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El comercio internacional se preocupa de la equidad laboral

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Según datos del Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, las empresas que comercian a nivel internacional tienen índice del 33,2% de fuerza laboral femenina.

¿El comercio mejora la vida de las mujeres? Esta es una interrogante que sirve como punto de partida para analizar los vínculos y la incidencia del comercio en función del género; puesto que esta actividad ha llegado a mejorar el nivel de vida de miles de millones de personas, muchas de las cuales son mujeres.

Por otro lado, numerosos datos empíricos demuestran que el comercio ha dado lugar a un aumento de la productividad, una mayor competencia, precios más bajos y un incremento tanto en los ingresos como el bienestar. En este contexto, una de las dificultades existentes para analizar la relación entre el comercio y el género es la falta de datos desglosados por género, por lo que resulta esencial comprender mejor la incidencia del comercio en las mujeres para el proceso de desarrollo de los países y la recuperación de la economía mundial tras la pandemia. 

En un informe conjunto del Banco Mundial (BM) y de la Organización Mundial del Comercio (OMC), denominado “Las mujeres y el comercio: el papel del comercio en la promoción de la igualdad de género”, se establece por primera vez un conjunto único de datos en el que la información laboral está desglosada por género a nivel de la rama de producción para un gran número de países.

Como resultado de este análisis se demuestra las promesas que encierra el comercio para las mujeres, y también se señalan varias tendencias que ellas pueden aprovechar: el crecimiento de los servicios, el auge de las cadenas de valor mundiales y la expansión de la economía digital. En esas tres esferas, las mujeres tienen la oportunidad de aumentar su participación en la fuerza laboral, mejorar sus propias aptitudes y salarios, y encontrar formas de lograr un mejor equilibrio entre la vida profesional y la vida privada. 

Algunas de las conclusiones más destacadas que arroja el análisis, indican que las empresas que realizan actividades de comercio internacional emplean a más mujeres: en los países en desarrollo, las mujeres representan el 33,2% de la fuerza de trabajo de las empresas que comercian a nivel internacional, en comparación con solo el 24,3% en el caso de las empresas no exportadoras y el 28,1% en el de las empresas no importadoras.

Las mujeres también están mejor representadas en las empresas que participan en cadenas de valor mundiales (CVM) y que son de propiedad extranjera, representando el 36,7% de la fuerza de trabajo de las empresas vinculadas a CVM y el 37,8% de la fuerza de trabajo de las empresas de propiedad extranjera, es decir, 10,9 y 12,2 puntos porcentuales más, respectivamente, que la proporción correspondiente a las empresas de propiedad nacional y no vinculadas a CVM.

Como ejemplo de esto, el informe muestra que en países como Marruecos, Rumania y Viet Nam, las mujeres representan el 50% o más de la fuerza laboral de las empresas exportadoras, que han creado empleo para más de 5 millones de mujeres, aproximadamente el 15% de la población femenina que trabaja en esos países.

El comercio por sí solo no es la panacea para cerrar las brechas de género. Las conclusiones del informe ponen en evidencia las oportunidades que ofrece contar con un comercio mucho más inclusivo: destaca la forma en que, colectivamente, los Gobiernos, el sector privado y las organizaciones internacionales pueden crear —mediante iniciativas complementarias— las condiciones necesarias para que las mujeres se beneficien del comercio, en lugar de quedar rezagadas.

Para maximizar estos beneficios para las mujeres, es preciso evaluar las políticas comerciales teniendo en cuenta sus diferentes repercusiones en las mujeres y eliminar los “aranceles rosas” (relacionados a la industria y el comercio textil, por ejemplo) y otros sesgos implícitos.

La apertura al comercio en sectores clave, como los servicios, y algunas simples intervenciones de facilitación del comercio, pueden crear nuevas y valiosas oportunidades para que las mujeres aprovechen los beneficios del comercio, generando un gran impacto para las pequeñas comerciantes.

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