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¡Suban el precio de los combustibles!

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Líderes indígenas, sindicales, de movimientos sociales y políticos desperdiciaron una oportunidad al no saber negociar durante la crisis de octubre.

Foto: Daniel Molineros – API

La derogación del Decreto 883, que subía el precio de los combustibles, debía ser un medio no un fin. De esta manera, el movimiento indígena tenía una carta de negociación potente para obtener presupuestos, políticas y acciones estatales para beneficiar a las comunidades en particular y en general al sector rural. Una vez obtenidos resultados concretos, se podía ceder el alza de los combustibles, además con las focalizaciones del caso.

Líderes indígenas, sindicales, de movimientos sociales y políticos no saben negociar. No pueden hacerlo porque su trasfondo ideológico es bipolar: todo o nada, bueno y malo. Esto tiene sentido en el contexto de la lucha de clases y la superación del capitalismo por el socialismo, donde acordar con el enemigo de clase es imposible.

La consecuencia del persistente enfrentamiento entre los capitalistas y el proletariado, afirmó Marx, sería el fin del sistema.  El Capital cambió el pensamiento moderno, no solo de sus partidarios sino de los mismos capitalistas, como señala Harari: “A medida que la gente iba adoptando la diagnosis marxista, cambió su comportamiento en consecuencia. En países como Gran Bretaña y Francia, los capitalistas pugnaron por mejorar la suerte de los obreros, reforzar su conciencia nacional e integrarlos en el sistema político”.

En Ecuador, el cuestionamiento al sistema capitalista condujo a una visión esencialista del mundo indígena; que todavía perdura en frases como “nuestros indígenas”. Frente a esto, no queda duda que mejorar su suerte significa incorporarlos al desarrollo capitalista, lo cual no suena tan atractivo pues dejan de ser ‘nuestros’ para ser ‘nosotros’.

Es cierto, la democracia liberal está crisis; pero suponer que las actuales generaciones indígenas cambien las tecnologías por el silencio y belleza del campo es ofensivo. En primer lugar, porque no son excluyentes, en segundo lugar, porque el desarrollo pasa por la tecnología, por ejemplo, el uso de la agricultura de precisión a través de drones que permiten registrar digitalmente un cultivo desde la siembra hasta la cosecha, combatir insectos u hongos, gestionar datos para administrar la cantidad de insumos fitosanitarios para el campo.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Una posición crítica frente al capitalismo es necesaria (políticos y académicos cercanos al movimiento disfrutan de las ventajas del capitalismo en la cotidianidad, pero lo cuestionan en la vida pública), pero entender la crítica del sistema como su fin no es revolucionario: la ciencia y tecnología que produce el desarrollo de la infotecnología, la infobiología, la inteligencia artificial es tanto la causa de la situación como el medio para solucionarla.

La movilización indígena y social de octubre fue una oportunidad para provocar cambios que lleguen a las comunidades. Esto, paradójicamente, pasaba por el alza de los combustibles, pues el dinero que se obtendría podía dirigirse al campo. Ahora, no hay dinero y menos para las comunidades indígenas. Pero igual tendremos que pagar las deudas.

Se debe exigir a los líderes indígenas un inventario de la situación social de cada comunidad en el país. La tecnología permite registrar la información desde las propias comunidades y verificar los datos y así asegurar que cada comunidad se beneficie de los resultados de la movilización.

Así también, la Fenocin y la Conaie deberían negociar una sola plataforma política, con la cual tenga más sentido su afirmación respecto a que hablan a nombre del pueblo ecuatoriano. 

Finalmente, la gasolina y el diésel puede continuar subsidiados eternamente, siempre que se promueva el desarrollo agrícola; de lo contrario, el éxito de la derogación del Decreto será el fracaso de sus líderes y la pobreza del campo.

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