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Dignificar la política

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Ser joven no es garantía de honestidad pero es fundamental rejuvenecer la política con nuevos cuadros. El futuro del país está en juego.

Foto: @elizabetharmstrong – Pexels

La corrupción hoy ocupa los principales titulares de los medios de comunicación, tema que genera entre nosotros los ciudadanos mucha indignación. Latinoamérica exige y merece mejores políticos y mejores servidores públicos, por eso nuestra generación tiene un compromiso impostergable: dignificar la política y reivindicar el servicio público. 

Es indispensable que desde los hogares y las aulas de clase nuestros niños y jóvenes reciban una educación integral centrada en valores y principios básicos de ética y cívica, lo que además se debe replicar desde el ejemplo.

¡Dejemos de normalizar o aplaudir la corrupción! Si nuestro vecino de la noche a la mañana y de manera injustificada cambia radicalmente su estilo de vida, esto en lugar de ser aplaudido debe generar sospecha y repudio.

La corrupción mata: no se trata únicamente de robarle dinero al Estado. Esta pandemia ha demostrado que el dinero robado pudo invertirse en más camas de UCI para salvar la vida de tantas personas que no encontraron atención oportuna. La política y el servicio público no deben ser instancias de enriquecimiento o para favorecer a familiares y amigos. Requerimos extremo cuidado con el manejo de los fondos públicos.

Es urgente crear las condiciones en los hechos y el derecho para prevenir, denunciar y sancionar la corrupción, pero también para recuperar el dinero obtenido de manera irregular. La libertad de expresión y el periodismo de investigación son herramientas muy importantes para que los casos de corrupción sean denunciados y dar seguimiento a esas denuncias. Eso sí, el periodismo debe ejercerse con responsabilidad, respetando la presunción de inocencia. Por otro lado, la justicia debe ser eficiente e independiente, lejos de la presión de políticos, prensa y redes sociales. En derecho, fiscales y jueces deben investigar y sancionar la corrupción con contundencia. El inocente, que salga; el culpable, que vaya a la cárcel y devuelva lo robado.

Ahora bien, ser joven no es garantía de honestidad y de eso hay ejemplos de sobra: muchos de mi edad solo han perfeccionado viejas prácticas. Es fundamental rejuvenecer la política con personas honestas y que hayan demostrado una vida de esfuerzo y trabajo. La edad no es lo importante, pero se deben renovar los cuadros políticos para que en las próximas elecciones podamos elegir a personas con firmes convicciones democráticas, valores éticos y capacidad profesional. Los partidos políticos tienen este importante desafío a pocas semanas de presentar sus candidatos.

El político debe tener dónde volver luego de la política: para evitar perennizarse o buscar enriquecerse en la política, quienes aspiren a cargos de elección popular deben demostrar a sus electores que tienen una actividad a la que puedan volver luego de concluido su período. Que para las elecciones podamos ver en la papeleta a los mejores candidatos. Así como hoy es una práctica común fumigar los espacios, es urgente fumigar la política y marcar distancia con los malos políticos.

Latinoamérica merece y exige mejores políticos que hagan mejor política. Nuestra generación tiene compromiso que no podemos postergar más: dignificar la política y reivindicar el servicio público.

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