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De ciudad gótica a país gótico

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Merecemos un Ecuador de paz, no un “Ecuador Gótico”. La ciudadanía clama por recuperar la paz, la tranquilidad y, sobre todo, la seguridad en el país.

Foto Boris Romoleroux – API

Al enunciar Ciudad Gótica, muchos pensarán que es referirse al hogar del cómic creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger, Batman. Pero no es así, para quienes han seguido de cerca a este personaje, saben que el término relacionado al epígrafe está cada vez más cerca de nosotros, en nuestras calles, en nuestro país.

Tomando las palabras de los creadores de la primera parte del título de este artículo, introducirnos a su significado es imaginar aquel pozo negro lleno de criminales, corrupción y contaminación, una población muy peligrosa que -por el día- se convierte en una atractiva ubicación turística; mientras que -por la noche- es la peor pesadilla de las personas.

Aterrizando en la realidad ecuatoriana, no estamos muy lejos de esta pesadilla que se traslada de una caricatura o una película de ciencia-ficción a la vida real; sin embargo, a diferencia de “Ciudad Gótica”, el Ecuador se ha convertido en una región de terror durante el día y la noche, sin que exista un órgano de control que pueda frenar la delincuencia.

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Atribuir el desmedido aumento delincuencial a la pandemia, como una de sus consecuencias, es lo más lógico y cercano, pero previo a este desastre en la salud mundial, existían mafias que cogobernaban, algunas desde las cárceles para aparentar su falta de libertad, y otras desde Carondelet, donde la estrategia era consumada para asechar, reglando de terno con camisas bordadas. 

¿En dónde nace el pánico? Sin duda son las cárceles, mal llamados “centros de rehabilitación social” -espacio aún controlado por pequeños maleantes- que con un canto es su voz (Herencia que pervive de la extinta lengua de los Cañari), dan órdenes a los economatos y caterings, para así lograr introducir armas, drogas y permitir masacres entre mafias, plasmando un escenario de terror cotidiano.

Actualmente, la vida del ciudadano de a pie, se desenvuelve en medio de tiroteos, muertes violentas, robos, asaltos, y, no únicamente en los puntos rojos ya antes conocidos, sino también, en ciudades donde la paz era su columna vertebral, como Quito, que hoy por hoy, sin Dios ni ley, el pánico es amo de sus calles. 

La tarea de nuestros gobernantes, es combatir y limpiar todo este mal, devolviendo a la ciudadanía la seguridad que merece; priorizando el mantener un Ecuador armónico, donde nadie tema en salir a disfrutar de sus paisajes en el día o la noche, siendo atractivo interna y externamente.

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