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Los juramentos de amor eterno

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Muchas relaciones de pareja están marcadas por un anhelo que no es real. Lea esta reflexión.

Foto: @katemangostar – Pixabay

Fuimos criados con la idea del príncipe azul y la princesa, con la idea de que el hombre o mujer ideal nos harían felices por siempre y cumplirían todos nuestros deseos.

Todo aquello que aprendimos sobre la pareja, lo hicimos a través de las películas que terminaban con la frase: “y vivieron felices por siempre“. 

Esta es una frase que suena muy bonita pero es poco real. En la actualidad los hechos nos muestran las cosas de formas distintas; de hecho, el porcentaje de divorcios es cada vez más elevado. 

¿Acaso las princesas y los principes se han ido? ¿Los amores para siempre son producto de nuestra imaginación?

A lo mejor necesitamos una nueva mirada sobre lo que es una pareja. Liberarnos de esa idea de perfección, posiblemente, nos retire pesos que en muchas ocasiones nos han quitado el sueño, la tranquilidad.

Cuando dos personas se unen, no sólo ellas se involucran. Están presentes sus historias y creencias de sus ancestros. Desde este punto, ya sabemos que no venimos solos a una relación y que toda nuestra historia y la de nuestra pareja influyen. Son dos seres humanos con historias familiares de alegrías, talentos, dolores, pérdidas, aciertos y desaciertos. Están lejos de ser perfectos. 

Cuando podemos mirarnos desde este lugar, seremos menos exigentes y críticos con nosotros, nuestra pareja y nuestro entorno. Nos podemos relacionar desde un lugar más amoroso, más real y desde nuestro ser adulto, aprender a comunicarnos con mayor claridad y pedir lo que necesitamos del otro.

Es más, nuestra mirada del amor se va transformando con el paso del tiempo y depende de la edad que tenemos.

Enamorarnos en la adolescencia nos conecta con la idea del amor ideal de los cuentos lindos que hemos creado. Hacerlo luego de la universidad nos trae esta idea de que somos expertos y elegimos la pareja perfecta. Enamorarnos después de un divorcio nos muestra un lado más amable y conciliador con nosotros y con el otro. Después de los 50 quizás nos permite vivir más en el presente sin tantos planes a largo plazo y soltar el deseo de controlarlo todo.

Por todo esto, el amor tiene varias etapas y espectativas, no hay verdades absolutas, nadie es dueño de la verdad y no existe un plan para ser la pareja perfecta. Lo importante es que el camino que elijamos este dentro de la mayor coherencia con nosotros y, cualquier historia de pareja que vivamos, nos permita sentirnos bien con nosotros y con el otro.

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