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Un Presidente solo

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Un análisis de lo que ocurre en medio de una movilización convocada por el movimiento indígena y molesta a todos. Un Presidente que parece haberse quedado solo.

Foto: Bolívar Parra – Flickr Presidencia de la República

Estamos atravesando momentos críticos para la democracia del país. Estamos caotizando al Ecuador, pero no por razones evidentes como son la falta de empleo, la desnutrición infantil, la inseguridad y algunas otras. Por el contrario, nos estamos dejando manipular por los intereses de unos pocos políticos que años atrás entregaron al país al narcotráfico y hoy controlarlo se les vuelve complicado.

El grupo indígena que siempre se ha caracterizado en nuestro país y en todo el mundo como un grupo social de resistencia, hoy ha dejado esa resistencia ideológica y se ha vuelto cómplice de unos desestabilizadores.

Estoy convencida que en Ecuador muchas cosas deben cambiar; otras -quizás- no han ido a la rapidez que quisiéramos o en los tiempos que soñamos. Sin embargo, esas trabas del sistema, de la sociedad o de nuestra propia idiosincrasia no pueden ser razones válidas para paralizar un país que recién estaba reactivando después de dos años de pandemia. Aquellas diferencias deben llevarnos a trabajar para erradicarlas o minimizarlas, pero no para sembrar pánico y prohibir el derecho de quienes sí quieren trabajar.

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Recordemos que el Gobierno es electo por la mayoría y eso no significa que es simpatizante de las minorías. Como parte de la minoría respeté por casi 14 años a un gobierno que no me representaba en mi individualidad, pero que representaba la opinión de la mayoría de los ecuatorianos. Di mi opinión y hasta protesté, pero nunca destruí bienes inmuebles ni agredí a transeúntes con piedras o palos.  El querer buscar equidad no significa destruir nuestro entorno, así como tampoco el poner en riesgo nuestro futuro.

Dentro de todo lo sucedido en estos ocho días de paro, lo que más me preocupa es ver a un Presidente solo, un Presidente frágil. En todas sus cadenas lo vemos únicamente a él. Me pregunto ¿dónde está su vicepresidente? ¿dónde están sus Ministros?. Si no cuenta con el respaldo de su equipo de trabajo para, por lo menos salir en televisión demostrando su apoyo, entonces quienes realmente están a su alrededor.

El asumir un cargo público no es una decisión para estar en eventos y banquetes; es un compromiso para respaldar al gobierno que confió en ellos y para defender el bien común. Creo que hay gente capaz en el gabinete actual, pero dudo que sea gente dispuesta arrimar el hombro.

Si bien ya pasamos por una crisis similar en Octubre 2019, la gran diferencia es que en ese momento el Presidente estaba rodeado por sus principales Ministros y por su Vicepresidente; contrarrestando la imagen ya quemada que tenía Moreno en ese momento.  Esta fue la clave para superar el álgido momento.

En todos los mensajes de Lasso lo vemos frágil y repitiendo la frase que resume la consigna de esta rebelión: “ hay que botarlo”. Hasta en los negocios nos enseñan que no debemos demostrarnos débiles frente a nuestros colaboradores en momentos cruciales ya que somos quienes debemos brindarles seguridad emocional.

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Lasso, para resistir, debe cambiar urgente su estrategia de comunicación, debe recordarle al pueblo lo bueno que ha logrado en estos meses de gobierno. Así sea poco lo que ha logrado debe difundirlo y buscar las herramientas para socializar las ideas de fondo de esta protesta.

Empezó siendo una protesta por el elevado precio de la gasolina cuando está congelada en su mayoría ( Diesel, Extra y Ecopaís) y la única que sube es la súper que la utiliza el segmento más acomodado de la sociedad.

Están preocupados por la educación intercultural bilingüe, pero durante 14 años -en los cuales cerraron muchas de las escuelas rurales por crear las famosas Escuelas del Milenio- no se atrevieron a venir a protestar ni siquiera pacíficamente. Y la más contradictoria es su preocupación por la seguridad cuando ellos han sido los que más inseguridad han generado en estos ocho días de paro.

Con esto quiero decir que, aquellos pedidos realmente atados a las necesidades de los pueblos indígenas pierden peso y que están siendo manipulados por corrientes más peligrosas como el correísmo y hasta el narcotráfico. Las movilizaciones requieren dinero y debemos preguntarnos quiénes están financiando este caos. ¿Por qué pretenden desestabilizar a un gobierno que ni siquiera cumple la mitad de su mandato para poder juzgarlo? Nuestros problemas son estructurales y no los puede solucionar un gobierno en cuatro años.

Como ciudadanos creo que nuestro rol ahora es suplir el apoyo que le falta al Presidente desde su propio gabinete y no dejarlo solo; no solo porque compartamos o no su opinión sino, como lo hicimos en campaña, ya que es la única forma de mantener la democracia y no dejarnos robar el país.

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