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Las estadísticas sobre la violencia intrafamiliar pueden cambiar porque hay vergüenza y miedo: Gabriela Sommerfeld

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La Vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Quito habla sobre la violencia intrafamiliar, que afecta a mujeres y hombres. Hace una propuesta.

Fotos: Gianna Benalcázar – CCQ

La reconocida empresaria y Vicepresidenta de la Cámara de Comerio de Quito habla con Criterios sobre las cifras y relatos que han sido publicados en este portal, durante esta semana, sobre los femicidios, la violencia intrafamiliar, la afectación real en las empresas y el empoderamiento de la mujer. Ella, quien fue la primera mujer en dirigir una aerolínea en América, hace propuestas concretas para conseguir la unidad y enfrentar el círculo de violencia que afecta a mujeres y hombres del país.

Hay un estudio de GIZ que señala que la pérdida para el Estado por temas relacionados a la violencia intrafamiliar es de USD 1 700 millones. Y hay afectación a las empresas, baja productividad, ausentismo…
La violencia contra la mujer simplemente es la sumatoria de hechos que se van dando en el tiempo, y como resultado tenemos esta violencia que, según se menciona, cuesta USD 1700 millones. Sin embargo, tenemos la opción de tomar decisiones a largo plazo. Cuando uno planifica el desarrollo del país, invirtiendo lo que hay que invertir en: educación, salud, en un desarrollo sano de los niños y niñas a través de actividades como los deportes, los valores, la ética y el civismo; el resultado de la sumatoria de estas acciones, en el tiempo, será a favor del incremento del desarrollo productivo; y no un costo y pérdida como es hoy en día.

Es difícil medir las consecuencias de las agresiones, de la violencia intrafamiliar, incluso de femicidios. GIZ sostiene que 31 de cada 100 personas en las empresas estarían involucrados o afectados en temas de violencia intrafamiliar. ¿Qué se puede hacer para clarificar los números?
Esa estadística se contrapone con las que los muestran los movimientos en el ámbito nacional y global sobre la violencia de género. No se está revelando la realidad por vergüenza, miedo, porque la violencia no tiene distinción entre clases, y eso también se sabe.

En todos los niveles socioeconómicos hay violencia. Entonces, esa cifra no es transparente. Si decimos que seis o siete mujeres han sufrido algún tipo de violencia, ya se sicológica o física, pues tienen que haber siete de cada 10 hombres que abusan. Sí, se puede decir que las estadísticas pueden cambiar porque hay vergüenza, miedo, y porque tal vez la persona afectada no se siente segura o respaldada. Muchas veces no tienen donde acudir, pese a que ahora se presume hay más soporte para las agresiones.

No hay que desconocer que es un tema que cuenta con más organizaciones de soporte. No necesariamente todos los individuos afectados, mujeres en este caso, van a denunciar su realidad en público. Ecuador guarda muchas cosas, no es una sociedad que deja fluir temas de hogar. Ahora, también hay violencia contra los hombres y ese tema sí me gustaría resaltar. Nos ocupamos de violencia de género enfocada a la mujer, pero también hay muchos casos donde el hombre sufre violencia.

¿En qué casos usted percibe esta violencia hacia los hombres?
He visto cuando hay una mujer que está siendo presionada y muchas veces termina renunciando por sus problemas en el hogar. Pero también he visto eso en los hombres. No sé si hay abusos físicos o no, pero se nota claramente que tiene problemas en su casa y terminan comentando con Recursos Humanos o con la gerencia. En mi caso les brindo apoyo en lo que se pueda entregar y en lo que ellos quieran aceptar. Muchas veces no quieren apoyo por temor, por miedo, por amenazas. Otro caso que se da muchas veces es a cerca del acceso a las visitas a sus hijos en caso de divorcio. Tengo amigos que se divorciaron y que no pueden ver a sus hijos, porque están condicionados.

¿En su día a día percibe hay violencia intrafamiliar en todo ámbito?
En mi entorno laboral directo están empoderados ambos géneros. No veo diferencia. Pero conozco de casos donde hay temor enorme, gente que ha debido renunciar para terminar las diferencias y luego buscan una nueva fuente de ingresos. Se reincorporan, pero aun así han vuelto a renunciar. Existen organizaciones en el Ecuador que da soporte a este tipo de individuos, pero su trabajo de apoyo debe ser mejor promocionado. Las personas afectadas necesitan mucho trabajo sicológico, la mujer o el hombre afectado tiene que volver a amarse a si mismo, aprender a decir no, aprender a decir sí cuando se necesario, a marcar su caminos y espacio. Y eso ocurre cunado se vuelven a valorar. Sin eso hay reincidencia.

¿Desde el sector privado, empresas y gremios, cómo se puede ayudar en este grave problema?
A través de los gremios, y con solicitud de las empresas agremiadas, haciendo un estudio de nuestras empresas para identificar las necesidades y carencias que tenemos el día de hoy. Porqué no ir más allá para colaborar con los afectados. Una solución puede ser que se creen unidades para apoyar a las empresas que tienen estos casos.

La lucha contra la violencia intrafamiliar requiere de mucha unidad. Pero no hay unión entre Ong, empresa, Estado. ¿Qué se puede hacer?
Mucho de esto pasa por los egos y por las diferencias en la visión social, política y económica. Muchas veces las instituciones, el gobierno central, o sector privado, nos dejamos llevar por estas líneas que marcan nuestro caminar. La Cámara de Comercio de Quito tiene una excelente propuesta el día de hoy para el país: Consenso Ecuador. Creo que se puede incluir este tema en el debate y sentarnos con gobierno central, Ong, instituciones privadas o públicas a nivel local que están actuando sobre violencia de género, en este caso de la mujer, para armar una sola estrategia y no hacer mini esfuerzos. Coordinar las acciones y las etapas donde cada uno debe actuar. Es un excelente espacio para que en la propuesta de la Cámara se integre diferentes puntos de vista que con buena fe trabajan sobre el tema, pero que por líneas sociopolíticas decide ser un individuo aparte. El problema es real y está tapado por el miedo y la vergüenza.

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