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¿Cómo no proteger a la dolarización?

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El dólar circula en el país luego de una grave crisis nacional. Es necesario recordar a los jóvenes lo que sucedió y por qué hay que atesorar esa moneda.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

El Filósofo José Ortega y Gasset reflexionaba: “yo soy y mis circunstancias…”, tratando de explicar que el hombre es lo que es, influenciado por sus  circunstancias y viceversa; excelente reflexión que  aplica también en mi opinión para las naciones: “Los países son lo que son y sus circunstancias”.

Miles de millenials que votarán en febrero próximo no recuerdan el “sucre”, ante lo cual tenemos la obligación de indicar que en 1999 el Ecuador tocó fondo por el mal manejo económico, y que la dolarización (sin perjuicio de otras importantes bondades)  fue la boya que permitió detener la inflación, producida principalmente por la expansión de la oferta monetaria.

En la perspectiva mundial en cambio, el dólar no sería necesariamente  lo óptimo, dada la salida de EE.UU., en 1971, del patrón oro, probablemente inducida a raíz del financiamiento de la guerra de Vietnan, y por el temor que algunos países europeos le soliciten la entrega de oro por los dólares recibidos, tomando Estados Unidos, con Nixon, la decisión de eliminar  la convertibilidad y la concomitante ruptura de  los acuerdos económicos de Bretton Woods; todo esto sumado al alto nivel de deuda y emisión que ha se ha venido realizando en EE.UU.. Tómese en cuenta que el  dólar habría perdido más del 90% de su capacidad adquisitiva, desde la creación de la Reserva Federal en 1913; concepto de institución a la cual los Padres Fundadores habrían visto con preocupación. 

En la perspectiva del Socialismo del Siglo XXI tendría  mucho sentido la moneda electrónica, así como estratégicamente disimular su probable deseo de salir de la dolarización, por el alto riesgo político que les implica; dolarización con la que, por cierto, nunca estuvieron de acuerdo, por lo invasivo que resulta en su ego político y en su “visión soberana”, que exista un intruso (dólar) tan bien recibido por la población, una vez  comprobados  sus beneficios; moneda que les resta capacidad de gasto, decisión y los vuelve menos “sexis” políticamente; generándoles una incómoda dependencia, hábida cuenta que para mantener a su clientela deben tener un rol paternalista. 

Siendo así la “viabilidad” presupuestaria sería  revivir la moneda electrónica, con lo cual recuperaría el Estado la capacidad de imprimir moneda, pero ahora de manera electrónica, que a la final del día generaría con mucha probabilidad  inflación, disminución de la capacidad adquisitiva de las personas, pérdidas y consecuente desestímulo a los ahorristas, aumento de la pobreza, etc.

Tratar de convencer de algo tan obvio a dicha tendencia política  es inoficioso, ya que sus seguidores responden a las doctrinas del  Foro de Sao Paulo, cuyo norte no sería necesariamente el desarrollo económico, sino principalmente llegar al poder y luego perpetuarse vía Constituyente; consecuentemente a quien hay que explicar al respecto es a la población, mediante educación e información oportuna y seria. 

Debemos tener claro que, la utilización de la moneda electrónica implicaría inicialmente un bimonetarismo y luego el  inminente riesgo de salir de la dolarización; es decir,  retroceder al Ecuador del siglo pasado (crisis 1999).

Desde la perspectiva de la objetividad histórica del dinero, el único que se ha mantenido y  revalorizado a lo largo de cientos de años, fuera de la plata, es el oro, ya que no se corroe, es divisible, es permanente, es unidad de cuenta, mantiene controlados a los gobiernos, es escaso,  no es imprimible y de limitada oferta, propiedades  que mantienen su poder adquisitivo, dándole el carácter de verdadero dinero, constituyendo una real reserva de valor, como la historia lo ha demostrado contundentemente. 

A contrario sensu, el dólar sería visto en el concierto internacional como una boya con poco aire; pero para nuestro micro cosmo, esa boya es la esperanza de llegar a tierra firme, por estar fuera del alcance de impresión local y por la confianza y aceptación que genera.

En la perspectiva del filántropo Raymond  Dalio, codirector de inversiones de uno de los  fondos de cobertura  más grande del mundo, las economías sanas saben que la deuda no debe crecer más que los ingresos, ya que la carga los aplastará; los ingresos no deben crecer más que la productividad, ya que los volverá poco competitivos; y, el incremento de la productividad como principal enfoque, en lugar del endeudamiento e impresión de billetes.En la perspectiva actual de país y en mi criterio, la dolarización, la austeridad y la productividad constituyen una poderosa boya a la recuperación, frente a lo cual estamos en la coyuntura y obligación histórica de preguntarnos: ¿cómo no proteger a la dolarización?

  • El autor es Doctor en Jurisprudencia y Empresario. También Fundador y CEO de Gaspremium y Ukllana. Autor del libro Nacido para Más. Ha sido considerado dentro de los 100 Líderes Empresariales más respetados en el año 2014.
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