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La Conaie y la descarbonización

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El incremento del precio de la gasolina Súper comenzó a roer mis bolsillos, fue cuando me di cuenta que utilizaba el automóvil hasta para ir a la tienda.

Foto: @Prostooleh- Freepik

El vecino tiene hace varios años un local de venta y arreglo de bicicletas, resulta que tenía una horrible bicicleta eléctrica amarilla, de segunda mano, era como un taxi escuálido con dos ruedas. Pero aceptó mi antigua bici como parte de pago, el resto en tres cuotas y además me la pintó de un elegante negro. Ahora hago las compras, trámites varios, incluso, visito a mi hijo en la bicicleta eléctrica.

El camino para ciclistas que parte de la estación del Bicentenario me fascina, es un trayecto que cruza una buena parte de la ciudad, pero desgraciadamente desconectado del resto de Quito. Con el ejercicio se incrementó mi necesidad de proteínas, el consumo de frutas y recuperé algo de paz mental.

El congelamiento de los combustibles es comparable a alimentar a un gato con ratas vivas esperando que se vuelva vegetariano, totalmente irracional.  Por eso estoy de acuerdo con Leonidas Iza cuando dice:

“Así que seguimos en pie caminando y esto tiene que convertirse en un ícono de unidad entre todos los dispuestos a seguir luchando contra el colonialismo y contra el modelo económico capitalista que está acabando con la vida humana y con la naturaleza en esta única madre tierra que tenemos”. (la diariamundo/ 16 octubre 2021).

¡Un momento! Algo no concuerda, ¿Iza está exigiendo el congelamiento de los combustibles? Sí, eso mismo.

¿Pero cómo puede beneficiar el alza de los combustibles a los sectores populares?

En realidad para el capitalismo anti-madre tierra, la descarbonización es un problema: el uso generalizado de transporte eléctrico transforma los hábitos de consumo: demanda más productos naturales sin los químicos que ahora mismo envenenan los alimentos; mejora la salud social, pues disminuye la contaminación ambiental y en una geografía como la de Quito, la bicicleta eléctrica facilita la movilización y estimula el ejercicio (no es una moto, siempre se pedalea).

“Sin embargo,  para  que  la  transición  sea  posible  hay  desafíos  por superar.  La  organización  de  mercado  predominante  en  los  sectores  de energía y transporte público suele estar vinculada a tecnologías y modelos empresariales ya existentes, lo cual dificulta que la energía renovable y los buses eléctricos puedan competir.” (De estructuras a servicio / BID)

La energía renovable y la movilidad eléctrica ha disminuido progresivamente sus costos e incrementado su eficiencia, tómese en cuenta que la principal fuente de contaminación por CO2 es el sector de energía y el de transporte. De hecho, el subsidio al combustible dificulta que los buses eléctricos puedan competir con modelos empresariales como el de las cooperativas de transportes que, además, tienen un aura homicida por la cantidad de accidentes que provocan en el país.

El costo de no hacer algo para descarbonizar la economía puede ser mucho peor que las ventajas de mantener el precio o incluso disminuir el valor de los combustibles.

El incremento de las tasas de motorización incrementará la actual  congestión urbana, qué decir de la perdida de horas en un transporte público peligroso, politizado y con denuncias de corrupción; mientras que, el cambio al transporte privado solo agudizará el problema de los que se ven obligados a utilizar el transporte público.

“El precio  para  la  salud  pública  puede  ser  aún mayor,  con  un  aumento  de  las  enfermedades  cardiovasculares  y  el  cáncer de pulmón como resultado del sedentarismo y de la peligrosa calidad del aire en las ciudades. Al dedicar más tiempo a los desplazamientos diarios al trabajo, la salud mental también puede deteriorarse: los viajes más largos  reducen  la  satisfacción  con  el  empleo  y  la  productividad,  aumentan los niveles de estrés general de los viajeros y los hacen menos felices” (BID)

¿Qué tal buses eléctricos en el sector rural? Ahora mismo es posible y, cuando no, se pueden reemplazar los combustibles fósiles por alternativas como el hidrógeno y los biocombustibles que provengan de fuentes sostenibles de producción.

Parece que la descarbonización debe comenzar por los cerebros de los líderes de la Conaie, cuyas justas demandas no se compadecen con las estrategias que proponen.

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