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La urgencia de un Acuerdo mínimo para combatir la corrupción

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Los principales postulantes a la Presidencia deben comprometerse ante la sociedad civil organizada y firmar un compromiso. Con acciones claras, para marcar el nuevo camino anticorrupción.

Foto: Daniel Molineros – API

La corrupción es el mal que sufre la república desde que es república. El recuento parte desde el primer presidente Juan José Flores y su enriquecimiento deshonroso e ilegal. Así está en los libros de historia.

Por eso es urgente el cambio de actitud de los ecuatorianos para combatir la corrupcion. Y esto es independiente de ideologías, clases sociales, condiciones profesionales o nivel académico. La pandemia nos ha mostrado que ni siqueira en los momentos de mayor dolor nacional esto se detiene, sino que se evidencia y se amplifica.

Detrás de cada acto de corrupción hay cuatro características que la componen y alientan para que nos sigan robando, no solo el dinero sino las esperanzas de mejorar como nación. 

Entonces, hay que entender desde la raíz del problema para no caer en las insuficientes propuestas de luchadores de redes sociales o astutas figuras públicas que caen en el discursillo de endurecer penas. En las  condiciones actuales eso únicamente servirá para que la corrupción se perfeccione y continúe impune.

Los mejores luchadores de contra a corrupción dividen en cuatro el problema y, para mejorar, se deben atacar en los vacíos de las cuatro características:

La primera: la necesidad. Hay grupos de cualquier tipo, político, empresarial, académico, profesionales, que tienen necesidades que deben ser absueltas. Algunas de manera inmediata. Eso, sin fortalezas morales, se convierte en el primer paso para cometer actos ilícitos. Por eso la properidad y la satisfacción plena de las necesidades basicas, es el camino, no la pobreza ni el rechazo a la fortuna.

La segunda: la oportunidad. Luego de la primera característica, evalúan si es posible satisfacer esa necesidad de manera urgente y sin tropezar con controles. El Ecuador cuenta con un diseño, de la más alta ingeniería, de una maraña de leyes que guardan secretos que no todos conocen. Otros ven en el poder político una manera de blindaje para cometer cualquier tipo de abusos. De hecho, ahora los partidos son vistos como empresas electorales que deben ganar dinero a cualquier precio. Con el deporte de crear normas, combinado con el blindaje, hay la oportunidad de cometer ilícitos. Un estado más simple en leyes y trámites servirá para un cambio.

La tercera: la racionalización. Esta es la característica que cierra las dos anteriores. Ya con la oportunidad identificada, se comete el ilícito. Pero para no dar mayores explicaciones, sociales o legales, siempre hay una justificación de los hechos. Y esto sucede desde el núcleo familiar hasta la Presidencia de la República. Recuperar la patria, molestia temporal, enojo cotidiano, urgencias económicas… cualquier cosa que avale el comportamiento ilegal. Para esto se requiere de instituciones fuertes, desde la escuela, el colegio, universidades… hasta los tribunales de justicia, parlamento, presidencia, para que los ciudadanos encuentren sus objetivos representados en estas instituciones.  

La cuarta: la tolerancia. Los ecuatorianos aguantamos la corrupción desde el inició de la República. Y esto a avanzado tanto que está instaurado en el imaginario social. ¿Cómo? Si no estás en la argolla, alguien más lo hará, y tu te quedarás sin resolver tus necesidades. Eso ha inmovilizado al país. No hacer frente a ese mal es continuar con la tolerancia a la corrupción. Ahora hay indignación pero escasa acción. La solución: educación en valores.

Para el cambio se requieren, sí, de leyes más duras, pero sobre todo un acuerdo moral mínimo que provoque una tendencia de rechazo a la corrupción. Y destruir los caminos abiertos, a todo nivel, para que esto continúe. Ya en época electoral, los principales postulantes a la Presidencia deben compromenterse ante la sociedad civil organizada y firmar un compromiso, con acciones claras, para marcar el nuevo camino. Porque no importa si quien llega al poder es de derecha, izquierda, liberal, conservador… tendrá la misma tarea pendiente ante el país.

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