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La legitimidad del nuevo presidente en riesgo

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Si no se cumple la ley, dirán que aplican la ley solo cuando les conviene. Si se aplica le ley, dirán que el Consejo Nacional Electoral eligió al presidente. Está en peligro la legitimidad del nuevo presidente.

Foto: Flickr Consejo Nacional Electoral

De acuerdo con las encuestas, las observaciones y el examen de los resultados de las elecciones anteriores, no es aventurado sostener que solo hay tres candidatos con posibilidades de llegar a la segunda vuelta y representan a la derecha, la izquierda y el populismo; Guillermo Lasso, Yaku Pérez y Andrés Arauz. Los puristas, a quienes los correístascalifican de iluminados, sostienen que no deberían ser calificados los candidatos de la izquierda y del populismo. El de la izquierda porque su candidato a la vicepresidencia no fue elegido en Asamblea como manda la ley. El del populismo porque no hay candidato para la vicepresidencia pues no se presentó personalmente como manda la ley. Si la participación es en binomios y no hay binomios, entonces no puede haber participación en la lid electoral.

Los puristas han embarcado a los miembros del Consejo Nacional Electoral en un problema de grandes proporciones. Si cumplen la ley y no habilitan las candidaturas, dirán que el Consejo Nacional Electoral eligió presidente al candidato de la derecha. Si habilitan las candidaturas, dirán que cumplen la ley cuando les conviene y se burlan de ella cuando no les gusta. La legitimidad del próximo mandatario está en juego y las consecuencias de los malabarismos teóricos y legales resultan impredecibles.

“In dubio pro reo”, tal vez terminen dictaminando los puristas, pero en este caso el reo es la democracia. Si hay que transigir para asegurar la legitimidad y la gobernabilidad, dirán los más cuerdos del partido que podría ser el beneficiario de las descalificaciones. Hay que aplicar la ley, pase lo que pase, dirán los fanáticos que son también temerosos y tienen como prioridad alejar el peligro correísta. Los suspicaces piensan que el mismo prófugo es quien desea envenenar la elección actuando bajo el lema de “después de mí el diluvio”. Los maniobreros quizá propongan eliminar a uno para evitar riesgos y dejar al otro para dar legitimidad, pero es un cálculo insostenible incluso para la política ecuatoriana que es capaz de tostar granizo, según la frase del lluro Córdova que tanto se repite.

A esta aporía nos ha conducido el indescifrable Consejo Nacional Electoral que empezó con grandes expectativas pues nada podía ser peor que el Consejo anterior que organizó los resultados entre gallos y apagones informáticos. Las expectativas se fueron diluyendo al ver que los nuevos vocales, santos y buenos, empezaban a sacarse los ojos y finalmente quedaron divididos en dos grupos irreconciliables, un grupo de tres que formó una mayoría que dizque hacía lo que le daba la gana, y un dueto de minoría que dizque estaba pintado en la pared y solo se quejaba y cuestionaba las decisiones de la mayoría. Finalmente, la unión de los partidos de la derecha permitió, según parece, la conformación de una nueva mayoría que tendría en sus manos la descalificación de los candidatos. Todavía queda granizo que tostar.

Todo lo que estamos observando tiene su origen en la crisis de la democracia y ésta en la crisis de los partidos. Nadie puede ser considerado anarquista ni escéptico por negar valor a los partidos políticos pues han dado suficientes razones para ser repudiados. Tan solo consideremos la cantidad y calidad de los candidatos a pesar de que es para lo único que han quedado los partidos. Estamos hablando de que dos de los tres partidos más importantes han puesto en peligro la posibilidad de participar en las elecciones porque han puesto y quitado candidatos, han sido elegidos por los dueños de los partidos, aunque la ley establece que deben ser elegidos democráticamente en asambleas de las organizaciones a las que van a representar.

El caso de los movimientos políticos pequeños es peor. Los candidatos cercanos al gobierno son cuatro: Ximena Peña, del partido del presidente; Juan Carlos Machuca, del partido del hermano del presidente; Fernando Velasco, del partido más cercano al presidente; Gustavo Larrea, del partido del asesor del presidente. Uno de estos partidos, designa candidato a la presidencia y pocos días después descubre que es un quintacolumnista y le expulsa del partido. El nuevo candidato dice que ha sido “invitado” a ser candidato y que no es “dueño de casa”. Otro de estos partidos cambia de nombre pocos días antes de la inscripción y su candidato es cantante y ministro de cultura. Cuatro partidos para un gobierno con 8% de respaldo popular. Se les podría aplicar, mutatis mutandi, aquello de “los cuatro evangelistas son tres, Elías y Moisés”.

Si el Consejo Nacional Electoral llegara a descalificar las candidaturas de los que son considerados favoritos, otros candidatos podrían convertirse en favoritos, podrían producirse nuevas alianzas y podrían iniciarse alegatos interminables que correrían paralelos a la campaña electoral. Nadie podría anticipar la reacción de los electores.

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