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Predecir el fin de la democracia

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El análisis fractal permite reconocer el discurso populista que puede llevar al totalitarismo. En el candidato Arauz hay la posibilidad de conducir al Ecuador hacia la disolución de su frágil democracia.

Foto: Flickr Consejo Nacional Electoral

No todo gobierno populista termina en el totalitarismo, pero sí, el totalitarismo invariablemente inicia por el populismo. Esto se explica fácilmente, si alguien aparece un día a decirle qué debe estudiar, prohibirle criticarlo o incluso alejarse de sus amigos porque tienen ideas distintas, de seguro se pondrá sobre aviso de que es una persona autoritaria. Así que primero debe convencerle que él es el único que tiene los arrestos necesarios para solucionar sus problemas.

Para lograrlo deberá planificar la educación, domeñar a los medios de comunicación que engañan acerca de la verdad del mundo y, probablemente, también se alejará de personas inconscientes que le rodean. 

¿Mágico verdad? A eso le llamamos discurso, porque cuaja en la conciencia social como si hubiera nacido de la persona y no del líder populista.  Así que para cumplir las promesas que satisfacen sus deseos necesita autorización para controlar las instituciones, es cuando comienzan los cambios “democráticos” en el sistema jurídico que le dotará del poder que necesita. Cuando la maquinaria del populismo se enciende con las primeras elecciones, su marcha se vuelve inexorable, en sus entrañas bulle el totalitarismo como una posibilidad. 

El totalitarismo tiene muchos matices y abarca una línea temporal que va de la seducción a la violencia, y de la democracia al control de todo, incluyendo las actitudes individuales. Y funciona así:  Todos odiamos a alguien que nos parece lo suficientemente despreciable como para provocar su desaparición. Para mostrar el desprecio que sentimos los etiquetamos con palabras que, por lo general, describen cualidades, sensaciones o sentimientos. Las etiquetas funcionan como una mascarilla que  impide reconocer el rostro, la despersonalizamos, esto significa que la despojamos de su valor como ser humano. 

Si alguien no es humano entonces es un algo que puede destruirse, no tiene derechos porque no es igual a nosotros. Pero el proceso no es individual, de nada sirve que yo ataque al vecino, por ejemplo, si otro lo apoya y juntos se ponen en mi contra. Recordemos que somos seres sociales, buscamos la aceptación y la pertenencia a un grupo, siempre; incluso aquellos que dicen no pertenecer a un grupo forman el conjunto de los que dicen no hacerlo. 

Entonces aparece la figura del líder, cuando este es positivo media entre las discusiones y promueve acuerdos, el grupo crece con sus individuos. Cuando el líder es negativo, canaliza las emociones a través de una historia que no tiene que ser verdadera, solo creíble, es como ver un filme de una invasión extraterrestre, no existen pruebas que todos podamos verificar, solo relatos que mezclan realidad con fantasía. 

Algo parecido hace el líder: conduce al grupo con una historia que suele ser extremadamente sencilla y por lo tanto replicable; asistimos, de esta manera, a la constitución del pensamiento de grupo. 

El discurso, a nivel mental, funciona como un ropero, allí se guardan las cosas preciadas, útiles o inútiles de las que se echa en mano cuando se las necesita. Imagine que usted es un firme amante de la tecnocumbia y que un día conoce a una mujer rockera, la suerte le sonríe por lo que pronto se encuentra con su grupo de amigos, todos calzando botas con hebillas y camisetas negras con alucinantes estampados que incluyen por lo menos una calavera. 

En la historia, la chica seductora es Correa solo que en feo. La situación está configurada por el grupo de amigos y sus reglas de pertenencia. El ropero representa el repertorio de ideas, creencias y recuerdos que forman el discurso que ahora incluye un volumen creciente de vestuario que no le pertenece pero que lo viste como propio. 

Cuando se produce el pensamiento de grupo desaparecen los individuos, otra manera de verlo es que el individuo es el grupo, esto asegura obediencia y fidelidad al líder cuyo discurso se replica en el individuo. El líder elabora un discurso seductor que intercepta las emociones del grupo y las redirige hacia el mismo objetivo, acabar con el poder del enemigo. 

Es posible extender este procedimiento a varios grupos, pero se requiere un dispositivo que distribuya el mismo mensaje entre todos: los medios de comunicación cuyo efecto es  conglomerar los grupos en bandos opuestos. 

El procedimiento, macabro en su sencillez, funciona particularmente bien con líderes populistas de talante autoritario, cuando los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales, rebaten el discurso populista, el líder contrargumenta y se reposiciona con mayor fuerza  en su discurso.

En la historia anterior, cuando la novia rockera (ya le aceptó) es criticada por apasionados de la tecnocumbia, su contrargumentación la fortalece. Simultáneamente fortalece los argumentos del bando contrario y así sucesivamente, pero como el líder tiene control de las instituciones democráticas la oposición es constantemente disminuida utilizando todos los recursos que domina el estado para desaparecer, de la contienda, cualquier idea que cuestione al líder o la verdad de su discurso.  

El líder populista es un dispensador de oraciones pegajosas que se articulan para formar un discurso dinámico, que a pesar de la diversidad de temas, tiene como finalidad ubicar a las personas en bandos opuestos. Lo realmente curioso es que este proceso de réplica del discurso populista en todo el sistema social es independiente de la escala social y tiene una forma: la de un fractal. 

Un fractal es una figura geométrica irregular que conserva la misma forma a diferentes escalas, es decir, que cualquier fragmento del discurso del líder conserva la misma forma del discurso completo, esto hace posible que, por un efecto masivo del pensamiento de grupo, un país entero se parta en dos sin posibilidad de reconocer los matices.

En el debate entre los candidatos Arauz y Lasso, a pesar del cuidado con el lenguaje, se evidenciaron palabras como: sin sumisión, producción nacional, ustedes los banqueros, etc., la necesidad de Arauz de construir un enemigo era evidente por eso la constante provocación a Lasso. El análisis fractal permite reconocer en Arauz la posibilidad de conducir al Ecuador hacia la disolución de su frágil democracia.

Esta breve síntesis de cómo el populismo lleva en las entrañas la disolución de las democracias fue elaborado a partir del libro: Geometría fractal del discurso populista: el socialismo del siglo XXI en Latinoamérica, cuya autoría pertenece a Saudia Levoyer y Gonzalo Ordóñez, docentes de la Universidad Andina Simón Bolívar. 

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