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La esclavitud legal

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La ley y lo legal, enfrentado con la libertad y la igualdad. El mundo tiene ambas. Lea esta reflexión.

Foto: Ezequiel Octaviano – Pixabay

a.- Introducción: Santa Cruz- Galápagos febrero 2021. Como preámbulo tiene sentido mencionar que, lo que busco es aportar con reflexiones encaminadas al desarrollo de una sociedad justa y libre, en la que existan más oportunidades para todos, menos pobres y más riqueza. Estas reflexiones no buscan incentivar ni mucho menos inducir al incumplimiento legal, sino más bien, invitan respetuosamente a reflexionar acerca del alcance de determinadas normas, que pueden resultar contraproducentes en un momento dado; así como a cuestionar algunos paradigmas, que han sido tomados como válidos por la sociedad. Estos apuntes tratan de interpretar modestamente, una pequeña parte del vasto y profundo pensamiento del premio nobel de economía F. Hayek (1899-1992),  y del entusiasta del libre mercado, escritor, economista y legislador francés Frédéric Bastiat (1801-1850).

b.- ¿Es justa la Ley? Sin duda responderemos que la ley, no siempre es justa;  y esto aplicaría cuando los políticos a través de los legisladores crean leyes, que tienen aparente sentido de ayuda a un sector determinado, pero que si lo vemos  con profundidad y en función  de sus efectos, esa misma ley generaría concomitantemente  un perjuicio o afectación a otro (s) sector (es); es decir, que por quedar bien con unos, se utiliza la ley, para darle aparente  carácter de positivo a un tema, que a larga  genera afectación, y que a la final pudiera calificarse como “atentado  legal” a otro sector de la sociedad. 

Exploremos algunos casos, así por ejemplo, se decide por ley subir el impuesto a la herencia al 75%, a fin de que con ese dinero se alimente el presupuesto del Estado para el pago de sueldos del sector público; u otro ejemplo, por ley se expropia un terreno comunal  de personas de escasos recursos, pagándoles por ley un valor mínimo que no corresponde al precio real de mercado, a fin de construir sobre dicho inmueble un organismo estatal, en el cual se darán nuevos empleos y de manera particular  a los simpatizantes del gobernante de turno. Si lo vemos con claridad, lo que existe es una ley que genera privilegios a un sector determinado, pero en desmedro de otro no menos importante sector de la sociedad; generándose una sensación de latente inseguridad generalizada. Consecuentemente la ley en esa perspectiva, no necesariamente es moral ni conveniente al ser humano en su conjunto, dentro de una correcta línea de pensamiento de lo que debe ser una sociedad libre; es decir, si la ley está dada en el enfoque que nos ocupa, esto es en la creación de derechos, y principalmente cuando se los camufla como conquistas sociales, la ley carecería en esencia de utilidad objetiva y eficiencia social. 

En realidad la vida, la libertad y la propiedad bien habida, no necesitan de la ley para existir ni para ser respetadas, ya que preexisten a la ley, es decir son derechos esenciales, por ser inherentes al ser humano, consecuentemente el legislador a través de la ley no tiene el derecho, por no decir el atrevimiento, de atribuirse la facultad de otorgar esos derechos al hombre, ya que si la tiene, tendría también la facultad implícita de quitarlos a conveniencia política del gobernante. El Estado debe tener el sagrado deber y obligación de brindar seguridad y justicia a los ciudadanos, sectores fundamentales, en los cuales curiosamente es donde más falla el sector público, entre otros por supuesto.

Sociedad es algo más amplio que un concepto legal.  Imaginemos que al legislador se le ocurre que los ciudadanos, dentro de la planificación estatal, deben   tomar tal o cual profesión u ocupación, porque así lo considera arrogantemente el gobernante. La pregunta es, acaso el ser humano en el ejercicio de su total libertad, no tiene acaso la capacidad suficiente para decidir por si mismo y en base a sus propios intereses, qué es lo que debe estudiar o en qué ocuparse. 

La torpe actuación del Estado de conceder derechos (entendamos privilegios) amen de conveniencias y/o compromisos políticos y/o por  acceder a presiones sociales y/o  etc., etc., generan a la final del día una arbitrariedad legal en provecho de unos pocos, y en detrimento generalmente de unos muchos. 

Cabe reflexionar que, cuando alguien recibe algo sin costo alguno, normalmente por naturaleza humana tiende a no valorarlo. Valoras y cuidas lo que te cuesta y sobre todo si es con el sudor de tu frente. Las personas normalmente, ven infortunadamente que si un bien es del Estado, es como si no fuera de nadie, por consiguiente no tienden a cuidarlo ni a protegerlo, es decir no lo valoran como algo propio; consecuentemente el debido funcionamiento o la vida útil del mismo, tiende a ser considerablemente menor, al que tuviera si fuera de propiedad de un particular.   

Veamos otro ejemplo, un grupo de “empresaurios”, hacen lobby con el gobernante de turno, a fin de que por ley prohíba las importaciones de tal o cual bien, ya que ellos quieren tener exclusividad en la producción local. A la final quien deberá pagar los precios (convenientes a los proveedores locales y no necesariamente a los consumidores) por los productos (quizás de relativa si no es de menor calidad) frente a los importados,  será la gente, los consumidores; en beneficio de quien? de un grupo de privilegiados que se valieron de su cercanía al poder, vía cabildeo,  para obtener prebendas que  benefician y protegen  a sus  industrias locales; pero que a la final perjudican a la sociedad en su conjunto, volviendo menos productivo al país, manteniendo una industria quizás ineficiente; y pagando los precios que no necesariamente son los mejores, y recibiendo un producto que tampoco serían necesariamente mejores que los importados; y todo esto a pretexto de proteger la industria local.

Veamos otro caso hipotético, el Presidente de un país resuelve para ganar popularidad, subir el salario básico a USD 1 500 mensuales, cuando el salario de mercado es USD 500. ¿Qué pasaría a la final? Lamentablemente los sectores a los que se quiso ayudar, se verían afectados por el desempleo, ya que las empresas para resistir el embate legal, deberían o bien reducir personal, o cerrar sus puertas,  o subir los precios forzosamente para sostener el incremento, con el grave riesgo que la demanda de mercado no pueda absorber  el nuevo  precio, dado no por el incremento de la calidad sino por el alza  del costo de la mano de obra, afectado por el incremento “legal” del salario básico. Este es un excelente ejemplo, de lo poco apropiado y beneficioso para la sociedad en su conjunto, que son las leyes concesionarias de derechos y privilegios.

c.- Reflexiones finales. Donde la expoliación es mas fácil que el trabajo y la productividad, infortunadamente la primera prevalece, generando pobreza y retroceso social, provocando un enorme sentido de injusticia y de afectación grave a la sociedad, incluidos al final del día los supuestos defendidos o privilegiados.

 Si la libertad se suprime, estamos condenados a la ignorancia, y por ende a la manipulación estatal, liderada por un grupo de políticos, cuyo norte principal no es necesariamente el desarrollo económico de la gente, sino la dependencia y esclavitud (entiéndase caso Cuba y Venezuela).

El Estado, en mi visión, no tiene derecho alguno de entrometerse en la íntima decisión de libertad del ser humano de bien, de decidir por sí mismo, lo que más le convenga a sus propios intereses, con la única y obvia limitación de respetar el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad de terceros.

Los intereses de los miembros de una sociedad que progresa, ordenada y de manera recta, son en realidad armónicos, pese a que no necesariamente todas las personas estén alineadas y/o cumplan los preceptos sociales, de respeto a la vida, a la libertad y propiedad; y frente a dichas distorsiones de comportamientos,  es ahí  justo cuando debería intervenir el Estado a fin de con objetividad brindar justicia (sin privilegios y  sobre la base de igualdad ante la ley), dando a cada cual lo que le corresponde en función de su legítimo  esfuerzo.

Lo justo funciona bien y contribuye a una sociedad que progresa, alejada de conflictos sociales, y de actos y sobresaltos revolucionarios, que distorsionan y afectan la tranquilidad y el crecimiento civilizado social.

Si se utiliza la ley para expoliar derechos de terceros, a fin de otorgar beneficios a unos cuantos, ¿es eso moral? ¿Es justo? 

Una sociedad sana se caracteriza por un sistema social con educación de calidad, sin privilegios, en la cual se busque una igualdad de oportunidades dentro de lo razonablemente posible, y en la que prime la libertad como bien supremo, y la igualdad ante la ley, orientado a la senda del progreso, con un pueblo basado en la justicia con ideales nobles, enfocado en la paz y en la apertura comercial, como válido motor productivo de desarrollo de los pueblos.

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