que sus compañeros están interactuando con el docente físicamente.  

Si bien la experiencia no es equivalente en su globalidad (las cámaras y los equipos no pueden trasmitir todo, por ejemplo los olores), la información verdaderamente importante es trasmitida, el alumno puede interactuar en vivo con sus compañeros, puede mostrarle su cara de frustración al docente, puede participar de los chistes en el aula.  Es importante recordar que este cambio permite que muchas personas accedan a educación de calidad, eliminando tal vez la mayor restricción a la que nos enfrentamos los seres humanos, que es el tiempo, esta modalidad que hoy la hemos bautizado como híbrida (por no ser virtual ni presencial).

Este nivel educación debemos entender como un cambio profundo, que cambió el modo de pensar. La pregunta para concluir es ¿si cambia el clima, y todo lo demás, que nosotros cambiemos no es extraño, tendremos la capacidad de aprovechar rápidamente esta nueva ventaja? Yo estoy seguro que sí.

  • El autor es Director de Inteligencia de Información de la Universidad de Las Américas.
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