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A Quito solo le pueden salvar las urnas

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Quito Crisis

La ciudad necesita de un cambio en su administración. El modelo de Alcaldes por zonas es una alternativa. Conozca más.

Quito Crisis
Fotos: Gianna Benalcázar -CCQ

La disposición final de la basura sigue al límite desde hace más de 10 años, y solo por algún milagro nocturno que se vincula con el río Inga, no ha colapsado. 

El Metro no ha logrado complementarse con un nuevo plan de transporte en la ciudad y por tanto no funcionará al menos hasta la siguiente administración municipal. 

La regularización del uso del suelo está a la deriva, entre las ansias de los constructores y urbanizadores y la indolencia de los pobladores, y avanza por los cuatro costados el crecimiento informal, que parece ser la mejor vía para construir algo en Quito. 

Las empresas municipales son lentas e indolentes, y las administraciones zonales son sucursales que sólo reciben papeles para enviarlos a algún recoveco centralizado. 

Los agentes de tránsito municipales han demostrado gran talento para extorsionar y para no controlar nada en el tránsito. 

Los concejales solo logran citar a Spiderman, invocar a una dudosa Carita de Dios, y hacer unos discursos paupérrimos. 

La destitución del Alcalde Yunda, acelerada por las denuncias de múltiples negociados, coimas, manejos familiares y filiales impublicables, si bien fue por un pretexto menor, cumplió las normas previstas en el COOTAD y la legislación vigente. Asi lo reconocieron 14 concejales y el pleno del Tribunal Contencioso Electoral. 

Yunda como buen mañoso, recurriendo a todas las instancias de protección legal y constitucional, a aquellas que se han puesto en las leyes dizque para proteger a los más débiles y que sólo utilizan los más poderosos para cubrir sus miserias, se mantiene atornillado a su sillón, en medio del desprecio y la indiferencia de muchos. 

Los representantes de las élites de la ciudad, con discursos nostálgicos de lo que fue Quito, cuando no llegaba al millón de habitantes, apelan al criterio de sus ex alcaldes, que en su mayoría han superado los 75 años de edad, y quizá merecen el respeto del retiro y no la contienda cotidiana, tal como aconseja el Vaticano para sus obispos, y todos se pierden en las propuestas de mediación y de salidas judiciales, cuando este es un problema político. 

Resulta penoso ver que nadie plantea el problema de fondo. 

Quito, otrora plataforma para candidatos presidenciales o para figuras históricas desde su Alcaldía, resulta ahora una cuasi cloaca donde Alcalde y concejales se sumergen para pasar al olvido. 

Esta ciudad necesita otro tipo de administración. Se necesitan un Alcalde Mayor y Alcaldías zonales, todas de elección popular. Nada tiene que ver el crecimiento de Calderón, Carapungo, Marianitas y Pomasqui, bastante ordenado por cierto, con el desorden de Cumbayá, escondido tras las puertas de sus ostentosas urbanizaciones. 

Ese nuevo norte de Quito, merece un Alcalde zonal propio para más de 300 000 personas que allí viven, y que están construyendo casas diariamente sin ninguna formalidad, porque es la única forma de hacerlo ante la tramitología municipal y la papelería inútil de sus órganos colaboradores. 

Si no se segmenta el manejo de la basura, esta ciudad no será viable. Y no hablo de la basura del interior del Concejo Municipal, sino de toda la ciudad. 

El sur de Quito, desde la Villaflora hasta Tambillo, requiere igualmente una administración propia, electa por sus habitantes, que con presupuesto propio pueda manejarse eficientemente. 

El Valle de Cumbayá, Tumbaco, Puembo y Tababela, merece un desarrollo ordenado que en estos mismos días está volviéndose imposible. 

Muchos temas requieren un manejo más integral y global, y para eso se necesita un Alcalde Metropolitano, que junto con los anteriores, vea la totalidad del problema. La gestión del agua, el transporte, la contaminación ambiental y dotación de servicios, suponen vincular la ciudad con sus áreas y cuencas colindantes. 

Si no se ve en este momento un cambio drástico de cómo administrar la ciudad, y de cómo elegir a quienes nos deben guiar en esta tarea, no se resolverá la situación. Los dos últimos alcaldes y sus concejos municipales así lo demuestran. 

Y aún no se escuchan voces, y menos propuestas, de una solución que debe nacer en donde se inició el problema: en las urnas, antes de 2023. 

Es hora de que empiecen a surgir las propuestas serias de otro tipo de administración, que incluya Alcaldías zonales o distritales, con sus respectivos Alcaldes y Concejos, que se integren en una mayor. 

Y cambios en las empresas que rigen los servicios, evitando el reparto entre concejales que no logran administrarlas. Y reformas a los distritos electorales. La solución está ahí donde se inició el problema, en las urnas. En 2023. Y si seguimos viendo para otro lado, seguiremos en el caos actual. 

  • El autor es analista de la empresa Rodríguez & Baudoin Comunicación Estratégica.
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