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Tener más votos y perder la elección (Los Colegios Electorales en Estados Unidos)

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Foto: Cortesía Flickr @gageskidmore

¿Es confiable el esquema estadounidense para tomar las decisiones más importantes a las que se enfrenta una nación? Conózcalo.

A diferencia de la amplia mayoría de países democráticos, no son los votos de los individuos particulares los que definen a los ganadores de las elecciones en Estados Unidos, sino los votos de los Colegios Electorales, que están integrados por representantes de cada uno de los partidos que participan en este proceso. En consecuencia, no es el voto popular el que define quién ocupará el cargo de presidente y vicepresidente en dicho país.

Quienes hemos crecido en un país donde las elecciones de alcaldes, prefectos, legisladores y presidentes son decididas a través del voto individual de cada uno de los ciudadanos, probablemente tengamos varias dudas con respecto a este mecanismo: ¿qué tan legítimo es un proceso democrático en este contexto? ¿Es realmente confiable este esquema para tomar las decisiones más importantes a las que se enfrentan los ciudadanos de una nación?

El origen de este mecanismo se remonta a finales del siglo 18, cuando se fundó Estados Unidos de América. En ese entonces, pensar en una campaña a escala nacional en un país de más de nueve millones de kilómetros cuadrados era imposible dados los medios de transporte del momento y los instrumentos de comunicación. Adicional a esto, cada uno de los estados miembros de la unión buscaban defender sus intereses con respecto a la elección de un presidente, y llegar a un consenso se mostraba como algo sumamente complicado. Es por esto que “Los Padres Fundadores” descartaron la elección del presidente por un congreso, al igual que descartaron la elección por un voto popular directo. Ellos temían que los ciudadanos iban a votar por su candidato local y los estados grandes iban a tener una posibilidad de victoria mucho más elevada por sobre estados más pequeños. Lo cual llevó a que, en el año 1804, entre en vigencia el sistema que actualmente se ejercita en la democracia estadounidense.

Son varios los aspectos que necesitamos aclarar para poder resolver estos cuestionamientos. Un concepto clave corresponde a lo que es realmente un Colegio Electoral. Un Colegio Electoral es un proceso, no un espacio físico, conformado por 538 integrantes llamados “electores” que se distribuyen entre todos los estados según la cantidad de habitantes que tiene cada uno.

Por ejemplo, el estado más importante es California porque tiene el mayor número de habitantes (más de 39 millones). Esta población elige a 53 representantes y a 2 senadores, lo que da un total de 55 congresistas, y por lo tanto se les van a asignar 55 electores. Entonces, el candidato que haya obtenido la mayor votación individual en este estado, se lleva la totalidad de los 55 votos electorales, mientras que los otros candidatos no reciben nada. Este proceso es conocido como sufragio indirecto, y es una tradición en los procesos democráticos en Estados Unidos.

Para que un candidato a presidente logre llegar a ‘’La Casa Blanca‘’, debe obtener la mitad más uno de los votos electorales totales. Es decir, un candidato puede declararse ganador si obtiene al menos 270 votos electorales entre todos los estados. Por eso, la historia nos demuestra que las campañas presidenciales muestran favoritismo por ciertos estados que concentran muchos votos electorales y enfocan su campaña en asegurarse la victoria en los famosos “estados clave”. Por ejemplo, solo entre Texas, Florida y New York existe un total de 96 votos electorales, por lo cual se vuelve sumamente importante obtener un resultado positivo en los mismos. En cambio, si un candidato obtuviese la victoria en North Dakota, South Dakota, Montana, Wyoming, Vermont, New Hampshire, Connecticut y West Virgina, apenas obtendría 31 votos electorales.

Es por esto que este sistema permite que se desarrollen situaciones bastante particulares, inesperadas y polémicas. No hay mejor ejemplo que las elecciones del 2016, donde Donald Trump, quien luego llegó a ‘’La Casa Blanca‘’, obtuvo un 46% de los votos individuales, mientras que su contendiente, Hillary Clinton, obtuvo un 48%. En cualquier país con sufragio directo, esto daría una clara victoria para Clinton bajo la lógica de que “la mayoría” de los ciudadanos desean que se ella quien gobierne, pero bajo este sistema de sufragio indirecto, Donald Trump obtuvo 306 votos electorales (contra 232 de Clinton), lo cual le dio la victoria en esta contienda electoral.

Si revisamos los números y hacemos un poco de matemáticas, podemos observar que un candidato a la presidencia podría ganar sin siquiera obtener un voto en hasta 39 estados, habiendo ganado solo en 11. Otro dato bastante curioso, es que los dos últimos presidentes republicanos, Donald Trump y George Bush, ganaron sus elecciones gracias a los votos electorales, más no por el voto popular.

Este sistema electoral, por supuesto, ha sido objeto de muchas críticas por parte de científicos sociales que consideran que la forma en la que se ejercita la democracia en este país no responde realmente a la voluntad de sus ciudadanos, y que, en consecuencia, lo que se vive en Estados Unidos es una democracia parcial más que una democracia plena. Los críticos de este sistema consideran que da un peso desproporcionado a ciertos grupos de votantes. Sin embargo, este proceso está establecido en su constitución, por lo cual modificarlo llevaría un largo proceso legislativo que involucraría de forma activa a los miembros del congreso y los representantes de todos los estados.

Los Colegios Electorales son un tema de constante debate, y se han presentado muchas propuestas de enmiendas constitucionales para modificarlo, pero estas no han logrado prosperar. Quienes defienden este sistema, consideran que obliga a los candidatos a preocuparse por áreas rurales del país donde no existe una amplia concentración de ciudadanos. Ya que, aunque no son muchos los votos electorales en estas zonas pueden ser decisivos al momento de contabilizar los votos electorales totales para cada uno de los candidatos. Estos también consideran que el hecho de elegir al presidente a través de un sistema distinto al de los congresistas asegura el ejercicio pleno de la democracia y es una muestra, en el ejercicio democrático, de la separación de poderes en el país.

Para los ecuatorianos, es importante observar procesos democráticos en otros países para poder así ampliar nuestro campo de cuestionamiento con respecto a nuestra realidad. Las discusiones legislativas en Estados Unidos tienen un amplio contenido histórico, cultural y científico detrás de cada una de las decisiones que se toman, y nos deben servir de ejemplo para así exigir a nuestros legisladores un nivel de debate y argumentación mucho más elevado, y una preocupación más severa por temáticas que nos ayuden a construir un mejor país desde las preocupaciones de fondo.

  • El autor es coordinador de Corporación Diálogos por la Democracia, en Guayaquil.
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