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Neoliberalismo, un término, varias interpretaciones

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Neoliberalismo

Neoliberalismo, un término usado frecuentemente desde los noventa en América Latina y que en los últimos meses ha vuelto a estar en boga en Ecuador, sobre todo a partir las protestas, tanto de octubre del 2019, como de junio de este año. Sin embargo, no para todos tiene el mismo significado.

Neoliberalismo
Foto: @RawPixel – Freepik

Para algunos, sobre todo quienes son precisamente señalados de neoliberales, ese término simplemente no existe y es solo una construcción discursiva de la izquierda para denostar a sus enemigos, uno de estos es el presidente Guillermo Lasso.

Para otros el término existe y fue usado para definir una renovación del liberalismo clásico en el contexto de la posguerra. Esta es una de las premisas planteada por Enrique Ghersi político peruano y miembro de la Sociedad Mont Pelerin. Esta sociedad fundada en 1947 por Friderich Hayek, Premio Nobel de Economía y precursor del neoliberalismo, es conocida como la fuente intelectual de este pensamiento. Sin embargo, Ghersi coincide que el término ha sido corrompido por los que él llama, enemigos de la libertad, para darle una connotación negativa.

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Para quienes están en la orilla opuesta como el geógrafo marxista David Harvey, el neoliberalismo es un sistema que busca el bienestar humano por medio del desarrollo de la libertad individual en el mercado, en el contexto de un mundo globalizado. Este sistema implica varios principios rectores ligados a la lógica empresarial, como, por ejemplo, la competitividad y la eficiencia. En este sistema el Estado asume varias prerrogativas como promover la libertad económica, procurar eliminar cualquier regulación y control al libre mercado, eliminar las restricciones al intercambio comercial global, reducir el déficit fiscal y el gasto público, garantizar y defender la propiedad privada e intervenir lo menos posible en el desarrollo del mercado.

Este sistema fue aplicado inicialmente en Chile bajo la dictadura de Pinochet y sus resultados son celebrados por unos y rechazados por otros. Lo cierto es que los índices económicos colocaron a Chile como uno de los países punteros en América Latina. Posteriormente a inicios de los ochenta, Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en el Reino Unido e incluso Deng Xiaoping en China aplicaron estos principios en sus economías. Los países de América Latina, a finales de los ochenta, fueron plegando a este modelo bajo la figura del conocido Consenso De Washington.

El Consenso formula varias recomendaciones para las economías de la región que, en teoría, las llevaría al crecimiento y las insertarían en el mercado global.

Una característica que se le endilga a este modelo son los condicionamientos que se impone a los países que buscan financiamiento en los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, quienes estarían tras la promoción del neoliberalismo.

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En el Ecuador como en varios países de la región, los intentos de implantación de este modelo han sido objeto de una fuerte resistencia de los movimientos sociales, del sector indígena, de algunos sectores políticos y de una buena parte de la población. Muchas de las criticas han venido por causa de los efectos que este modelo pudiese tener en áreas sensibles como la economía, la educación y la salud.

Mas allá de las valoraciones positivas o negativas que se puedan hacer a este modelo, deseo cerrar este espacio con una inquietud para el lector. ¿Es verdaderamente un modelo político y económico lo que verdaderamente nos va a llevar a salir del subdesarrollo? ¿Son las ideas o son las personas las que hacen grandes a una nación? ¿Son los cambios económicos los que traen cambios culturales y éticos en una sociedad o son los cambios culturales y éticos los que traen cambios económicos? ¿Cuál debe ser la prioridad de la política actual pensando en las siguientes décadas, la inversión en el mercado o la inversión en los seres humanos?

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