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El presidente Lasso da el golpe que lo puede afianzar más en el poder

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Lasso se anticipa ante los hechos de Colombia y Chile, y encamina el diálogo nacional por la vía institucional. Pero la Unidad necesita del PSC.

Foto: Marcos Pin – API

El malabar político de Guillermo Lasso hizo posible iniciar, en la realidad, un deseo de hace más de seis años: La Unidad para derrotar al correísmo, que el país vaya sanando y alcanzar el bienestar nacional.  

El PSC buscaba el camino correcto, el del encuentro, pero tuvo un error de cálculo para la Asamblea. Nada más. 

¿El posible error? Las prioridades del correísmo ya no son las prioridades del Ecuador. Lo más importante para ellos es que Rafael Correa regrese libre y con los argumentos suficientes para señalar con el dedo a todos quienes se involucraron en las investigaciones en su contra, jueces, fiscales, sociedad civil, periodistas… Y, bajo ese objetivo, el PSC no es el único interlocutor. El correísmo lo intentará siempre y con cualquiera.  

Ahora, ya es un hecho que algunos recordarán lo que sucedió en la Asamblea de forma diferente. Ya hay voces de los ‘consultores políticos correístas’ que anuncian una falta de gobernabilidad, de violencia, de venganzas, de preocupación… Indudable. Recordemos la enorme cantidad de desinformación en las protestas de Octubre del 2019 y en la reciente campaña presidencial. El país debe estar alerta para contener la ofensiva de los inconformes.

Pero, de cualquier manera, la ola de la Unidad llegará a ellos. Es más grande que el objetivo central de UNES. Por eso el PSC no puede ser vetado. Necesita su puesto en el proceso de encuentro. Lo merece.

Es alta la apuesta al ofrecer poder a la izquierda. Sin embargo, frente a la coyuntura regional, la Constituyente en Chile, las durísimas protestas en Colombia, empujadas por una mezcla de movimientos de la izquierda real, la violenta y grupos irregulares armados, Lasso se adelanta a la historia.

El mayor golpe que ha dado es que las demandas de prosperidad, solidaridad, equidad -muchas de ellas legítimas, que rebasan lo ideológico- se resuelvan dentro de la institucionalidad, en un diálogo con resultados. Retirando a los populistas del correísmo, al menos, durante buen un tiempo.     

El primer paso es histórico. La izquierda le debe un enorme gracias a Guillermo Lasso y esto tiene una explicación. En el Pleno de la nueva Asamblea Nacional se produjo un cambio entre quienes se arrogaban la representación de la izquierda y quienes en verdad son la izquierda. Ese título sirvió durante años para contaminar al país con propaganda, dividir al Ecuador y ejecutar robos del dinero estatal. El presidente Lasso marca la cancha democrática. Y devuelve lo que a la izquierda, la real, le arrebataron.

Luego de la jugada de Lasso, nadie sabe cómo será el Ecuador de la Unidad. Hay temor en algunos sectores porque ese tiempo ha llegado, aunque otros, desencantados por el pasado, no creen que es posible un nuevo país. Por eso la Unidad hay que trabajarla día a día, en un camino que ya lleva varios años y demorará otros más.

Tarde o temprano tenía que llegar la ola del cambio. Y nada cambia en verdad si no hay reemplazo.

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