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La corrupción viene con miedo

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Cuando los líderes políticos mantienen una relación con el narcotráfico y la corrupción. En menos de un mes la justicia ecuatoriana ha sido cuestionada, se revelan suspicacias en torno a pactos políticos y personajes investigados por corrupción recuperaron su libertad.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Cuando fuerzas políticas opuestas y con capacidad de movilización se unen en contra de un gobierno, parece una buena noticia. Gobierno malo, pueblo bueno.

Pero si uno de esos grupos políticos alcanzó predominio a través de montar una agencia de empleo en el estado para miles de burócratas, extrajo del sistema de justicia a los jueces honrados y dejó a los corruptos: a los que cedieron sus convicciones, callaron la corrupción y aceptaron, la situación es diferente.

Si, además, durante el gobierno del líder de ese mismo grupo, el endeudamiento sirvió tanto para enriquecer a los políticos y funcionarios públicos corruptos, como para endulzar la sociedad con una aparente estabilidad económica e institucional, entonces, tenemos un serio problema pues la corrupción configura un sistema de gobernanza basado en la opacidad.

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Con relación a la otra fuerza política, antes constituía un honorable e histórico movimiento social. Un movimiento social se caracteriza por representar la perspectiva e intereses de sus miembros, de ninguna manera, estos intereses son del todo social, pues cuando se presentan como válidos para todos, se transforman en un partido político.

Pero ocurrió una doble catástrofe, en primer lugar, sospechas de corrupción de sus líderes, que se confirman por los infames acuerdos para obstaculizar al gobierno, en la Asamblea, antes que una oposición competitiva que mejore los proyectos. Adicionalmente, justificaciones mediocres, a veces surrealistas; acciones desvergonzadas, como destinar el dinero público para murales, festejos, automóviles, mientras las gentes se mueren por falta de medicinas.

En segundo lugar, el arribo de un líder radical, y por eso autoritario, que conduce el movimiento social como un partido político, que intenta imponer una ideología como verdad de estado, mientras, sus miembros son movilizados para presionar en las calles del país, a veces de forma condicional y no voluntaria. Mientras, en las localidades de las que provienen, mujeres, hombres, jóvenes y niños, padecen la falta de desarrollo tecnológico, de educación, de salud, de créditos y de empleo.

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Como decía, cuando fuerzas políticas de enorme influencia no se unen para enfrentar el narcotráfico y evitar el control de la institucionalidad, aportan al empoderamiento de las mafias. Se requieren leyes, instituciones fuertes, inteligencia colectiva, desarrollo tecnológico, educación y una inmensa presión social para que los jueces cínicos y putrefactos sean investigados, y eliminados del servicio público.

La industria de la muerte y las escuelas del sicariato para nuestros niños y jóvenes crece por la impunidad que garantizan los jueces.

Políticos corruptos, necesitan mantenerse en el poder mientras que los narcos requieren que los políticos conserven su gestión, de las instituciones públicas, para traficar con menos obstáculos. De esta manera confluyen las decisiones que los líderes sociales y políticos toman, con los intereses del narcotráfico.

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Se puede definir a la corrupción como el uso indebido del dinero público con el fin de obtener privilegios y riqueza, sin embargo, la corrupción es más que eso: establece una forma particular de relación social en la que la moral del engaño y el hurto de los bienes públicos se considera una estrategia empresarial, un acto de viveza, un reto en el que a veces se pierde, pero poco, pues la corrupción del sistema asegura disfrutar del dinero luego de uno pocos años de cárcel. 

A esta relación corresponde un encadenamiento de acciones que aparecen invisibles a los individuos, pero que les llega de una manera u otra pues los narcos, asesinos, ladrones, estafadores y todos los tipos de corruptos, que no entran a prisión o fueron liberados, son también hijos, esposos, padres, que demandan del sistema social: van a escuelas, a restaurantes, universidades, hospitales, adquieren departamentos vehículos.

Todos ellos contratan abogados, que a su vez son pagados con dinero sucio, del tráfico, o de lo que nos robaron a cada uno de nosotros cuando asaltaron al estado.

Así poco a poco, sin darnos cuenta, asistimos a alguna reunión y en la mesa un asambleísta que actúa como si no tuviera nada que ver, como si no fuera un eslabón en la cadena de la muerte. Por eso digo que la corrupción viene con miedo.

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