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¿Quién maneja los debates?

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Los debates no suelen movilizar electores porque todos creen que su candidato ha ganado, solo cuando el fracaso de alguno de los candidatos es evidente moviliza a los electores y generalmente solo a los indecisos.

Fotos: Flickr Consejo Nacional Electoral

Igual que en la primera vuelta electoral, el debate oficial obligatorio organizado por el Consejo Nacional Electoral cambió de formato a última hora y el cambio de formato obligó al cambio de moderadora. El debate en segunda vuelta es mucho más fácil porque solo participan dos candidatos y la confrontaación de ideas, estilos y personalidades es inevitable; sin embargo, el formato diseñado parecía destinado a impedir la confrontación.

Si las preguntas son formuladas por un comité de expertos que propone preguntas preñadas (un tema que lleva dentro otros cinco o seis temas); si el moderador no puede hacer repreguntas; si el tiempo se maneja desde los controles; Si los tiempos son tan estrechos que apenas permiten apuntes de parte de los candidatos; si el debate es cortado con publicidad que ni los canales comerciales suelen incluir; entonces, el formato está deliberadamente destinado a provocar que el debate se torne inocuo, que no haga daño a nadie. Por eso la pregunta: ¿quién maneja los debates?

Nada parece  casual. Incluso la fecha del debate, al inicio de la campaña, parece buscada para que el debate causara el menor impacto posible. Todo estaba previsto para que los dos candidatos hablen generalidades, no puedan contestar las preguntas, no puedan precisar ni fundamentar ni ofrecer detalles. Los organizadores querían, al parecer, que los candidatos ignoren las preguntas y hablen generalidades, sin que la moderadora pueda decir nada.

El candidato Guillermo Lasso parecía eludir la confrontación, evitaba responder a los desafíos, las insinuaciones y acusaciones del adversario. El candidato Andrés Arauz, parecía adoptar el papel de genio joven de Silicon Valley, con pronunciamientos estudiados, eludiendo el pasado y mirando al futuro, contrastando su curriculum académico con la práctica bancaria del adversario. El éxito parecía asegurado.

Lasso cambió la estrategia a medio camino. Empezó a asumir una posición de madurez y experiencia frente a un joven burlón y superficial, y soltó por primera vez la frase que se convirtió en el leit motiv del debate: “Andres, no mientas otra vez”. Le martirizó con esta frase repetida, sin que Arauz pudiera neutralizarla, más bien le ayudaba con acusaciones o sugerencias mentirosas.Se le borró la sonrisa y se le notaba incómodo simplemente siguiendo el libreto diseñado. 

Del debate solo se recordará, por años, la frase “Andrés, no mientas otra vez”. Es una frase demoledora porque la recordarán quienes le escuchen al candidato y la repetirán mentalmente, y recordarán los memes y las burlas que también son demoledoras. No cambiarán el voto sus partidarios, indignados, odiarán más al adversario. El resultado del debate no es racional, nadie recordará los contenidos, solo quedarán reacciones emotivas de indignación, de resentimiento. Los partidarios de Lasso, tal vez estén decepcionados y comentarán que desperdició muchas ocasiones para dar golpes más fuertes. Todavía tendrá que invertir mucho si quiere llegar a remontar la diferencia, pero el debate fue un buen punto de partida. Sus asesores, si no están confundidos, buscarán reforzar los resultados del debate en lo que queda de campaña.

El Consejo Nacional Electoral no ha cambiado nada, no aprendió nada de la primera vuelta y su presidenta mantiene firme el comando, los consejeros que no están de acuerdo han dejado de protestar por las decisiones autoritarias, ahora prefieren el silencio. La estrategia de la presidenta Atamaint no resultó totalmente exitosa, pero se muestra inclinada a favorecer a uno de los candidatos. Debe tener asesores, que ahora son desconocidos, que manejan muy bien el poder de la Presidenta y sus maneras elusivas de responder a las críticas.

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