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Y usted, ¿ya fue a terapia?

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Un proceso de psicoterapia puede incidir de forma importante en su calidad de vida, las relaciones con sus seres queridos y con usted mismo. Una especialista nos cuenta sus múltiples beneficios.

Foto: @Tumisu – Pixabay

Usualmente consideramos la visita al psicólogo cuando algo en nuestra vida no está de la forma en que quisiéramos; ya sea porque no nos sentimos satisfechos con nuestra vida en general o con nuestras relaciones, o porque tenemos síntomas físicos y psicológicos como ansiedad, depresión y muchas otras sensaciones que experimentamos como dolorosas. De este modo iniciar un proceso psicoterapéutico es una de las decisiones que más puede impactar en nuestra vida. Nos lleva a experimentar una serie beneficios, quizá poco conocidos.

Para empezar, la psicoterapia es el proceso por el cual, a través de la relación con el terapeuta y el espacio seguro que nos brinda, podemos poco a poco develar nuestros pensamientos y conductas que más miedo o vergüenza nos producen, sin el temor de ser juzgados o criticados. El terapeuta es un espejo que, sin juicio, nos devuelve aspectos que no podíamos ver ni darnos cuenta por nosotros mismos. De esta forma, poco a poco, comienzan a salir a la conciencia aspectos que estaban muy arraigados en el inconsciente, sepultados ahí por muchos años debido al temor de enfrentarlos o de ser censurados en caso de hacerlo. Carl Jung señaló, que lo que permanece en el inconsciente gobierna nuestras vidas y lo llamaremos destino. Comprender aquello que hemos sepultado en nuestra mente, nos ayuda a poner luz a aspectos que nos gobiernan desde lugares que desconocíamos.

Adicionalmente, la psicoterapia nos ayuda a reescribir nuestra historia, en el sentido de que, podemos ver los mismos eventos de nuestro pasado a través de nuevos lentes. Hacemos una nueva lectura de aquello que creíamos que estaba bien o que estaba mal, aquello que nos daba tanto miedo o vergüenza, y esta vez darle un significado más ajustado y contextualizado.

En el espacio terapéutico se manifiesta nuestra forma de actuar y pensar, es entonces cuando el terapeuta nos hace las oportunas devoluciones a nuestras acciones y emociones para que logremos ver de qué forma operan, qué situaciones las activan y cómo darles una nueva interpretación para que, esta vez, podamos escoger la forma de responder a las mismas y no simplemente reaccionar de forma automática e inconsciente. Con estas devoluciones, comenzamos a ver las distorsiones en nuestras creencias, creadas en nuestra infancia. Revisar nuestra historia y muy especialmente, nuestra infancia es vital para poder comprender en gran medida la influencia del pasado en nuestro presente.

Por último, la relación con el terapeuta nos sirve como un modelo apropiado de relación, en el sentido de que, muchos de nosotros salimos de nuestra infancia sin haber tenido el afecto, respeto y cuidado apropiado, sin que nos hicieran sentir vistos, o incluso que nos permitan sentirnos de la forma que genuinamente deseábamos sentirnos. El terapeuta nos dará el espacio para explorar los sentimientos que una vez tuvimos que reprimir. Podemos sentir la ira, la tristeza, nuestras necesidades afectivas, nuestro descontento, y el terapeuta lo aceptará. Cuando nos experimentamos de esta manera, nos será mucho más fácil llevarlo a las demás relaciones de nuestras vidas, donde podemos actuar de una forma más genuina y autentica. Con ello, nuestras relaciones se sentirán más sanas y libres de juegos psicológicos.

Podemos decir que invertir recursos y tiempo en procesos psicoterapéuticos de autoconocimiento siempre será una buena inversión ¿Qué no daríamos por sentir la serenidad que tanto anhelamos?

  • La autora es Psicóloga y Coach Relacional especialista en relaciones interpersonales.

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