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Conozca la historia de la tradicional Colada Morada

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Nuestra Colada Morada es cálida y dulce, una explosión de frutas, de historia y tradición. Un sorbo de nuestros ancestros y un mensaje desde la muerte; como la sangre, oscura y espesa… como la vida, vibrante y amorosa.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

De las tantas tradiciones de la cultura ecuatoriana, el Día de los Difuntos es de las pocas que son esperadas con tanta devoción. Es la fecha donde se disfruta la Colada Morada. Cada año, su preparación se trasmite de generación en generación y, desde los meses previos de septiembre y octubre, se inicia su preparación y comercialización.

Antiguamente esta tradición era llamada mazamorra morada y su origen se remonta a los tiempos prehispánicos, es decir hace unos de 5 000 años atrás. Sin embargo, algunos historiadores aseguran que esta tradición tendría su inicio en ritos de celebración fúnebre indígena de hasta 10 000 años de antigüedad.

Carolina Pérez, docente de gastronomía de la Universidad de las Américas, asegura que esta tradición tiene sus orígenes en la cosmovisión andina, extendida no solo en el Ecuador sino en los demás países de la región como Perú, Bolivia y Chile. La docente cuenta que en el calendario Inca existe la celebración conocida como el Aya Marcay Quilla, desde octubre, en el inicio de la época de las lluvias, dónde se creía que, al refrescarse la tierra, el sol da la oportunidad de que se abran las puertas de la comunicación entre vivos y muertos.

La cultura andina, destaca Pérez, sostiene el pensamiento de que quien fallece tiene que emprender un camino hacia el más allá, un duro viaje después de la muerte hacia su otra vida. Estas creencias fueron concebidas también, en algún momento de la historia, en casi todas las culturas de la Tierra desde la antigua cultura China.

Esta idea sugiere que el espíritu de la persona fallecida necesita de energía para emprender ese largo caminar en el cruce hacia su otra vida. Así nació el ritual de compartir y llevar alimentos a las tumbas (ofrenda prehispánica) y en ocasiones incluso las posesiones del difunto. Según una investigación de Santiago Pazos Carrillo, los conquistadores españoles percibieron estas tradiciones como costumbres demoníacas y trataron de eliminarlas; pero los indígenas en su afán por mantenerlas camuflaron estas celebraciones mediante una mezcla de elementos de la alimentación hispana (el pan) y asentaron estos ritos juntos con las celebraciones católicas de los santos difuntos en noviembre.

Estas ofrendas, tanto las prehispánicas, como la Colada Morada y el pan de difuntos, son reminiscencias simbólicas del óbito. Así la Colada Morada o la mazamorra morada, tiene el color representativo de la muerte y las guaguas de pan representan al ser querido fallecido. Un teoría afirma que la forma peculiar de las guaguas de pan derivan de las manera en que los caciques eran enterrados en las tumbas indígenas, en cuclillas, y envueltos brazos y piernas.

Por otro lado, según Carolina Pérez y el investigador Santiago Pazos, las bebidas fermentadas como la chicha y el champús, hechas de cereales fermentados entre ellos el maíz de jora, maíz mascado y maíz negro, ocupaban un lugar importante en los rituales y se las consideraba bebidas sagradas. La transformación hacia la actual colada morada es un proceso de sinergia de sabores e ingredientes tanto nativos como de aquellos que llegaron junto con el mestizaje

Desde las recetas más puristas y antiguas hasta las más actuales, hay ciertos ingredientes que son irremplazables para su preparación. Santiago Pazos, en su taller de Colada Morada y Pan de Finados, menciona que la primera referencia de la colada morada es en 1548 del historiador Pedro de Cieza y ahí se afirma que la chicha y el ishpingo son de los primeros ingredientes para crear la Colada Morada ecuatoriana. Es lo que le brinda mayor parte de su aroma y sabor. El otro ingrediente que no puede faltar es la harina de maíz negro. Entre las frutas que no pueden faltar se encuentra el mortiño, un arbusto silvestre endémico de Ecuador, éste junto con la mora de castilla son los responsables del color intenso de la colada.

La Colada Morada es algo más que una bebida, pues representa una costumbre inherente a las uniones familiares en cada rincón del territorio ecuatoriano. Su importancia yace en la identidad propia de su naturaleza de comunión que se da en la preparación y en el vínculo emocional de compartir la mesa, un ritual que trasciende lo terreno para conectar con los seres queridos que partieron.

“Pero la gente tiene una costumbre que se llama ritual, simbólica, veterada y profunda, dónde nos preparamos todos, hasta los pequeñitos. Es una costumbre que sale, no solamente de la mesa, del plato, o de la comida. ¿De dónde sale? Del shungo y de la cabeza. ¿Por qué? Porque la cabeza y el corazón recuerdan que en un tiempo determinado hay que preparar la colada morada. Y la costumbre de los mayores tiene que traspasar la barrera del tiempo y enseñar a los menores cómo hacerlo, de eso se trata esta charla de la colada morada”.


Conferencia dictada por Enrique Tasiguano
Pueblo Kitukara, Quito, 30/10/2011
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