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La Diablada vuelve a Píllaro, después de dos años

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La Diablada de Píllaro vuelve a tomarse las calles para celebrar el Año Nuevo.

Foto: Jorge Perez – API

La Diablada Pillareña -en la actualidad- resulta una de las festividades de más significación en el cantón Píllaro de la provincia de Tungurahua, Ecuador. Es parte del imaginario de las personas que habitan el sector, por lo que se hace importante referirse a esta dinámica cultural desde una perspectiva antropológica.

El periodismo por el ambiente

Cientos de diablos se ‘liberan’ de lo profundo de Tungurahua para bailar en un ritual cultural de bienvenida al Año Nuevo, por una semana completa. Niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, locales y extranjeros disfrutan de esta tradicional fiesta, la primera del año.

La Diablada de Píllaro vuelve, tras dos años de permanecer en aislamiento y con restricciones por la pandemia provocada por la Covid-19. Al ritmo de pasacalles y pasillos entonados por bandas de pueblo, las comparsas se tomaron las calles y los barrios de píllaro.

Patrimonio Cultural Intangible

Esta popular fiesta fue declarada en 2008 como Patrimonio Cultural Intangible del Ecuador por la Asamblea Nacional.

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Capariches, parejas de línea, guarichas, la banda del pueblo y los cabecillas forman las partidas que acompañan a los diablos, unos personajes que más que miedo, provocan curiosidad y contagian con su danzar de ímpetu.

Sus caretas, elaboradas durante meses por hábiles artesanos, reflejan el cariño que sus habitantes entregan para preparar la celebración.

Su historia

La leyenda cuenta que los diablos de Píllaro empezaron a surgir hace siglos para espantar a los esclavistas españoles que otorgaban a los indígenas de la zona solo un día de descanso el primer día del año.

Como reproche, los indígenas se vistieron con ropas coloridas y caretas de diablos, tocados con grandes osamentas, para espantar a los amos y por una vez en el año sentirse dueños de su libertad.

Se reactiva el turismo y la economía

Se calcula que en los primeros dos días (1 y 2 de enero) cerca de 30.000 personas diarias se congregaron en Píllaro para participar o disfrutar del baile de los diablos, aunque el Municipio de este cantón aspira a que en los seis días de festejos sean unos 100.000 los visitantes.

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