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Pruebas señor Gobierno

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La ciudadanía debe estar segura de que el Gobierno y el sistema de salud pueden responder a la emergencia. Para eso se requiere mucho más que la propaganda.

Foto: Boris Romoleroux – API

La cadena nacional sobre la prevención del Covid 19, que se repite en todos los medios, pasó de informativa a propaganda gubernamental porque no se acompaña de pruebas sobre las afirmaciones que efectúa como aquella de que “estamos preparados”. 

El 15 de mayo de 2009, el ministerio de Salud del Ecuador confirmó el primer caso de la gripe H1 N1, conocida también como la gripe porcina. Las personas con síntomas de influenza debían reportarse en algún centro de salud del estado. En el caso de mi hijo, aparentemente contagiado, asistimos al Hospital Eugenio Espejo. 

Entrada la noche, los pacientes y parientes esperábamos bajo un toldo al aire libre, como suele ocurrir en el servicio público de salud, el maltrato a la gente comenzó con el hermetismo, ninguna información acerca del tiempo que tendríamos que esperar, ningún cuidado al enfermo que esperaba en medio del frío y con fiebre. 

En las sillas de plástico los rostros de dolor, por nuestros seres queridos, era evidente. 

A media noche recibió atención médica. No tenía la influenza, pero si el cuadro se mantenía debía regresar, en otras palabras, no estaban seguros.  

Para evitar que se extienda el contagio en la familia, fui el único que lo acompañó, todavía me pregunto por qué no terminé contagiado. A la madrugada ardía en fiebre, deliraba y tosía copiosamente; decidimos buscar un hospital privado, sabíamos que si volvíamos al sistema público su vida corría peligro.

La ambulancia llegó al hospital Vozandes pero no quisieron aceptarlo, “no tenían los recursos para atenderlo”, el sistema de salud pública estaba colapsado y otros hospitales también se negaron. Finalmente, logramos que lo acepten en el Hospital de los Valles, al que siempre le estaré agradecido, pero nos advirtieron que el seguro de salud no cubría epidemias. “Lo que sea. Ingréselo por favor”, contestamos.

Tuvimos mucha suerte, la doctora afirmó que su vida estuvo en riesgo y que la atención a tiempo lo salvó; también porque los resultados de los exámenes no fueron concluyentes y parecía una pulmonía, no se descartaba la influenza H1 N1, pero como no podían probarlo el seguro cubrió el 80% del costo. Más tarde, el presidente diría públicamente que los seguros tenían obligación de cubrir los costos de salud por efecto de la epidemia. 

Es importante comprender el contexto: un gobierno “progresista” (¿de izquierda?), cuyo discurso hablaba del fortalecimiento del estado: salud y educación como sus puntales más representativos, además, había dinero para gastos adicionales, no estuvo preparado.  

Ahora sabemos que una buena parte del dinero se destinó a la corrupción y se puede suponer que la centralización del sistema de salud, aún con el propósito de fortalecer la salud, tenía como verdadero fin generar las condiciones para beneficiar políticamente al gobierno; por ejemplo, reemplazando  a profesionales expertos en el campo por “personas que tienen escasa formación en vigilancia epidemiológica” como se señala en el artículo “La vigilancia epidemiológica en Ecuador es débil” (Primicias.ec) o simplemente para llevarse el dinero a través de una red que está activa, como relata la asambleísta Mae Montaño: “todavía existe una red de corrupción de altos funcionarios, empresarios y organismos internacionales, que manejarían el Ministerio de Salud Pública” (NotiMundo, 24 enero, 2020).  

Al igual que ahora, la información gubernamental afirmaba estar plenamente preparada, pero, el epidemiólogo Daniel Simancas, señala que el número de camas puede resultar insuficiente y que debería crearse un “comité de emergencia interinstitucional público – privado” (Las debilidades de Ecuador para enfrentar el coronavirus. Primicias.ec). 

¿Podemos confiar en que nos dicen la verdad? 

¿Qué va a suceder con los seguros privados cuando se suspenda el estado de emergencia? ¿Si el paciente tiene enfermedades “pre-existentes” (¿cómo se mide lo pre-existente?) puede negarse a cubrir el tratamiento y los exámenes? Mientras no existan pruebas de lo que afirman, por ejemplo el acceso a los medios de las salas de terapia intensiva que afirman tener listas, por evaluadores independientes al Ministerio de Salud; en el contexto de un sistema con altos niveles de corrupción lo dudo. No olvido el miedo profundo de que mi hijo pierda su vida, así que aunque no justifico el pánico de la gente lo puedo entender. Señor Gobierno pruebas, no propaganda para que todos tengamos confianza y esperanza. 

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