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La guerra de Ucrania nos devuelve al pasado

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En el mundo globalizado toda guerra es una guerra mundial y no es solo militar, es también económica y es informática. Occidente pretende combatir a Putin sin armas, con sanciones económicas y una nueva estrategia de comunicación.

Foto: Kremlin.ur

En Ecuador y muchos otros países vemos la guerra de Ucrania como un evento ajeno y lejano porque la mayoría de los ciudadanos no sabe ni dónde queda Ucrania ni piensa en las consecuencias y cómo nos afectará a nosotros. Lo sorprendente es que ni siquiera los gobernantes, los políticos, las élites, los medios evalúan el alcance y los efectos, preferimos seguir ocupados en nuestra pequeña y escandalosa crónica roja, en la fabricación de un mundo virtual, alejado de la realidad, una política dedicada a pequeñas rencillas y una economía de simplicidad engañosa, seguir comprando y seguir vendiendo es la prueba de que el mundo sigue su marcha.

La guerra de Ucrania ha elevado los precios internacionales del petróleo, buena noticia para el Estado ecuatoriano, pero subirá el precio de los combustibles, mala noticia para los ciudadanos. Se verán afectadas las exportaciones a Rusia, banano, camarones, flores, y subirán los precios de los bienes importados por la inflación mundial y el costo de la energía. Como ha señalado CRITERIOS, las exportaciones ecuatorianas a Rusia y Ucrania que se verán afectadas representan casi mil millones a Rusia y 180 millones a Ucrania, Armenia, Bielorrusia y Kasajstán. 

La guerra de Ucrania nos devuelve al pasado

La guerra de Ucrania parece un retorno al pasado para quienes vivimos y conocimos la guerra fría. Cuando cayó el muro de Berlín y poco después se desplomó la Unión Soviética, parecía que la guerra de las superpotencias llegaba a su fin; quedaba Estados Unidos como gendarme del mundo y el sistema capitalista lucía destinado a imponerse en todo el planeta, Francis Fukuyama caracterizó la situación, con optimismo y elocuencia, como “El fin de la historia”, un libro de celebridad instantánea.

Sin embargo, dos décadas después surgió la China como una potencia mundial con crecimientos económicos impresionantes y sostenidos. Rusia se preparaba para volver a los puestos de mando que tuvo en el pasado. Reconstruyó su economía, sus fuerzas armadas, su influencia en la región y su nacionalismo para convertirse nuevamente en un imperio capaz de desafiar al mundo y proponerse el audaz objetivo de reconstruir su área de influencia anexando países que se habían declarado independientes o colocando gobiernos títeres al servicio de sus intereses.

Un oscuro espía de la KGB, Vladimir Putin, se convirtió en un poderoso líder que venía creciendo en base de acumular poder y eliminar adversarios. Parecía un proyecto nacional hasta que empezó a intervenir en conflictos internacionales, invadir países, anexar territorios y organizar redes de comunicación y manejo de trolls y redes sociales para inundar el mundo con propaganda. Finalmente, ha delatado sus intenciones, ha mostrado su juego y ha puesto al mundo occidental ante el peligro de una conflagración atómica.

La guerra de Ucrania parece una guerra convencional cuando los involucrados, Rusia, Estados Unidos y Europa, son potencias nucleares. Ni la aviación tiene una participación importante, es una guerra de infantería, tanques y lanzacohetes, pero con la amenaza de escalar hasta una guerra nuclear si los adversarios no aceptan el chantaje y se someten a las demandas de Rusia: volver al pasado el mapa de Europa, retirar las fuerzas occidentales de los países vecinos y reducir el papel de la OTAN a las dimensiones del pasado.

Estados Unidos y Europa tratan de evitar una confrontación directa con Rusia, pero sin aceptar sus demandas. La guerra de Ucrania es también ilusoria porque aparenta una intervención indebida en un país vecino, pero tiene todas las absurdas consecuencias de la guerra, muertos, heridos, desplazados, destrucción. Tiene una apariencia y es otra cosa. Todos saben que es una confrontación de Rusia con Europa, pero Rusia tiene soldados y tanques mientras Europa tiene armas económicas.

Foto: Flickr Oleg Dubyna

Es una guerra del pasado porque pretende cambiar el mapa de Europa volviendo en el tiempo y anula las leyes y las instituciones que la civilización había construido para evitar las guerras. Los acuerdos celebrados no se cumplen; las reglas de la guerra respecto de los civiles, los derechos humanos, los desplazados, no se acatan; las decisiones de los organismos internacionales y las acciones de los tribunales internacionales resultan inútiles. Rusia no acudió a las audiencias de la Suprema Corte de las Naciones Unidas. La diplomacia y hasta las sanciones no armadas han quedado sin efecto. Hemos vuelto atrás y el mudo está nuevamente perplejo ante caudillos diabólicos capaces de auto destruirse por prevalecer. La figura del loco vuelve a sembrar el terror y la irracionalidad en la geopolítica.

La guerra con armas  económicas

La guerra de Ucrania puede convertirse en la primera guerra en la que se utiliza la economía para detener los tanques y los ejércitos. Siempre se ha dicho que todas las guerras ocultan grandes intereses económicos como el petróleo, recursos naturales o posiciones geográficas de valor estratégico para la economía, pero han combatido los ejércitos para disputarse como trofeo esos recursos. Esta vez occidente pretende ganar la guerra sin enviar tropas ni aviones,  

Vladimir Putin parece haber calculado que occidente apelaría a las sanciones económicas y se ha preparado para ellas. La deuda norteamericana bajó de los 177.000 millones que tenía en 2010 hasta 3.700 al inicio de la invasión a Ucrania. El Banco Central Ruso acumuló una reserva de 630.000 millones de dólares lo que le permitiría pagar un año entero de importaciones y el 75% de la deuda externa, según datos de Michel Santi publicados en La tribune de Francia.  

Las sanciones económmicas impuestas esta vez a Rusia, a diferencia de las anteriores sanciones, no solo pueden desestabilizar la economía sino también recortar los gastos para la guerra haciéndola insostenible. La exclusión del sistema SWIFT le impedirá pagar o cobrar por importaciones y exportaciones, haciendo inservible la acumulación de divisas. También sufrirá el congelamiento de depósitos en bancos europeos y americanos calculados en cien mil millones de dólares. Rusia ha experimentado una reducción de las importaciones en los últimos años, afectando las condiciones de vida para sus habitantes y se afectarán más en el futuro con las sanciones lo que traerá descontento popular y cuestionamientos a una guerra contra un país hermano como Ucrania.

Estados Unidos presiona para que Europa suspenda las importaciones de petróleo de Rusia y está dispuesto a revisar las sanciones económicas a Venezuela para reemplazar el petróleo ruso por el venezolano. La exportación de gas y petróleo significa el 50% de los ingresos del Estado y por tanto sería asfixiante para la economía rusa si pierde esos ingresos. La liberación de la dependencia europea del gas y el petróleo rusos significaría un giro fundamental en la guerra y delataría el cálculo errado de Vladimir Putin.

Sin embargo las sanciones económicas afectan también a occidente y provocarán inflación, costos exorbitantes en energía y otros factores económicos muy importantes como el costo de fletes, escasez de materias primas, reducción del turismo, etc. por eso resulta difícil el consenso respecto de las sanciones y el cumplimiento de los acuerdos. Rusia también puede establecer retaliaciones a las sanciones y una parte del petróleo venderá a China que puede convertirse en su  salvavidas financiero. Por eso parte de la preparación para la guerra ha sido la reconciliación con China y las conversaciones sobre los intereses comunes de los dos países frente a occidente.

La guerra de la información

La información es un campo de batalla y en tiempo de guerra puede determinar la victoria y la derrota. Su influencia va incluso más allá porque determina lo que de la guerra quede en la memoria. La guerra de Ucrania se ha jugado en la información. El presidente de Estados Unidos Joe Biden decidió compartir con el mundo la información que le proporcionaba la inteligencia  que siempre fue el secreto más importante de la guerras. Biden anticipó la invasión a Ucrania y señaló el día que ocurriría; antes había informado cuándo y dónde Vladimir Putin acumulaba sus fuerzas. Rusia intentó desacreditar esa información calificándola de histeria belicista, pero los hechos le dieron la razón a Biden y le dejaron como mentirosa la información rusa.

Foto: Erin Scott – Flickr The White House

¿Cómo podía Biden saber más que Putin cuando se iba a producir la invasión? El seguimiento preciso de todos los movimientos, la información satelital, las fuentes de espías y agentes cerca del Kremlin y los conocimientos de cuánto tiempo toman los preparativos, cuánto se puede aplazar y cómo se toman las decisiones, le permitieron informar con certeza y atrapar informativamente a Putin. La información de la guerra ha sido siempre secreta y mentirosa, por primera vez la información ha resultado más importante que la ocultación.

Rusia se considera que es experta en guerra de propaganda, se ha preparado con la organización de instrumentos de información internacional tales como Rusia Today, Sputnik y una red internacional de trolls y agentes expertos en el uso de redes sociales y propaganda virtual. La maquinaria rusa que había intervenido en procesos electorales de Gran Bretaña, Estados Unidos y muchos otros países ha fracasado en Ucrania.

Estados Unidos descolocó a Rusia con un paso adelante en la información. Europa canceló las emisiones de Rusia Today y Sputnik eliminando importantes fuentes de mentiras y la misma Ucrania sorprendió a Rusia con información permanente con el propio presidente Zelenski a la cabeza. La presencia del presidente como uno más de la resistencia elevó la moral de los ciudadanos que vieron en su líder a un héroe dispuesto a enfrentar a los invasores. Esto exigía una preparación para buscar lugares conectados, alternativas paralelas de comunicación y una estrategia opuesta a la de Moscú. El informe de la destrucción y de las víctimas con imágenes captadas por los propios ciudadanos, el trato humano a los prisioneros, el informe de las bajas de aviones o la muerte de líderes y escuadrones especiales de Rusia le convirtieron a Zelensky en el símbolo nacional y mundial de la resistencia en contraste con la crueldad del ejército ruso, el secreto y la mentira en la información oficial y errores increíbles de estrategia como la de calificar de grupo nazi a un gobierno presidido por un descendiente de judíos.

El relato ruso fracasó estrepitosamente y se impuso el relato de Ucrania. Putin quedó aislado y hasta humillado cuando en la ONU obtuvo el apoyo de apenas tres países, los más despreciables del mundo, Corea del Norte, Bielorrusia y Eritrea. Rusia ha quedado tan aislada que preocupa las escasas posibilidades de mediación en el conflicto.

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