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Cómo entender el voto populista

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El voto populista estará siempre conforme con la progresiva destrucción de las instituciones. Lea este análisis.

Foto: @MohamedHassan – Pixabay

Los líderes populistas pertenecen a una versión moderna de la época tribal de la humanidad: el grupo predomina sobre el individuo, demonizan a grupos opuestos, niegan la diversidad de razonamientos o de cualquier conducta alejada de sus códigos morales, esto hace que el valor de la vida disminuya notablemente.

El líder populista no considera la realidad desde diferentes enfoques no considera la realidad de manera objetiva, es por esto que puede decir cualquier cosa, aunque carezca de sentido, pues concibe el discurso público como una herramienta para humillar a la oposición y demostrar que es dominante.

Para el populismo ubicado en el extremo político (de izquierda o derecha), el progreso, en el que importan los datos y las tendencias, es horripilante pues las cifras contradicen los argumentos pesimistas o apocalípticos que venden a sus seguidores. En este punto coinciden los académicos, la ultraderecha y la ultraizquierda: el pesimismo es mejor aceptado, les provee de una moralidad superior, ya que si estamos así de mal la única alternativa es el poder de su liderazgo. 

Si los populistas tienen éxito, no es porque dicen la verdad, sino porque dicen lo que la gente quiere escuchar. Entonces ¿quiénes son los votantes populistas?

En primer lugar, se trata de una izquierda que lucha contra el consumismo, el individualismo, el mercado capitalista, la explotación de los recursos y la democracia que beneficia a los ricos. Para este grupo los discursos acerca de la justicia social, la intervención del estado y sobre todo una postura anticapitalista, sin importar lo impracticable que puedan ser en un mundo globalizado y tecnológico pasa desapercibida.

En segundo lugar, está la derecha que cuestiona la democracia por impedir la libertad individual, la competencia y el desarrollo económico. Su disputa más fuerte está de lado de los cambios que disminuyen la cohesión social y los valores tradicionales: la migración, la homosexualidad, el derecho al aborto, la anarquía en las redes sociales. Aquí el discurso camina por un estado regulador de los colectivos, de los derechos excesivos y la violencia social; no importa que las consecuencias de la falta de políticas sociales y la participación puedan desestabilizar el sistema. 

Las dos propuestas coinciden en la necesidad de un líder fuerte por sobre las instituciones, normas y controles constitucionales; también en al ataque a los medios de información que en la democracia liberal son el centro de la libertad de expresión, incluyendo a las redes sociales que buscan desesperadamente silenciar. No se puede ser un líder fuerte, si todo el mundo decide pensar por sí mismo. 

En tercer lugar, están los fracasados, los que se perdieron el tren del progreso (no me refiero a los pobres), es decir aquellos en contra del constante avance de la participación de las minorías: los movimientos GLBTI, el feminismo; antes era contra los indígenas, ahora por las preferencias raciales, pues consideran que padecen una discriminación inversa. 

La característica general de este último segmento de votantes populistas corresponde a personas mayores, hombres (en mayor medida), con menor grado de educación, o con instrucción superior de pésima calidad; es decir, politizada, que no desarrolló hábitos para investigar los hechos y argumentar con base en datos y en consecuencia razonan con sentimientos de negación del cambio cultural que no comparten. Esto último hace fácil explicar la excepción del voto populista: los jóvenes.

La diversidad racial, de orientación de género, el fortalecimiento de la participación en todos los órdenes de las mujeres, el avance de la urbanización y las ciudades inteligentes (la vida en el campo puede ser su ideal), el laicismo y la educación son parte de su modo de vida; crecieron con Internet, viajaron, sus amigos son de todos los colores, algunos del campo, otros de orientaciones sexuales diferentes. No les gusta el autoritarismo, algo totalmente opuesto a los videojuegos colaborativos, al trabajo en equipo, a la inteligencia colectiva de la cuál los tutoriales son quizá el mejor ejemplo. El populismo autoritario aparece como la resistencia en la modernidad.

Penosamente, el voto populista estará conforme con la progresiva destrucción de las instituciones, desarrolladas con el surgimiento de las democracias liberales, para confrontar el pensamiento tribal; es por eso que las estadísticas mostrarán que aquellos sectores con menor institucionalización, más corrupción de la justicia, menor calidad de la instrucción y ahora la incidencia de estructuras tribales como las organizaciones criminales del narcotráfico es donde mejor se cultiva el voto populista.

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