Escribe para buscar

Datos Portada

Estas son las emisiones de CO2 en América del Sur y Centroamérica

Compartir

A pesar de que el CO2 convive con la humanidad desde hace miles de años y se ha mantenido en un balance energético terrestre gracias a los mecanismos de captación de CO2 vía fotosíntesis y los procesos de respiración de los seres vivos, en el tiempo actual, se ha perdido el equilibrio.

Algunos investigadores señalan que si en los últimos 800.000 años la concentración de CO2 en la atmósfera fluctuó entre las 170 y 330 partes por millón (niveles muy aceptables para la sostenibilidad del planeta), durante los últimos 170 años, y de forma enormemente acelerada durante los últimos 30 años, ésta se ha disparado hasta valores que alcanzan en la actualidad 415 partes por millón. 

Las emisiones de CO2 se han multiplicado y tienen consecuencias: es un gas que contribuye al calentamiento del planeta junto a otros gases naturales (metano, óxido nitroso) o artificiales (gases fluorados) y que en conjunto forman parte de los mentados gases de efecto invernadero (GEI).

De hecho, el aumento de su presencia en la atmósfera es lo que desencadena el cambio climático, crisis climática o emergencia climática, tres términos que se utilizan en la actualidad para describir el calentamiento global que sufre la Tierra.

En este aspecto, los datos obtenidos de la Revisión Estadística de Energía Mundial 2021 (Statistical Review of World Energy 2021) proporcionados por BP p.l.c., muestran que la combinación de la pandemia y las medidas adoptadas para limitar su impacto condujeron a que el consumo de energía primaria caiga un 4,5% en 2020, considerándose el mayor descenso desde 1945.

Las cifras señalan también que, las emisiones de carbono derivadas del uso de energía cayeron un 6,3%, a su nivel más bajo desde 2011, y al igual que con la energía primaria, ésta fue la mayor disminución desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Centro y Sudamérica, de acuerdo a cifras del reporte, Brasil es el país de la región con la mayor emisión de CO2 en millones de toneladas (417,5), seguido -aunque separado por mucho- de Argentina (164,1), dejando a Colombia (92,7), Venezuela (88,5) y Chile (87,7) en el rango de emisiones menores a 100 pero mayores a 50 millones de toneladas de CO2. Perú, con 44,6, Ecuador con 30,7 y Trinidad y Tobago con 18,6, permanecen bajo el umbral de los 50 millones de toneladas de emisiones.

Aun así, los países de Centro y Sudamérica en total emiten 1157,7 millones de toneladas, valores que son relativamente bajos comparados con los 3596,8 millones de Europa, o, los 16778 millones de toneladas que emiten los países del Asia Pacífico, donde China representa el 59% de este total.

Otras estadísticas confirman que las emisiones de CO2 no han bajado durante los últimos años (a excepción de los meses de confinamientos y la caída drástica de la actividad en muchos países debido a la pandemia); en 2017, por ejemplo, muestran que la Unión Europea (UE-27) emitió 3,9 Gton de CO2e (Gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente). Esta cantidad representa el 7% del total de los GEI.

Por lo tanto, si la UE-27 alcanzara la neutralidad climática tendría un gran impacto en el desafío climático. Desde luego, no todos los ámbitos de actividad industrial emiten las mismas cantidades a la atmósfera; las emisiones se reparten, sobre todo entre cinco sectores: transporte (28%), industria (26%), generación de electricidad (23%), edificios (13%) y agricultura (12%). Sin olvidar los combustibles fósiles, que son la principal fuente (80%) de GEI. 

Si el ser humano no rebaja a toda costa sus índices de emisiones de CO2 a la atmósfera, los informes científicos auguran múltiples riesgos e impactos: colapso de las cosechas con el consecuente desabastecimiento, disminución del agua potable (por primera vez en la historia ésta cotiza en el mercado de futuros, como si fuera trigo u oro), extinción de especies, subidas del nivel del mar, desaparición de ecosistemas enteros (como los arrecifes de coral), el aumento de sequías, huracanes o tifones, migraciones masivas por causas climáticas y geopolíticas asociadas; haciendo crecer la fragilidad de los ecosistemas y muchos otros futuros problemas que ni siquiera son predecibles hoy.

El álgebra del CO2 se basa en el equilibrio, y la actividad humana lo ha desestabilizado en las últimas décadas, aunque aún se está a tiempo de hallar solución, se ha perdido el equilibrio.

Etiquetas:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *