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El anticorreísmo es la gran fuerza electoral del país

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El correísmo teme a sus contradictores. Y estos son de todos los sectores, de todas las tendencias.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

El 11 de abril se produjo un cambio político en el país. Pero el correísmo no asume la derrota. No hay debate en sus filas. Creen que ganaron perdiendo. Califican al triunfo de Guillermo Lasso como “pírrico”. No se cuestionan su sostenibilidad ni su futuro. Si requieren cambios. Si necesitan nuevos lideres, como el que silenciaron sobre el correísmo sin Rafael Correa. Eso no lo quieren hacer público. 

Creen estar vivos. Y completos. Pero no es así.

No fue el infame “poder mediático”. Los “recaderitos” de la oligarquía, como califican a algunos partidarios del cambio. Ni siquiera Lenín Moreno. No fue la banca. 

Fue, muy a pesar de lo que ellos creen, la fuerza del anticorreísmo. A este grupo, bastante heterogéneo, no logran comprender en las filas correístas. Esta fuerza, que es la que en verdad ganó las elecciones, no la integran solamente votantes de Pachakutik ni del socialismo tradicional. No son los liberales. No es únicamente la derecha. Ni la izquierda infantil, como burlonamente calificaron a quienes les disputan la propiedad de la representación en ese sector. No son los empresarios ni lo trabajadores.

El anticorreísmo es una fuerza democrática sin precedentes. Una que dejó de creer en los “buenos” hombres y mujeres del pasado populista. Una que sí quiere ideología, cualquiera que se profese, pero en cancha democrática. Con instituciones fuertes y alejadas de la corrupción. Quiere esperanza de mejores días para todos. Todos. No para unos pocos privilegiados del partido, castas de la izquierda añiñada y global, clanes, vivarachos. De cualquier sector. 

El anticorreísmo vino de los pobres, de la clase media disminuida, de los empresarios perseguidos y ahogados por toneladas de trámites e impuestos. De los indígenas. De los trabajadores. Sí. Ellos también. 

El nueve de abril, dos días antes de la elección definitiva, un alto dirigente sindical confirmó las sospechas. Los trabajadores se rebelaron ante el pedido de que voten nulo y se volcaron a favor de Guillermo Lasso porque no querían más persecución, más pobreza, más corrupción. El correísmo no entiende que si Yaku Pérez llegaba a la segunda vuelta, el anticorreísmo lo hubiera apoyado.   

Por eso, esa ola no es odio como dicen los voceros mediáticos del prófugo Rafael Correa. Es anhelo de Justicia para ellos y para el país. Es libertad, propiedad privada. Ahora, el anticorreísmo es la principal fuerza política del Ecuador. Y tiene su mayor músculo en Quito. 

Foto: Juan Ruiz Condor – API

Los partidarios y nostálgicos de Correa temen a esa gran ola ecuatoriana. Y no son austeros a la hora de denostarla. Para ellos, los integrantes de ese grupo, son simplones odiadores, banqueros, neoliberales, corruptos… y demás. 

El correísmo necio, y no quieren aceptarlo, ya no es voz autorizada para hablar al país de anticorrupción, de fiscalización, de legalidad, de bienestar de los ecuatorianos. De paz. Perdieron el teflón de antaño. Ellos siguen en su búsqueda de prebendas que ayudan a pocos de sus líderes… ni siquiera a todos ellos. 

Ese grupo son el verdadero desastre. ¿Por qué? Pues ellos han perseguido, han tomado las instituciones para beneficiar a sus arropados. Porque han engañado. Porque han robado. Son partidarios del odio. Por que apoyan y se nutren de las dictaduras de la Cuba castrista y de la Venezuela chavista que mantienen en zozobra a sus pueblos. No evolucionan, ni lo harán. No asumen ni discuten su derrota. Todavía creen que están por encima de todos.

Pero eso les causará un daño mayor. Ya Dalton Bacigalupo, de la Izquierda Democrática, reveló ayer que el bloque electo de UNES para la Asamblea, el grupo correísta, se desgrana antes del inicio de sus funciones. Es la ola que se les vino encima.

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1 Comentario

  1. Rita 14/05/2021

    Excelente análisis. Ya deben olvidarse que algún día fueron gobierno o mejor, deberían recordar que en su gobierno se desató la mayor corrupción. Nosotros los ciudadanos estamos cansados!!!

    Responder

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