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Mientras más se mueve la Asamblea, más se hunde…

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Asamble Nacional Ecuador

El drama político que vive el Ecuador tiene varios años. Pero estamos a punto de vivir un nuevo capítulo, que puede ser el final.

Foto: Fernando Lagla – Flickr Asamblea Nacional

Tarde o temprano teníamos que llegar a este punto. El Ecuador ha esperado bastante tiempo para enfrentar el pasado, el correísta y sus privilegiados amigos, de todas las tendencias, con el futuro. El que precisamente quiere la mayoría el Ecuador. 

Y ese futuro no es nada desconocido. Ya ha sido medido en varias ocasiones por todas las encuestadoras. El ciudadano quiere más trabajo, más salud, más educación, más libertad, más ocio, menos corrupción.  

El cambio que ocurrió en las últimas elecciones, empujado por la decepción de esa clase política que perduró los últimos 15 años, nos ha convertido en caso de estudio internacional. En medio de una región donde el Socialismo del Siglo XXI intenta dominar, incluso volver al poder, aquí, en Ecuador, un gobierno de derecha, conservador, trata de ir hacia adelante. 

Lo hace matando el mito del economicismo de la derecha y la mano dura, para convertirse en un gobierno que asienta las bases para el futuro. Uno donde quepan todos. Derecha e izquierda. Respetando los DD.HH.. Trazar de nuevo la cancha luego de la debacle provocada por el correísmo. 

Por eso, este drama político, de larga data, está deviniendo en un nuevo capítulo. Es posible que estemos frente al inicio del final del Ecuador político como lo hemos visto desde hace muchos años. 

El Gobierno de Guillermo Lasso, pese a las voces de radicales posturas, ha conducido el país en estos meses hacia el centro político, del encuentro lo ha llamado. Pero, en ese ánimo de ser más abierto, se ha encontrado con trabas que eran impensables. Y desde los propios políticos que se suponía eran sus aliados (al menos los altos dirigentes porque hay socialcristianos que están trabajando con el Gobierno), y, claro, los protagonistas del drama político.     

Del otro lado, desde la Asamblea, ya no reconocen que la presidencia de Guillermo Lasso es el resultado de un proceso histórico. Lasso es, para ellos, quien se robó algo y apareció con más. Anacrónico, desubicado, traicionero, banquero ladrón… La mano extendida, ni siquiera la devolución de la dignidad a la propia izquierda, la que se dice real, fue suficiente. 

El ambicioso cambio estructural en el país que ha planteado Lasso, como consecuencia de su propia llegada al poder, ha sido rechazado bajo esos pretextos. Sin discutirlo. Sin mejorarlo, sin darle oportunidad. 

En medio está la ciudadanía que no olvida lo que pasó con Correa, la corrupción generalizada, la pérdida de valores, los políticos timoratos y el descenso de Ecuador como nación. 

Y esto tendrá consecuencias.

Por eso en el juego, que aparenta ser el final del drama político, tal como lo hemos vivido hasta ahora (vendrán otros, de seguro), se medirá quién perdió más. Si Lasso o la Asamblea. 

Pero, ¿por qué puede vencer Lasso en este capítulo? Sus enemigos políticos, los que buscan sacarlo con un juicio político, ya se sienten como perdedores. Ya no es como al inicio del último capítulo del drama, gallos de pelea que lo retaban a la muerte cruzada… 

Ahora, la posible desaparición de esta Asamblea opositora se ha convertido en “una pérdida de tiempo para el pueblo ecuatoriano, que quiere trabajar”. Se han acobardado frente al acantilado. 

Mientras más se mueve la Asamblea, más se hunde…

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1 Comentario

  1. Jackson 18/10/2021

    Jajaja……da risas leer este artículo, sólo demuestran la desesperación por la que atraviezan, después de haber ofrecido tanto y ver q el país se hunde en la miseria, la inseguridad, el desempleo, la corrupción, el abandono, quieren resucitar al evasor de impuestos q está con el agua hasta el cogote, se les está cayendo el “Estandarte de la Libertad y la Democracia” ahora con el 34% de aceptación, se desinflo el globo antes de hora y va a seguir en picada hasta q todos uds toquen tierra y vean su miserable realidad de esclavos del poder financiero y lacayos del neoliberalismo.

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