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Roldós: 40 años de un proyecto trunco

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La vida del expresidente Jaime Roldós es un ejemplo para varios políticos. El nuevo presidente Guillermo Lasso aseguró que ha sido su inspiración. ¿Qué hizo Roldós en Ecuador?

Fotos: Archivo Casa de la Cultura Ecuatoriana

“Mi poder en la constitución y mi corazón en el pueblo ecuatoriano”, cerraba el discurso de Jaime Roldós el 10 de agosto de 1979. Habían pasado casi dos años desde que se puso en marcha el Plan de Retorno a la democracia, anunciado por la Junta Militar. El presidente Guillermo Lasso repitió en dos ocasiones -en la Asamblea y en el balcón de Carondelet- la misma frase del político que lo inspiró cuando era joven.

En 1977, la dictadura militar (Alfredo Poveda, Guillermo Durán y Luis Leoro), a través de su ministro de Gobierno llamó a los notables de las tiendas políticas para elaborar, como comisión constituyente, el modelo de una nueva constitución para someterla a referéndum, poniendo como alternativa la Carta Magna de 1946.

Entre quienes elaboraron el proyecto, representantes de los grupos políticos permitidos: Jaime Roldós, Osvaldo Hurtado (allí surgió la afinidad entre ambos), Ramiro Borja y Borja, Carlos Feraud Blum, Francisco Salazar Alvarado, Camilo Gallegos Domínguez, Fabián Alarcón, entre otros. En el referéndum del 15 de enero de 1978, venció la nueva propuesta. 

El entonces ministro de gobierno, general Bolívar Jarrín Cahueñas organizó las elecciones. Los candidatos surgieron desde varias tendencias. La dictadura promovió la candidatura del alcalde de Quito, Sixto Durán Ballén. La izquierda propuso a René Maugé y al rector de la Universidad Central, Camilo Mena, por el FADI y el MPD.

El liberalismo presentó nuevamente al “viejo gallo de pelea” Raúl Clemente Huerta. Las facciones disidentes del liberalismo formaron dos agrupaciones: el Frente Radical Alfarista (FRA), que presentó al abogado Abdón Calderón Muñoz, quien, antes de la segunda vuelta, fue asesinado por orden de la dictadura militar y la Izquierda Democrática, que postuló a Rodrigo Borja.

A Hurtado y Bucaram se les impidió ser candidatos. Al primero, porque su partido -Democracia Popular- no estaba reconocido y al segundo por su nacionalidad, denunciada diez años antes por Jaime Nebot Velasco y acogida por la dictadura, por el riesgo que representaba Bucaram, favorito en los sondeos. La Democracia Popular y Concentración de Fuerzas Populares propusieron el binomio de Jaime Roldós (casado con una sobrina de Bucaram) y Osvaldo Hurtado. Su eslogan: “La fuerza del cambio”.

Una extraña elección

Aunque el Triunvirato Militar ofreció devolver el poder a la sociedad civil, no parecía quererlo en la práctica. La comunidad internacional presionó y los militares establecieron el cronograma electoral, pero lo condicionaron para impedir la participación de los expresidentes Velasco y Arosemena y que los candidatos tengan padres ecuatorianos (dedicatoria al exalcalde de Guayaquil, Assad Bucaram, favorito para ganar la elección, porque sus padres eran libaneses). Por la ley aprobada por la dictadura, sólo los partidos reconocidos podían participar y se negó la inscripción de la Democracia Popular y el Movimiento Popular Democrático. 

El 16 de julio se celebró la elección. Como ningún candidato obtuvo mayoría, se convocó a segunda vuelta. Durante el escrutinio de votos de la primera vuelta, el triunvirato reorganizó el Tribunal Supremo Electoral. Los resultados se difundieron en noviembre de 1978 (casi cuatro meses después) motivando sospechas de fraude. La situación se complicó con el asesinato del candidato Abdón Calderón Muñoz. 

Los indicios apuntaron al ministro de gobierno Jarrín Cahueñas como autor intelectual. Su culpabilidad no fue comprobada, pero fue sentenciado a doce años de cárcel en la presidencia de Roldós. En mayo de 1978 se promulgan los Reglamentos a las Leyes de Partidos Políticos y de Elecciones, cambiando las reglas en pleno proceso electoral.

La campaña inició en diciembre de 1978 pero las elecciones se hicieron, extrañamente, el 29 de abril de 1979, cinco meses después de saberse los resultados de primera vuelta. Roldós ganó con 68,49% de los votos ante el 31,51% de Durán Ballén.

Así, llegó Jaime Roldós al poder, ilusionando al pueblo con el eslogan “la fuerza del cambio”, encarnando las ilusiones de un país que salía de siete años de dictaduras militares con una fuerte dependencia del petróleo como principal producto de exportación y la herencia del “endeudamiento agresivo”, concretado por el último ministro de la dictadura, Santiago Sevilla, que decuplicó la deudas externa en menos de cinco años.

Pese a sus buenas intenciones, Roldós no pudo afrontar la crisis económica que heredó, a lo que se sumó la guerra de Paquisha en enero de 1981, provocando que las finanzas del país se debiliten más (el fuerte gasto militar para el conflicto bélico). 

También hubo una pugna de poderes que, casi inmediatamente después de asumir el poder, enfrentó al presidente Roldós con su tío político, Assad Bucaram, entonces presidente del Congreso. Al año de su posesión, Roldós creó su partido (Pueblo, Cambio y Democracia), con diputados que siguieron su línea y se alejaron del CFP. 

Roldós era un joven brillante que, desde joven, había militado en las filas de la FEUE (era presidente de este organismo durante las represiones del gobierno de Ponce Enríquez a los universitarios de Guayaquil, en 1957).

Una fuerza del cambio que no llegó

El régimen de Roldós dio esperanzas a los más desfavorecidos, pero poco a poco, por las pugnas en el mismo CFP, se fue distanciando de su mentor político, el viejo caudillo Bucaram. Jaime Roldós gobernó el país un año, nueve meses y 14 días. El joven presidente era aceptado por sus cualidades humanas, morales, sociales, cívicas y su preparación académica.

En octubre de 1979 redujo a 40 horas la semana laboral. En noviembre duplicó el salario mínimo vital de los trabajadores a 4.000 sucres mensuales ($ 160 en la época). El presidente se enfrentó al Congreso desde el primer día, porque su tío político y mentor hizo una alianza legislativa con Febres Cordero, Carlos Julio y Otto Arosemena y Jaime Hurtado, a quienes Roldós calificó de “patriarcas de la componenda”. 

Para enfrentar la pugna de poderes con el Congreso, en abril de 1980, conformó una junta de notables para buscar la solución. Uno de sus mayores opositores fue el entonces diputado socialcristiano Febres Cordero, quien censuró a varios ministros. La oposición de Febres Cordero a Roldós y Hurtado lo proyectó a la Presidencia en 1984.

En política internacional impulsó una doctrina de defensa de los Derechos Humanos cuando la mayoría de los países latinoamericanos tenían dictaduras militares. Su amistad con Jimmy Carter le permitió hacer avances en esta materia, interrumpidos con la elección de Ronald Reagan como presidente de EE.UU.. 

En enero de 1981, Roldós no estuvo en la posesión de Reagan por sus discrepancias en derechos humanos y sus lazos con el gobierno sandinista de Nicaragua y el Frente Democrático de El Salvador, opuesto al régimen militar de ese país. Por entonces, bajo su inspiración, se suscribió la Carta de Conducta de Riobamba o Doctrina Roldós, sobre derechos humanos, que el país propuso en el Pacto Andino el 11 de septiembre de 1980.​

La Guerra de Paquisha

A fines de enero y principios de febrero de 1981, hubo una confrontación bélica con Perú, en la Cordillera del Cóndor, en zonas fronterizas (destacamentos de Paquisha, Mayaycu y Machinaza). Roldós llevó a la OEA el problema territorial, con la intervención de su canciller Alfonso Barrera Valverde.

En un clima de regresión y generalizada frustración de los militares peruanos al ver suspendido su anhelo de imponer por la fuerza el Protocolo de Río de Janeiro de 1941, montaron cuarenta años después el conflicto de Paquisha, en el área que aún no estaba delimitada de la frontera con Ecuador.

El 22 de enero de 1981, un helicóptero peruano, a las 11:30 de la mañana, sobrevoló los puestos ecuatorianos de Paquisha, Mayaycu y Machinaza, localizados en la Cordillera del Cóndor (zona de Zamora-Santiago en el río Cenepa, parte baja, donde el Protocolo de Río era inejecutable). A las 12:25 del mismo día, la aviación peruana ametralló Paquisha, afectando un helicóptero ecuatoriano que estaba en tierra abasteciéndose.

El mismo día, el canciller ecuatoriano, Alfonso Barrera Valverde, presentó al embajador peruano en Quito una nota de protesta. Perú se limitó, al día siguiente, a acusar al Ecuador de ser “el agresor”.

El 24 y 25 de enero de ese año se incrementó el movimiento de tropas en las fronteras y el 27 hubo otro ataque contra Paquisha. El canciller peruano, Javier Arias Stella, dio el 28 de enero un “ultimátum” donde pedía que las tropas ecuatorianas se retiren a la vertiente occidental de la Cordillera del Cóndor y declaró que el país sureño buscaba demarcar “los 78 kilómetros” de frontera faltantes. Perú siguió atacando Paquisha.

Ecuador denunció la agresión ante el Consejo Permanente de la OEA, que, por iniciativa de Venezuela, sugirió una comisión investigadora de los hechos y pidió al Perú y al Ecuador que arreglen pacíficamente situación. Ecuador aceptó la propuesta. Perú pidió tiempo y la rechazó.

El 30 de enero, los presidentes de Colombia y Venezuela ofrecieron a las partes sus buenos oficios, aceptados por nuestro país y rechazados por Perú. El mismo día, el Papa Juan Pablo II exhortó a las partes cesar hostilidades. Ecuador acogió favorablemente el nuevo pedido, mientras que el Perú seguía atacando. El día 31, el Rey de España, Juan Carlos, quiso mediar: Ecuador aceptó, Perú no.

Entre el 2 y el 4 de febrero se llevó a cabo la XIX Reunión de Consulta de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), convocada por Ecuador. Se resolvió lamentar el conflicto, dar el beneplácito al pedido de los países amigos de cesar el fuego, desmovilización de tropas y operaciones militares. Se tomó nota de la aceptación ecuatoriana y peruana para que una comisión de representantes de Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos visite la zona del litigio y reestablezca la paz.

La comisión de investigadores militares sugirió una reunión de los jefes militares de Ecuador y Perú, para lograr una efectiva separación de fuerzas. Aunque ambos países aceptaron la propuesta, el 20 de febrero, Perú violentó el cese de fuego y atacó con aviones y helicópteros Mayaycu y fuerzas aerotransportadas peruanas desembarcaron cerca del destacamento de Machinaza.

Los países amigos -luego reconocidos, desde 1995, como garantes- lograron restablecer la paz y el 23 de febrero fijaron fecha y hora para comenzar a separar las fuerzas. Ecuador cumplió el pedido el día 26. Perú, obviamente, no… Las conversaciones entre los jefes militares de ambos países que se iniciaron el día 26 también, culminaron en Huaquillas, el 5 de marzo, sin acuerdo. La desconcentración de tropas en otras zonas de la frontera, de acuerdo con lo resuelto por la OEA, fue en la tercera semana de marzo.

El incidente de Paquisha significó muchas muertes y heridos de ambos países. La estela de rencores y resentimientos perduraron por algún tiempo, afectando relaciones e intercambios comerciales. El Grupo Andino recibió su primera estocada de muerte. El pueblo ecuatoriano estuvo unido, alentando al presidente Jaime Roldós a disponer de dinero público para una agresiva política de endeudamiento para comprar armas. Ésa y no la crisis del petróleo originó la actual deuda externa del país.

Ecuador, al parecer -se supo 15 años después-, perdió algunos kilómetros cuadrados en la zona. El presidente Belaúnde izó la bandera peruana en lo que ellos llamaron “falso Paquisha”, provocando que jóvenes oficiales ecuatorianos que lucharon en la zona -Paco Moncayo, Carlomagno Andrade, Víctor Bayas, José Gallardo y Miguel Iturralde- dedicaran los años posteriores a crear una doctrina de defensa en caso de agresión, como pasó en 1995, cuando nuestras Fuerzas Armadas se cubrieron de gloria…

El papel de Roldós en el conflicto

Jaime Roldós nunca dio marcha atrás, recordaba el ex canciller de entonces, Alfonso Barrera Valverde. Quiso ir a la Cordillera del Cóndor a defender la frontera con “metralla en mano”. Pero, “una guerra de fronteras jamás ha fabricado héroes. Ha derrocado regímenes…”

“Roldós quiso hacer la guerra de defensa, pues era temerario. Los militares ecuatorianos fueron en cambio conscientes”, según Barrera. “Roldós, dadas las circunstancias, pudo haber querido derribar destacamentos militares peruanos. Pero los militares le dijeron que no. Se sabía que la consigna peruana era transformar la guerra parcial en total. La resistencia habría sido muy dura y de consecuencias imprevisibles”, agregaba. 

Con el ejército peruano golpeando activa y cotidianamente en la Cordillera del Cóndor, Roldós, con sujeción a la Constitución, declaró al país en estado de emergencia y las Fuerzas Armadas, en actitud de alerta, se movilizaron a puntos estratégicos. El mandatario alcanzó un respaldo total en el país. Las banderas y el fervor patriótico florecían en cualquier punto del mapa nacional. 

Jaime Roldós se comunicó con los mandatarios de Colombia, Venezuela y Panamá, así como con el Jefe del Gobierno de España, para informarles de la agresión. Al fallecido presidente se lo debe recordar como defensor del territorio. Tanto que, en su último discurso en vida, el 24 de mayo de ese año decía: “este Ecuador amazónico, desde siempre y hasta siempre…Viva la Patria”…

La trágica muerte 

La tarde del domingo 24 de mayo de 1981, un avión recientemente adquirido por la FAE (Beechcraft King Air), que llevaba al presidente Roldós al sur del país, se estrelló contra el cerro de Huayrapungo, provincia de Loja. Fallecieron Roldós, su esposa, el ministro de Defensa, otros militares y tripulantes de la aeronave. El avión salió de Quito tras la ceremonia del Estadio Olímpico Atahualpa, donde se condecoró a combatientes de la guerra de Paquisha y debía llegar a Macará, donde el Presidente iría en helicóptero a Zapotillo a otra ceremonia y luego volver a la capital.

En el descenso a Macará, el pequeño avión se estrelló contra una gran roca en la cresta del cerro, que no sobrepasó por pocos metros. Sin contacto, el helicóptero que esperaba en Macará inició la búsqueda, encontrando los restos del avión en la ladera del cerro. Desde Celica, a 10 kilómetros del impacto, partieron patrullas militares que ascendieron la montaña y rescataron los restos del presidente y su comitiva. Desde Celica los despojos fueron llevados a Machala y desde ahí a Quito.

En su último discurso, horas antes de morir, en la ceremonia del Estadio Atahualpa, fue abucheado por el público, por las medidas económicas tomadas en las semanas previas, generando protestas y bloqueos en las calles. A esto, Roldós respondió: “es hora del trabajo, el esfuerzo y la solidaridad, no de los paros, huelgas, amenazas, incomprensión o rumores. Probemos el amor de la Patria cumpliendo cada uno con nuestro deber. Nuestra gran pasión es y debe ser el Ecuador”.

En el cierre, el mandatario aludió a la guerra de Paquisha: “el Ecuador heroico que triunfó en Pichincha, el Ecuador de los valerosos de hoy, heroicos luchadores de Paquisha, Machinaza y Mayaicu, inmolados en estas legendarias trincheras. El Ecuador heroico de la Cordillera del Cóndor. El Ecuador eterno y unido en la defensa de su heredad territorial. El Ecuador democrático, capaz de dar lecciones históricas de humanismo, trabajo y libertad. Este Ecuador Amazónico, desde siempre y hasta siempre. ¡Viva la Patria!”.

Se tejieron hipótesis, nunca comprobadas, sobre la muerte de Roldós. La versión oficial y el expresidente Hurtado ratificaron que fue accidente aéreo. La familia de Roldós y sectores de izquierda sostienen que fue un atentado bajo inspiración estadounidense y argentina, como parte del Plan Viola (que causó muchas muertes en el hemisferio sur). ​

John Perkins, activista estadounidense, en el libro “Confesiones de un Terrorista Económico” (2004), dijo que Roldós fue asesinado porque su plan de reorganizar el sector petrolero no agradaba a EE.UU.. Otras versiones, como la de Galarza Zavala, relacionan la muerte con otras dos ocurridas en la misma época, en Panamá y Perú: la del líder panameño Omar Torrijos (gestor de la devolución del canal a su país) y del general peruano Rafael Hoyos. Galarza acusó a las FFAA y sostuvo la teoría de que el avión fue derribado por un cohete lanzado por un avión militar ecuatoriano.

La Junta Investigadora de Accidentes de la FAE dijo que fue error del piloto, por sobrecarga de trabajo. El piloto era edecán del Presidente y estuvo con él en el Estadio Atahualpa. Agregaron que el avión descendió mucho al aproximarse a Macará y tomó una ruta peligrosa para no entrar en espacio aéreo peruano, por las tensiones existentes con ese país.

Una comisión del Congreso, dirigida por el expresidente Otto Arosemena, pidió un peritaje en Suiza, que contradijo el informe oficial sin llegar a conclusiones. En dicho peritaje, en 1982, se señalaba que los motores de la nave estaban inactivos cuando el aparato chocó con la montaña. Este peritaje, fue descartado y no se hicieron otros, porque la aeronave adquirida por la FAE como “avión presidencial”, con matrícula militar, no tenía registrador de parámetros de vuelo ni grabador de voz de cabina (caja negra). Continúan las dudas sobre este hecho, 40 años después…

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