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Cambios en las tarifas ICE

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A continuación te contamos, en cifras, los cambios en las tarifas del impuesto a los consumos especiales (ICE).

ICE

La política fiscal de las naciones es una de las herramientas más poderosas de un gobierno, puesto que le permiten a éste, enfrentar de mejor forma las fluctuaciones de su actividad económica; más aún en una economía dolarizada como la ecuatoriana, cuya política fiscal permite -en teoría-, procurar la distribución de los ingresos fiscales y apoyar el desarrollo del aparato productivo. En este aspecto, los impuestos existen para financiar año tras año, parte del presupuesto de un país, dada su naturaleza recaudatoria.

En el caso del Ecuador, uno de éstos es el ICE (Impuesto a los Consumos Especiales), que es un tributo que grava a ciertos bienes nacionales o importados y servicios, detallados en la Ley de Régimen Tributario Interno. Éste impuesto se origina en el mes de diciembre de 1989, con la creación de la mencionada Ley (en ese entonces Ley No. 56), y tiene por objetivo principal restringir la compra o el consumo de bienes considerados “suntuarios” y/o los dañinos para la salud. Sin embargo, antes de implementarse como el ICE que se conoce, desde la década los 70 ya existían leyes e impuestos con características o fines similares; entre los que se puede mencionar: Impuesto a las bebidas gaseosas (1977), Impuesto Selectivo al Consumo de la Cerveza (1978), Ley del Sistema Impositivo de Cigarrillos (1979), Impuestos a los Consumos Selectivos (1983), Ley de Sistema Impositivo al Consumo Selectivo de Productos Alcohólicos de Fabricación Nacional (1986); evidenciando un Estado que busca soluciones a ciertos problemas relacionados con la salud pública (consumo excesivo de licor y cigarrillos), a través del sistema impositivo, probablemente con la esperanza de disminuir este comportamiento al establecerse precios elevados de venta.

Desde que fue creado hasta la actualidad, el ICE ha tenido varias reformas, tanto en tarifas como en los productos que lo gravan. En la actualidad, son 13 categorías de productos los que gravan ICE en Ecuador, productos que la administración tributaria los ha juntado en 5 grupos –numerados en números romanos-, estableciéndose así mismo 3 formas de imposición: a) tarifa específica (monto fijo por cada unidad del bien gravado, independientemente del valor del bien), b) tarifa Ad Valorem (porcentaje aplicado sobre la base imponible determinada por la Ley, de acuerdo al bien), y c) tarifa Mixta (combina los dos tipos de imposición anteriores sobre un mismo bien o servicio). 

El año 2023 inició con el ajuste incremental de las tarifas específicas de ICE para productos como bebidas alcohólicas, cervezas, cigarrillos, bebidas azucaradas (>25gr. azúcar/lt.), entre los principales; tarifas que por Ley se ajustan “…anual y acumulativamente en función de la variación anual del índice de precios al consumidor (IPC general) …”. Sin embargo, transcurridos 10 días, el poder Ejecutivo emitió el Decreto Ejecutivo 645, con el cual resuelve y anuncia que se “reducen” las tarifas del ICE. Reducción a media tinta, puesto que, por un lado, se rebajan las tarifas Ad Valorem para dos grupos de productos: los de “Tabaco de los consumibles de tabaco calentado y líquidos que contengan nicotina a ser administrados por medio de sistemas de administración de nicotina”, que pasan de 150% a 50%, y las “Armas de fuego, armas deportivas y municiones” que bajan de 300% a 30%. Esto no hace más que confirmar que, otra vez el Estado busca solucionar problemas sociales complejos como la seguridad ciudadana y el comercio ilícito, apoyándose en el sistema impositivo. 

Por otro lado, la media tinta técnicamente viene por la “reducción” de las tarifas específicas a los productos que se las incrementaron por la variación del IPC 2022 para el año fiscal 2023, pero que el Decreto los vuelve al valor que tuvieron para el ejercicio fiscal 2022. Por lo tanto, ¿reducción? casi, pero aplicada sobre una medida que tendrá corta duración hasta que el Decreto se publique en Registro Oficial y entre en vigencia.

Esta rectificación, hipotéticamente pretendería evitar que debido al incremento de ICE que se aplicó para gaseosas, licores y cigarrillos, el comercio formal siga perdiendo la batalla contra aquellos de dudosa procedencia que el consumidor final los consigue en la calle, mientras se desconoce dónde los consiguen quienes los comercializan. También hay que preguntarse si el Decreto logrará disminuir los p.v.p. que estos productos ya tienen subidos en tiendas, minimarkets, distribuidores y comercios de abastos; porque al menos, mientras el Decreto no se publique en Registro Oficial, las tarifas de ICE siguen incrementadas, lo cual también podría acarrear problemas en las declaraciones a los contribuyentes. 

ICE

Sobre este aspecto, el consumo habitual de cigarrillos, licores, y hasta de gaseosas con azúcar se ha mantenido independiente a los impuestos a lo largo del tiempo, demostrando que a pesar de que se implementen niveles impositivos altos, sus consumidores no dejarán de adquirirlos, puesto que serán las condiciones sociales las que determinarán su consumo, ya que son productos inelásticos, que los vuelve casi inmunes a las variaciones de precio, a pesar de que su p.v.p. se derive de un impuesto como el ICE. Por otro lado, la carestía de los productos importados o producidos legalmente, deja el campo abierto para que productos de dudosa legalidad y calidad sanitaria, invadan el mercado informal y pongan sobre la mesa, la oferta que los demandantes consumidores de estos productos requieren, agravando aún más los problemas de salud pública que se pretenden combatir a través del ICE. 

Si bien es cierto un tema son las tarifas del impuesto, desde su creación se ha batallado también acerca de su Base Imponible, misma que se determina comparando el precio de venta al público, menos el IVA e ICE, contra el precio ex fábrica o ex aduana incrementado en un 30% de margen presuntivo de comercialización, para finalmente tomar el resultado mayor de esta comparación. Esta fórmula junto con todas sus reformas legales, respecto principalmente de lo que se entiende por “precio ex fábrica” y los costos y gastos que lo componen, hace que en la práctica existan 4 tipos de bases imponibles relacionadas con el precio ex fábrica o ex aduana del ICE: a) para quienes solo fabrican, b) para quienes fabrican, distribuyen y comercializan, c) para los que solo importan, y d) para aquellos que importan, distribuyen y comercializan.

Estas distintas bases imponibles, que dependen de la estructura del negocio del sujeto pasivo, vulneran la seguridad jurídica y dan paso a desigualdades entre contribuyentes que aparentemente se encontrarían en igualdad de condiciones, puesto que si el ICE se llega a determinar a partir de la estructura del negocio como se ha detallado, desnaturaliza la finalidad del impuesto, y degenera en la creación de modelos de negocio con estructuras enfocadas en pagar menos ICE. 

Estas permisividades en la norma, así como la inexistente relación tributaria de los consumidores con los productos nocivos para la salud que gravan ICE, permite concluir que éste impuesto ha dejado de tener la finalidad de incentivar o desincentivar una conducta, y que ha quedado como un impuesto completamente recaudatorio; las cifras así lo demuestran. De acuerdo a información del Servicio de Rentas Internas SRI, en el año 2021, USD 830 millones se recaudaron por concepto del ICE, de los cuales el 30% corresponde a importaciones (USD 253 millones), y USD  577 millones a operaciones internas. Para el período enero – noviembre 2022, ya se han recaudado más de USD 790 millones, de los cuales el 41% -USD 327 millones- fueron generados por importaciones, y USD 463 millones por concepto de operaciones internas. 

ICE

Puesto que la comparación para obtener la Base Imponible se basa en el precio de venta al consumidor final, y, al ser el ICE un impuesto que se incluye en el p.v.p. del producto; sobre quien recae a la final el impuesto es sobre el consumidor final, quien terminará compensando el pago del contribuyente que lo causó. Es evidente entonces que, para el caso particular de los “consumos especiales” así categorizados por los legisladores, las políticas públicas impositivas, no deben enfocarse meramente en el aspecto económico, puesto que el variar, incrementar, o implementar un impuesto como el ICE, ha demostrado que no es efectivo y genera carga tributaria innecesaria.

Los factores sociales son relevantes para este contexto y deben ser tomados en cuenta, a fin de -por ejemplo-, concientizar y educar acerca de los daños que el consumo en exceso de productos como el cigarrillo, bebidas alcohólicas, o bebidas azucaradas, provocan en la salud. Educación, desde los niveles iniciales, y que ésta sea sostenida y coherente, podrá mejorar las condiciones de vida de la población y brindará mejores criterios de compra para el consumidor final de aquellos productos que a la larga afectan su salud.

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