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Lasso Asamblea

Los últimos episodios de la política ecuatoriana ponen sobre la mesa la discusión sobre cómo negociar con transparencia. Lea esta reflexión.

Foto: Fernando Sandoval – Flickr Asamblea Nacional

Correa está preso, si lo prefiere, privado de la libertad, en la cárcel de Latacunga. Varios automóviles llegan entrada la noche. Se bajan Jaime Nebot y Guillermo Lasso. Pasan por la garita de control y se dirigen a la oficina del director, allí sucede la reunión con el ex prófugo Rafael Correa con el fin de pactar sobre quién sería el presidente de la Legislatura y viabilizar la gobernabilidad. Este es un primer escenario, vamos al siguiente. 

Lasso y Nebot se reúnen de forma reservada con Rafael Correa, como resultado, acuerdan un pacto que incluye una comisión de la verdad para revisar sentencias como las de Jorge Glas por Odebrecht y las del ex presidente prófugo por el caso Sobornos.

Tercer escenario: Arauz, Lasso y Nebot discuten un acuerdo de gobernabilidad frente a las cámaras y micrófonos de la televisión pública y privada. Arauz pide como condición que Rafael Correa asista al panel, pero el expresidente prófugo se niega, con el argumento de que Lasso está tratando de manipular la opinión pública para crucificarlo.

Un último escenario: Yaku Pérez, Arauz, Lasso y Nebot se reúnen frente a los medios de comunicación para negociar la presidencia de la Asamblea y cuatro líneas de legislación prioritaria: salud, trabajo, educación y corrupción – narcotráfico. 

Luego de casi tres horas de discusión, se llega a un acuerdo, será alguien del movimiento indígena, una mujer, la presidenta de la Asamblea. 

Se llama sesgo cognitivo a esa tendencia humana de ver la realidad de modo que confirme las creencias propias e invalide otras alternativas para pensar y solucionar problemas. 

La creencia es que las negociaciones políticas, por tratar temas delicados, deben efectuarse en la privacidad; una postura contraria al mundo de las redes sociales y también a la exigencia de transparencia que obliga la pandemia de la corrupción. 

La transparencia supone la capacidad de negociar. Y no será posible si los líderes políticos siguen anclados a las miserias ideológicas del pasado y a los retorcidos intereses del presente. 

Yaku Pérez afirmó, a propósito de su renuncia a Pachakutik, que el sí es un político radical que jamás negociaría con la derecha neoliberal. ¿Qué habría ocurrido si ganaba las elecciones y la derecha neoliberal le decía que jamás conversaría con la izquierda radical? Sesgo cognitivo.

Una razón importante de por qué el país está sumido en la pobreza, la violencia y la ignorancia; justamente, es la postura radical de los que caen en la inconsistencia de posturlarse para candidatos en un sistema democrático que consideran debe derrocarse para fundar otro. 

La academia “crítica”, los líderes de izquierda y derecha que se ufanan de radicales pueden serlo en una democracia. En países como China, Bielorrusia, Nicaragua, Venezuela y hasta hace poco en Ecuador las personas que lucha por la democracia aparecen como radicales. El radicalismo, por concepto, es tuerto pues solo puede ver un lado; imaginar otros escenarios le es imposible, ¿cómo? si este mundo es un asco y hay que destruirlo para crear otro. Todo movimiento radical es autoritario, debe imponerse a los contendores. 

La movilización social, su exigente presión, debe conducir a la negociación y los acuerdos para beneficiar, por ejemplo. a las comunidades indígenas donde no llegan los cambios radicales. Cuando el sesgo cognitivo se une a la política se llama populismo. 

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