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Vladímir Putin, el loco y el genio

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La distancia entre la locura y la genialidad es muy pequeña y, con frecuencia, solo se puede distinguir demasiado tarde. Vladímir Putin tiene perplejo al mundo porque no sabe si es un loco capaz de iniciar una guerra nuclear o un genio capaz de cambiar el orden del mundo.

Fotos: Kremlin.ur

Vladímir Putin nació en la ciudad de Leningrado hace 69 años. Era el chico más pequeño de la escuela y en las calles de la ciudad aprendió que siendo el más pequeño tenía que golpear primero y mantenerse golpeando para ganarse el respeto y el miedo. Desde los 11 años practica judo y otras disciplinas marciales. Estudió en la universidad de San Petersburgo, se enroló en la KGB, el servicio de inteligencia de la Unión Soviética y trabajó en Alemania Oriental hasta la caída del muro de Berlín en 1989.

Colaboró en Moscú con el gobierno de Boris Yeltsin con quien escaló políticamente y cuando Yeltsin renunció de manera sorpresiva, Putin llegó a primer ministro como deseaba su mentor. El escritor Jonathan Littell cuenta que preguntó a Kovalev quién era este político desconocido y el famoso defensor de los derechos humanos le respondió: “¿Quieres saber quién es Vladimir Putin? Vladimir Putin es un teniente coronel de la KGB. Y ¿quieres saber qué es un teniente coronel de la KGB? Absolutamente nada”

De la KGB al poder total

Han pasado 23 años y el coronel de la KGB eliminó sistemáticamente a todos sus enemigos y ha acumulado poder, fama y miedo.  Ha reconstruido la economía soviética, ha recuperado el poder de las fuerzas armadas y ha conseguido exacerbar el nacionalismo ruso. Todo el tiempo que ha estado en el poder ha estado en guerra. Occidente ha visto cómo el exespía se convertía en el hombre más peligroso del mundo y nunca supo cómo detenerlo.

 Acumuló tropas en la frontera de Georgia, dividió el país, invadió su territorio y puso un presidente títere. Otro presidente títere gobierna Bielorusia al servicio de Putin. En 2014 invadió la península de Ucrania y anexó al territorio ruso. Ahora los tanques rusos invaden Ucrania, bombardea las principales ciudades, amenaza a Finlandia y Suecia y se permite amedrentar al mundo entero. Europa y Estados Unidos, en cada caso, respondieron con medidas económicas que no lograron desviar un milímetro el camino de Putin. Ahora todos se preguntan: la amenaza de utilizar armas nucleares ¿será sólo alarde?

El enigma Vladímir Putin

Vladímir Putin es un enigma. Se multiplican las insinuaciones de que está loco y señalan los rasgos inquietantes que mostrarían los desequilibrios y obsesiones que asustan a occidente. Desde hace dos años vive aislado por temor al Covid, se somete diariamente a exámenes y exige chequeos estrictos a quienes deben acercarse a él. Incluso durante la visita de mandatarios europeos estableció distanciamiento exagerado utilizando mesas cada vez más largas.

Médicos y neurocientíficos especulan que la conducta de Putin pueden ser consecuencia del Covid que entre tantos efectos tiene trastornos como el síndrome de hubris, un efecto de ego desmedido. También se habla desde hace tiempo de otros posibles males de Putin como cáncer o parkinson, pero no se ha confirmado nada. Lo cierto es que antes parecía frío, metódico y paciente y ahora da muestras de impaciencia, mal humor y se ha visto cómo presiona y maltrata a funcionarios de alto nivel que dudan para darle la razón. Habrá quienes le consideren un genio que ha logrado someter a chantaje al mundo entero para reconstruir un imperio aprovechando la debilidad de occidente y las complejas condiciones del nacionalismo.

La crueldad de la guerra

Los relatos de la guerra por parte de quienes han vivido el ataque ruso son desgarradores. El heroísmo de los ucranianos dispuestos a sufrir sin límite para impedir que Putin les quite la libertad y el derecho a escoger su destino contrasta con la idea que difunde el caudillo señalando a los ucranianos como parte del pueblo ruso y pintándose a sí mismo como liberador. La periodista Nataliya Gumenyuk relata: “conduciendo por las calles de Kiev, filmo gente haciendo fila a las puertas de farmacias y tiendas. Las escenas en las áreas bombardeadas son surrealistas. Las ventanas de las oficinas de correos han sido destruidas hace cuatro días, pero nadie ha robado. Las computadoras y todo está exactamente en su puesto. Filmo los anuncios en las vías. Tienen escritos en ruso que dicen: “soldado, ¡detente! ¿Cómo podrás mirar a tus niños a los ojos? Sé humano”

Nadie podría ahora mismo decir con seguridad si Vladímir Putin es un genio o un loco. El poder provoca estas cosas, a veces saca lo mejor y a veces lo peor del ser humano. Desde la solitaria oficina de dictador destruye vidas y arrasa ciudades, amenaza al mudo con armas nucleares y se coloca en posición de exigir que todas las naciones se sometan a sus dictados. Es difícil creer que no haya perdido contacto con la realidad y no haya caído en la locura.

Las sanciones para detener la guerra

Los países de occidente tratarán de frenar al megalómano con medidas económicas y presiones diplomáticas. Estamos viviendo la peor pesadilla imaginable desde que existen armas nucleares, la posibilidad de que un loco llegara a tener el control de tales armas y dependamos todos de la calidad de sus delirios. La última esperanza es que aquellos que primero se sometieron a su voluntad, los funcionarios del gobierno ruso lleguen a entender que Vladímir Putin es para ellos también un peligro que debe ser neutralizado.

Las sanciones económicas son las más duras que se hayan aplicado, pero nada parece amedrentar a Putin. Los países de Europa han empezado a confiscar los bienes de los multimillonarios rusos y seguramente irán tras los altos funcionarios que tienen cuentas y casas vacacionales en los paraísos del turismo y tal vez contra el mismo Putin y su familia. Las Cortes Internacionales de Justicia han iniciado una investigación de la invasión a Ucrania y el líder ruso puede ser juzgado como criminal de guerra. Lo último que queda por esperar es que las sanciones económicas afecten la economía y provoquen el descontento popular hasta que los propios funcionarios del gobierno consideren la necesidad de liberarse del peligro que representa Vladímir Putin.

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