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¿Por qué ganó Lasso y por qué perdió Correa (Arauz)?

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Parece el fin del modelo populista y el inicio de uno democrático, respetuoso de las reglas y que escucha. Los resultados de las elecciones presidenciales ecuatorianas muestran que, aunque hubo un voto castigo al correísmo, éste aún tiene espacio.

Foto: César Muñoz – API

Termina un modelo arbitrario y autoritario, que no respeta las libertades. Los resultados electorales presentan una especie de división del país. La Costa favoreció a Arauz, pero eso hay que matizarlo, porque en las zonas urbanas de esa región (caso Guayaquil o Samborondón) prevaleció Lasso mientras que, en el sector rural, hubo mayor más proclividad a engaños, demagogia populista y receptividad al discurso correísta. 

Todavía resulta complicado entender el extraño comportamiento electoral de Manabí, provincia que fue muy perjudicada en el régimen de Correa y tras el terremoto de 2016 (hasta ahora no se han construido hospitales como en Pedernales, siguen en escombros muchas zonas de Manta o Portoviejo y se robaron los dineros recaudados por el aumento del IVA). Pero, el recuerdo de ciertas obras visibles como carreteras o terrenos aplanados posibilitaron el triunfo de Arauz. El populismo aún genera adhesiones, pero queda claro que el discurso confrontativo de Correa tiene sus límites. 

Las encuestas preveían una final reñida entre Lasso y Arauz. Sin embargo, el líder conservador ganó la segunda vuelta electoral con cinco puntos de diferencia (alrededor de 430 000 votos). Un resultado que fue inesperado para el expresidente Correa, quien siguió la campaña desde Bélgica, porque tiene pendiente una sentencia de 8 años de cárcel por su participación en algunos delitos comprobados de su gobierno. Correa fabricó un candidato, novato y desconocido, Andrés Arauz, quien no logró replicar los triunfos del Socialismo del Siglo XXI, del Foro de San Pablo y de Puebla, de Alberto Fernández en Argentina y Luis Arce en Bolivia.

En su primer discurso Guillermo Lasso pidió una oportunidad “para servir a los ecuatorianos” y, con su eslogan de segunda vuelta “encontrémonos”, que le permitió sumar adhesiones y simpatías de muchos sectores que, aunque en la primera vuelta no votaron por él, tampoco aceptaron las disparatadas propuestas de Arauz (los USD 1000, el retiro de fondos del Banco Central o la desdolarización “buena”). Lasso no prometió nada de eso. Su único recurso de ese estilo fue aumentar el salario mínimo a USD 500.

Pero, lo de Lasso fue más coherente, dando apertura a todos los sectores, como colocar “al Ecuador en el mundo y el mundo en el Ecuador”, así como escuchar a los candidatos perdedores de la primera vuelta e incorporar sus propuestas al plan de campaña. 

¿Cómo ganó Lasso? Lo primero que hizo fue separar a su consultor político y a algunos asesores de la primera vuelta por no entender lo que los votantes pedían. En segunda vuelta hizo visitas a todas las provincias y trabajó en territorio. El líder de CREO se conectó con las personas, estuvo en la calle y demostró que viene de abajo. 

Su imagen de banquero acartonado fue desechada tras el debate y a partir de ahí pudo hacer ofrecimientos al votante. Es llamativo que la remontada de Lasso fue sin hacer promesas vacías, narrativas demagógicas u ofertas incumplibles. Solo escuchó a las personas y explicó sus propuestas. Entretanto, Arauz agotó sus insólitos y peligrosos planteamientos (desdolarizar, sacar oro de celulares y regalar USD 1000, que eran prestados, como aclaró) y extinguió su discurso. 

Tras confirmar su triunfo Lasso estaba exultante y emocionado: “agradezco a Dios todas las bendiciones que me ha otorgado durante mi vida”; “Pido a Dios que nos dé paciencia y certeza para lograr la felicidad de los ecuatorianos”; “Que Dios bendiga a Ecuador”.

Para entender algunas de las claves de su victoria hay que referirse a la primera vuelta, donde el candidato estuvo a punto de perder el paso al balotaje frente al sorprendente candidato del movimiento indígena, Yaku Pérez. Pero fue entonces que dio inicio la transformación. 

Tras conocerse el empate técnico entre los dos, hubo una especie de careo acogido por el CNE, donde Lasso desvirtuó algunas acusaciones de Pérez y, sobre todo, le hizo recordar quién persiguió y hostigó a los indígenas y a la compañera del candidato de Pachakutik, entre otros. Así, empezó a modelar su discurso de elemento de clase media, hecho a sí mismo desde joven, cuando trabajó para pagarse el colegio. El hastío frente el correísmo renació esa noche. 

Aunque todavía nadie daba aún un dólar por este Lasso vapuleado, envejecido y con quebrantos de salud, todo cambió tras el diálogo con Pérez, cuando comenzó a mostrar su nuevo mensaje: el reencuentro nacional. Luego, buscó ampliar su agenda política con la que logró después apoyos como el de Xavier Hervas y el de la compañera de fórmula de Yaku Pérez, Virna Cedeño. Días después, Lasso era proclamado como finalista ante la felicidad del exmandatario Correa, quien se frotaba las manos emocionado: “Lasso es pan comido”, decían los gurúes del correísmo. 

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

Uno de los mayores aciertos de Lasso, entonces, fue incorporar a dos expertos en campañas políticas: Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, quienes empezaron a delinear una estrategia diferente para la segunda vuelta. Lo más urgente, entonces, era preparar a Lasso para el debate. El expresidente argentino Macri da fe con su triunfo frente al peronismo en 2015.

Esa noche, lo que al comienzo parecía una aburrida confrontación de palabras sin propuestas llegó a su cénit en la segunda parte, cuando Lasso acuñó una de las ideas fuerza de su campaña: “Andrés no mientas otra vez”, cuando el correísta intentaba culpar a Lasso por el feriado bancario del 2000 (que Lasso desmintió usando la frase). Durante el debate, Arauz dijo que había sido despedido del Banco Central en 2017. Los investigadores de fact checking (verificación de datos) al indagar el dato descubrieron que Arauz no fue cesado, sino que se le compró la renuncia en 2020 por USD 28 000 en el gobierno de Lenín Moreno, a quien el candidato de Correa atacó hasta entonces. 

Las acusaciones a Lasso de cooperar con el gobierno de Lenín Moreno fueron desvanecidas y tomó fuerza nuevamente la idea que Lasso colocó en el debate: “Andrés no mientas otra vez”. La campaña daba un giro de ciento ochenta grados. Mientras Lasso subía, Arauz bajaba irreversiblemente. Fue recién al celebrar su victoria que Lasso agradeció a su equipo de campaña, a sus asesores y su familia, pero especialmente cuando dedicó unas palabras a Jaime Durán Barba. Ante una victoria tan sorpresiva como inesperada, era lo que correspondía.

Las razones de un triunfo

La victoria de Lasso fue sorprendente. En la primera vuelta Arauz había ganado con 32,72% de los votos frente a 19,74% de Lasso. Arauz, Correa y muchos analistas daban por segura la victoria del candidato correísta, a quien el humor popular había apodado, desde entonces, como “llavero”, representando su rol ante el expresidente.

En la tienda de Lasso surgió un equipo de varias disciplinas: asesores políticos, community managers (otro acierto fue incorporar a la campaña a los ideólogos de tik tok y otras redes sociales de Javier Hervas), expertos en comunicación política, relaciones públicas y marketing, que transformaron un hombre que comunicaba desasosiego en un candidato fresco.

En ese equipo se destacó Durán Barba, quien retocó fondo y forma de la candidatura del exbanquero. Se dice que él mentalizó el eslogan principal de campaña convertido luego en meme contra su rival: #AndrésNoMientasOtraVez. Desde entonces, Arauz debió acudir a los medios para desmentir asuntos, sin convencer realmente.

La estrategia iniciaba con el eslogan “encontrémonos”, mentalizando a la población para volver a unirse contra Correa, como pasó en las reñidas elecciones de 2017, donde se dice que también ganó Lasso, pero que fue víctima de un “apagón electoral” y después, de un posible fraude, cuando se cambiaron los resultados a favor de Lenín Moreno. 

A eso Lasso sumó promesas económicas y sociales para atraer a ese 37% de electores que en primera vuelta votaron por Pachakutik e Izquierda Democrática. Guillermo Lasso demostró que en elecciones todo se puede si se trabaja bien. Todos esperaban una final ajustada, un “empate técnico” (mencionado por el encuestador del correísmo), pero al final fueron cinco puntos de diferencia. Si los investigadores sociales habían sido criticados por sus fallas en anteriores comicios, el triunfo de Lasso puso otra vez en cuestión su trabajo, pero se debe reconocer el acierto casi total de la encuesta de boca de urna de Cedatos la tarde del 11 de abril, tras el cierre de urnas.

Para el analista Matías Abad, Lasso “hizo una campaña casi perfecta”. Su equipo “ejecutó correctamente la estrategia de ampliar su base de votantes”, añade. Los jóvenes y la clase media fueron atraídos por el administrador de la página de Facebook Crudo Ecuador (quien había sido perseguido, amedrentado y hasta amenazado por Correa). La campaña en redes sociales estableció una imagen fresca del candidato, cuyo mejor momento fue explotar positivamente sus zapatos rojos.  

El recuerdo del debate entre Rodrigo Borja y León Febres Cordero en 1984 surgió en días previos al debate presidencial (“míreme a los ojos, doctor Borja”) y dejó como marca indiscutible el meme y etiqueta #AndrésNoMientasOtraVez, un karma para Arauz, quien perdió su enfoque para desvanecer malentendidos, especialmente por su trabajo en el Banco Central y en comisiones de servicio que le otorgó el régimen de Correa en los primeros años de su gobierno, que prosiguieron en el mandato de Moreno hasta mediados de 2020.

La frase fue luego desarrollada por el humor popular y se agregaron otros símbolos, como los zapatos rojos de los videos de Tik Tok con la música de Queen y Michael Jackson. Mientras tanto, Arauz seguía equivocándose y, en un acto desesperado, retomó sus ofertas de primera vuelta: los USD 1 000 y la desdolarización “buena” a la que denominó “cuarentena”.

Vestido con zapatos y chompa roja, el bastón en su brazo derecho y al ritmo de Bad de Michael Jackson, Lasso logró 335 000 likes y 4,4 millones de vistazos en Tik Tok (red social de videos cortos atractiva para los jóvenes). Así, Lasso logró llegar a ellos en un país donde el 60% de votantes está entre 16 y 29 años y el 15% seguía indeciso durante la veda electoral. 

Si la era digital ya fue importante en las elecciones de 2017 y 2019, en la actual, por la pandemia, jugó un papel fundamental. Lasso, persona de 65 años, superó a Arauz de 35 en redes sociales, pese al ejército de “guerreros digitales” y trolls que montó el correísmo en el país y otros del continente (México, Argentina y Venezuela). El 48% del tráfico de la campaña de Arauz eran cuentas falsas, frente a solo el 27% de Lasso, según expertos. “¡Este 11 de abril ponte tus zapatos rojos y hagamos historia juntos!”, cerraba la campaña de Lasso en un video de Tik Tok al ritmo de Michael Jackson.

“Ejecutó correctamente una estrategia de ampliar su base de votantes, especialmente de jóvenes quienes además se convirtieron en sus principales operadores de campaña. De manera espontánea y creativa”, agrega Abad, quien también resaltó “golpes incisivos que arrinconaron a su adversario”.

Otro éxito de la segunda vuelta de Lasso fue que Arauz no logró apartarse de la figura de Correa. La denominación de “llavero” con la que se lo motejó también fue decisiva. Algunos analistas dicen que si Arauz iba solo no hubiese alcanzado ni el 1%. Pero el voto duro del correísmo no alcanzó para la segunda vuelta. Presuntuoso, arrogante y altanero, Correa declaró que “si el estaba en el país, Arauz ganaba”…

Otro factor clave fue el voto indígena. “Parece que los votantes de la sierra central (que apostaron por Yaku en febrero) optaron por Lasso en vez de votar nulo o en blanco”, según el analista John Polga-Hecimovich.

El presidente electo, tras confirmar su triunfo, aludió al autoritarismo de Correa sin mencionarlo, cuando llamó a los ecuatorianos a no tener miedo a “disentir con el presidente y que expresen sus opiniones con libertad”. Su frase más impactante también insinuaba al exmandatario: “no ingresé en la política ni para enriquecerme ni para perseguir a nadie”, como referencia a la condena por cárcel que enfrenta Correa.

La derrota del correísmo

En la derrota de Arauz fue clave el voto de los decepcionados de la política que, en primera vuelta, votaron por Pérez y Hervas. Pérez estuvo a 30 000 votos de llegar al balotaje, pero Pachakutik logró la segunda mayor votación en asambleístas. Pérez desvirtuó de cierta manera ese apoyo popular cuando pidió a sus votantes anular el voto en el balotaje, aunque obtuvo 1’755.685 de votos nulos (un 16,25% del total). 

Es curioso que, en las provincias donde Pérez y otros líderes indígenas pidieron el voto nulo a las comunidades rurales, fue donde hubo más diferencia de Lasso sobre Arauz (casi tres a uno), demostrando que no existe el endoso de votos o la influencia total de los líderes, pero sí pudo influenciar el maltrato de Correa a los indígenas en sus diez años de autoritarismo.

Foto: Juan Ruiz Cóndor – API

El fastidio del Ecuador frente a los abusos y la corrupción de la revolución ciudadana, así como un anticorreísmo militante también influyeron en el resultado. El voto oculto en que cifraba sus esperanzas el correísmo fue voto de castigo para la agrupación. Fue decisivo que el presidente Moreno no aparezca en campaña ni hable a favor o en contra de algún candidato. La paradoja es que el mandatario que empezó a desmontar el correísmo deja el poder con uno de los más altos índices de reprobación que se recuerda.

La inesperada remontada de Lasso que ya mostraban los resultados del exit poll de Cedatos a las 17 horas del 11 de abril hizo que Correa trate de denunciar un supuesto fraude en su cuenta de Twitter, aludiendo al sondeo de boca de urna de su encuestador favorito, Santiago Pérez, quien declaraba “empate técnico”, con victoria de Arauz, que le hizo proclamar a éste, por adelantado, una victoria con datos erróneos.

Otro factor para la derrota de Arauz fue el rechazo que genera en muchos ecuatorianos -7 de cada 10- la figura del expresidente Rafael Correa, cuya sombra sobrevoló toda la campaña. Correa, actualmente prófugo de la justicia, exiliado en Bélgica, asesor económico de Nicolás Maduro y entrevistador en Russia Today, canal de propaganda del presidente ruso Putin, utilizó infatigablemente su red social Twitter para opinar sobre la campaña, pero opacando a su candidato presidencial, quien no tuvo la entereza para desmarcarse totalmente de su mentor. 

Tras constatar la derrota electoral Correa tuiteó que “no es un final, sino un comienzo”, frase repetida por su delfín, al desmoronar la tesis del fraude. Muchos, ante la posibilidad de su regreso, la desdolarización planteada por Arauz y la amenaza de que el Ecuador se convierta en otra Venezuela habrían influido en el votante promedio. 

A esto se agrega la aparición de otra izquierda, diferente al correísmo, encarnada por el movimiento indígena. Muchos votantes que, en primera vuelta, votaron por Yaku Pérez, escogieron en la segunda a Lasso, pese a la exhortación de los líderes a anular el voto. Es llamativo que el voto nulo superó al de Arauz en cinco provincias (Azuay, Bolívar, Cotopaxi, Chimborazo y Tungurahua) y se le acerque en otras cuatro (Cañar, Napo, Pastaza y Zamora Chinchipe). Arauz “no fue un candidato ágil y realizó errores de campaña”, según el profesor Polga-Hecimovich.

Según el analista político Andrés Jaramillo, los cinco errores de la campaña de Andrés Arauz en segunda vuelta fueron: creer que ya había ganado por los resultados de primera vuelta y las elecciones de asambleístas; también perdió su poco capital político propio tras desmarcarse de Correa, lo que lo expuso y mostró como el novato y desconocido que era.

Sus alianzas no sumaron. Los dos partidos que auspiciaron su campaña tenían antecedentes discutibles (problemas con la justicia de sus líderes, Jimmy Jairala e Iván Espinel) y tampoco sumó el apoyo de Isidro Romero y, peor aún, el de Jaime Vargas (responsable de la violencia de octubre de 2019 en Quito) a quien Correa dijo que “no conocía y que no le dio ni medio voto a Arauz”. No hubo discurso político fuerte, porque se usaron los mismos eslóganes y mensajes “marca hermanos Alvarado”, desde 2006.  

También, según Jaramillo, hubo miedo al continuismo. Arauz fue escogido porque era joven, desconocido y denotaba renovación. Correa lo intentó con María Isabel Salvador (desistió porque es hermana del procurador, acusador de Correa en el caso “Arroz Verde”) o Javier Lasso (hermano periodista y correísta de Guillermo) hasta que escogió a este tecnócrata. Las mentiras de sus trabajos en el estado lo hundieron más en los últimos días, perfilando una línea de continuidad con Moreno, pese a sus críticas al mandatario.  

El correísmo sin Correa dejó de ser la maquinaria electoral perfecta. Los líos actuales y futuros que él tiene con la justicia le impedirán su retorno al país en el mediano plazo, para intentar resucitar su movimiento.

Apuntes finales

Lasso, un ave fénix político, como lo califica el diario español El Mundo, llega a la Presidencia gracias a un electorado que no lo tuvo como primera alternativa en primera vuelta, pero en la segunda fue su única opción. Muchos compraron pasajes por si volvía el correísmo, otros vendieron bienes y algunos hicieron transferencias monetarias a otros países desde el 12 de abril, previendo una corrida bancaria. Pero, el miedo a perder la dolarización y la posibilidad de ser otra Venezuela hicieron posible este desenlace.

Como escribe el analista Roberto Aguilar en diario Expreso, refiriéndose a Rafael Correa: “de desgañitarse denunciando el fraude que se venía pasó a la cruda realidad: cinco puntos de ventaja. Terminó la jornada haciendo pucheros: “Solo le pido (tuiteó al nuevo presidente) que cese el lawfare (persecución judicial política)”. Saludo a la bandera de un prófugo que jamás regresará”.

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