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‘Algo muy grave va a suceder en este pueblo’

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Uno de los cuentos del escritor Gabriel García Márquez muestra cómo se comporta el pánico. La moraleja que deja sirve para esta temporada.

Foto: @master1305 – Freepik.es

Debo confesar que soy un incondicional admirador de las narraciones de Gabriel García Márquez y precisamente por ello el título de esta columna corresponde a una de sus cautivantes historias la cual es muy oportuna por las enseñanzas que nos deja en estos dolorosos momentos que estamos atravesando debido a la contaminación por la pandemia del Covid-19.

Ahora bien, como muchas personas se han dejado vencer por la angustia, el estrés y el pánico por los nefastos resultados causados por el virus, lamentablemente esos brotes de pánico a la postre resultan más graves que el contagio mismo, razón por la cual me parece de gran conveniencia que reflexionemos concienzudamente sobre la narración de Gabo:

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo. Ellos se ríen de la madre y piensan que son presentimientos de vieja. 

Uno de los hijos se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Él contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo. Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa feliz y le dice a su mamá:

-Le gané este peso a Dámaso de la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Pues porque no pudo hacer una carambola sencillísima. Estaba preocupado porque su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. 

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen. Diciendo esto, se va a comprar carne. 

-Véndame una libra de carne, le dice al carnicero. Y en el momento que se la están cortando, agrega: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparada.

El carnicero despacha la carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y así de clienta en clienta, el carnicero en media hora agota las existencias de carne. 

Llega el momento en que todos en el pueblo, están esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

-Sin embargo -dice otro-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse aunque nadie tiene el valor de hacerlo.

-Yo no voy a esperar a morirme aquí -grita uno-. Yo me voy.

Coge sus muebles, sus hijos y sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde muchos lo ven y pronto la frase es la misma:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y los demás hacen lo mismo, incendian también sus casas y huyen en un tremendo y verdadero pánico. En medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca“.

La moraleja de la historia, entonces, consiste en aceptar que como este virus no solo ha tenido un impacto en la economía, la política y hasta en nuestra movilidad, sino que también lo ha tenido en nuestra salud mental. Es muy conveniente que, ya sea usted un trabajador independiente, un joven emprendedor, o el propietario de un pequeño negocio, el socio de una mediana empresa o el accionista de una gran corporación, tenga en cuenta al menos los siguientes aspectos para que no se deje llevar por el pánico:

  • Antes que preocuparse, ¡ocúpese! (elabore una rutina diaria y cúmplala)
  • Limite el consumo de noticias (un exceso de las mismas conduce al miedo, a una sensación de ansiedad y al posterior pánico)
  • Cuando se aprovisione de víveres, compre solo lo necesario (recuerde que los demás también tienen derecho a alimentarse)
  • Mantenga  contactos virtuales (con sus familiares, amigos y especialmente para acceder a las redes de apoyo social)
  • Lleve a cabo su cotidianidad de manera saludable (aliméntese bien, duerma las horas adecuadas, vístase con esmero, ¡y mantenga la higiene como prioridad número uno!)
  • Sea creativo y desarrolle actitud mental positiva, no hable únicamente del virus, de los contaminados, de la situación tan grave (tenga en cuenta el teletrabajo, nuevos aprendizajes, lecturas importantes, ejercicios físicos, mentales y espirituales)
  • Ponga cuidado a informaciones que solo sean oficiales, gubernamentales o de orden mundial como la OMS, la OPS, y las entidades médicas debidamente autorizadas.

Y finalmente, cumpla con las medidas indicadas por el gobierno y los organismos médicos ya que aunque no sean populares, de su gusto y algunas veces le parezcan excesivas, muy seguramente de su cumplimiento dependerá la vida de muchas personas ¡incluida la suya!

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