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La civilización y la guerra

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La guerra de Ucrania no está a la altura de la civilización. Para entender esta guerra no hay que apelar a los políticos sino a los intelectuales. El escritor Alessandro Baricco nos ofrece algunas claves.

Foto: @AlexaPhoto – Pixabay

El famoso escritor italiano Alessandro Baricco ha señalado algunos apuntes sobre la guerra y la civilización occidental que exigen meditación y debate. Sus expresiones están tomadas de una entrevista publicada por el diario El Mundo realizada originalmente por el diario italiano Corriere della Sera.

Uno de los temas que más ha preocupado a los intelectuales y líderes del mundo es el absurdo de una guerra anticuada para nuestro tiempo. La confrontación de dos poderes mundiales dotados de armas nucleares puede conducir a la destrucción mutua y hasta total o al absurdo de una guerra de tanques y armas anticuadas como está ocurriendo en Europa. Esta especie de retorno al garrote, explica Baricco como una división entre dos modos de vivir en la era digital:

“La sensación anacrónica que nos producen los tanques, los bombardeos, las fronteras y los uniformes muestra el paso adelante que hemos dado en nuestra percepción de la guerra. Es un cambio construido a lo largo de los años aunque creo que el advenimiento de la civilización digital le ha dado un empujón definitivo… el juego es un camino que hemos elegido para nosotros mismos en Occidente, pero no es compartido por la Rusia de Putin, por China y en este momento creo que tampoco por África ni, quizá, por América Latina. Hay una parte del planeta más grande que la nuestra que tiene ideas diferentes en mente, que usa la cultura digital como una herramienta, no como una forma de estar en el mundo. Eso no quiere decir que seamos mejores sino que hay una racionalidad diferente y necesitamos preguntarnos cómo comportarnos con aquellos que tienen otras cosas en mente”.

Vladímir Putin, el loco y el genio

Otro aspecto de la guerra de Ucrania que se puede ver como un freno a la civilización es el comportamiento de las élites políticas que se oponen a cualquier tipo de pensamiento crítico y no toleran alborotadores, sueños ni revoluciones mentales. Alessandro Baricco cree que es equivocado considerar a Putin simplemente como un loco y esa simplificación se debe a que no se entienden los  objetivos y el ritmo imperial de Rusia y a que la pandemia ha asustado a los alborotadores y las masas han vuelto a buscar la seguridad en el Estado.

“Es un momento de inmovilidad. Occidente no está en una fase de generación sino en retirada. Se siente débil, inseguro de sí mismo. Está la crisis climática, la pandemia, la guerra. Es todo horrible, pero hay que entender, repito, que también estamos quietos desde el punto de vista del pensamiento. Creo que estamos pagando una especie de mansedumbre excesiva, una falta de agresividad por parte de un par de generaciones, las de los que hoy tienen entre 25 y 40 años. Son brillantes, tienen el derecho y el deber de negociar el futuro pero no están sentados a la mesa. Probaron con la causa medioambiental, que también es una emergencia, pero quedó soslayada cuando llegaron otras crisis más urgentes”.

Rusia amenaza con desplegar armas nucleares

Una de las señales de la perplejidad que vivimos es la contradictoria interpretación de las palabras del Papa Francisco. Ha dicho que está dispuesto a un encuentro con Putin para poner fin a la guerra, pero Putin no ha respondido. También ha dado un signo de esperanza al comentar que Orban le ha dicho que Putin tiene un plan y que el 9 de este mes terminará todo. En Argentina, comentan que el Papa no ha condenado a Putin y se parece al gobierno peronista. Otros se atreven a decir que el pontífice es un hombre de poca fe porque no tiene certezas. Otros, finalmente, ven en el Papa Francisco un testimonio valioso aunque no tenga eficacia inmediata en política. Baricco destaca el valor del factor religioso y el pacifismo como expresión de humanidad:

“El pacifismo incluye diferentes posiciones, es importante no simplificar. Un pacifismo, por ejemplo, es el del Papa Francisco, para quien la guerra es un sacrilegio. Es un término fuerte y que tiene un valor religioso para los creyentes pero también es válido para muchos pacifistas seculares. Independientemente de cómo piense, debe recordarse que hay una hermosa humanidad entre los pacifistas. Aunque su posición pueda parecer ingenua o susceptible de ser manipulada, queda cierta sabiduría y madurez en los seres humanos que son capaces de aferrarse a ese principio”.

La amistad entre China y Rusia, reforzada desde la guerra de Ucrania, se enmarca en esa racionalidad diferente y diversa manera de estar en el mundo señalada por Baricco y que separa a Oriente de Occidente. La guerra de Ucrania, cualquiera sea su desenlace, tendrá profundos efectos geopolíticos y uno de ellos será el desplazamiento hacia oriente del poder mundial político y económico.

La guerra de Ucrania nos devuelve al pasado

China es el país más poblado del mundo y Rusia el país con el más extenso territorio. China es la segunda potencia mundial y Rusia una potencia militar, juntos quieren controlar el poder norteamericano y occidental y uno de los mecanismos será fortalecer la Organización de Cooperación de Shangai (OCS). Esta Organización fue establecida en el 2001 con seis paises: China, Rusia, Kazastán, Uzbekistán, Kirgizistán y tajikistán. En 2017 se adhirieron India y Pakistán y participan como observadores Bielorusia, Mongolia, Irán y Afaganistán. Otros países interesados en la Organización incluyen a Turquía, Azerbaijan, Nepal, Camboya, Armenia y Sri Lanka. Los idiomas oficiales son el Chino y el Ruso.

En esta perspectiva en enteramente explicable el interés de Rusia por invadir Crimea y la negociación de la paz con Ucrania a condición de quedarse con el control de las ciudades y regiones más atacadas: Luganz y Donetzk, Mariúpol, Jerson, y Odesa. Rusia tendría de esta manera asegurada su salida al Mar Mediterráneo y el control del Mar de Azov y el Mar Negro. Después de la invasión a Crimea, lo primero que hizo Moscú fue construir un puente en el estrecho de Kerch, para privatizar el Mar de Azov.

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