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El poder y los secretos

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Vivimos tiempos indescifrables. Por una parte, estamos saturados de palabrería, revelaciones, filtraciones; por otra, advertimos que no sabemos nada de cierto, que estamos rodeados de secretos. Se avecinan nuevos juicios políticos y conviene prepararnos analizando las relaciones entre el poder y los secretos.

Foto: @rawpixel – Freepik

Los políticos exhibicionistas y corruptos parecen expertos en acumular secretos: les fascina los aparatos de inteligencia, las grabaciones subrepticias, las vergüenzas de los adversarios, les excita escarbar en el pasado de los enemigos. Pero es apariencia, no son capaces de guardar secretos, tarde o temprano lo cuentan todo y, finalmente, los documentos, las escuchas, las grabaciones, los cuadernos, hechos para chantajear a los enemigos o para controlar a los amigos, terminan convirtiéndose en evidencias en su contra. Así pasó con Nixon, con Montesinos, con Chávez, con Correa y con todos.

Es famoso el Director de la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos, Edgar Hoover, a quien todos temían porque conocía los secretos sucios de todos los políticos importantes. Y actualmente en España se están ventilando secretos acumulados por un policía corrupto, de apellido Villarejo, que había sido contratado por funcionarios del gobierno anterior para que averigüe los secretos del tesorero del partido. El policía corrupto está preso, pero todavía es un cofre de secretos y, desde la cárcel, atormenta a los funcionarios del anterior gobierno y es amigo utilizado por los políticos del actual gobierno para desacreditar desde el Rey emérito para abajo.

Esos son los políticos malos, pero los políticos buenos también están rodeados de secretos. Algunos dicen que no se puede revelar aquellas cosas que pueden provocar pánico colectivo o pueden romper la armonía social. Con esta justificación de apariencia benigna, se mantiene reserva sobre endeudamiento, inflación, crecimiento o decrecimiento económico, número de empleados públicos, porcentaje de desempleados o cantidad de pobres. Hace poco debatían entre organismos del Estado si el precio y las condiciones de venta del banco de los ecuatorianos debían ser públicos o si debían mantenerse en secreto por varias décadas. ¿Les nombraron administradores para que terminen expulsando a los dueños?

La naturaleza del secreto

Las filtraciones, que ahora están de moda y que se presentan como servicio al público, no son información, investigación o descubrimientos. Las filtraciones suelen ser amenazas. Son verdades parciales; no son toda la verdad porque podrían convertirse en auto incriminadoras. Sirven para recordar a las víctimas o a los cómplices que los secretos pueden ser revelados. Buscan callar, amedrentar o tomar venganza. Las filtraciones suelen son un servicio a los malvados.

Haciendo de abogado del diablo para defender al periodismo, señalemos algunas verdades. Todo periodista es un diablo Asmodeoque merodea en las inmediaciones del poder y lo que encuentra no siempre es limpio. El diablo Asmodeo de la biblia (libro de Tobías) es el demonio de la lujuria, pero Luis Vélez de Guevara en El Diablo cojuelo y Alain-René Lesage, le transformaron en un diablillo travieso que levanta los techos de las casas para mostrar los secretos y las vidas privadas de los habitantes del pueblo. La coartada del periodista es que las filtraciones pueden convertirse en la única manera de descubrir lo oculto; la filtración puede ser el inicio de una catarata de secretos, la filtración comienza como un servicio al malvado, pero puede convertirse en un servicio al público. Para exorcizar a todos los demonios digamos que el periodista se ve obligado a informar todo porque nunca encontrará la verdad incontaminada.

El secreto se relaciona con el saber y con la verdad. Secreto es lo que sabemos y otros no saben, eso nos da poder; o lo que otros saben y nosotros ignoramos; eso nos resta poder. El poder se esconde en el secreto. Nadie tiene todo el poder por eso hay juego de poderes o reparto de poderes y juego de secretos.

Muchos líderes utilizaron el secreto incluso como estilo de gobierno. Dice Pedro García Cuartango: “Me recuerda mucho la forma de ejercer el poder de Giulio Andreotti, que jamás daba una explicación a sus hombres de confianza. Andreotti practicaba el secreto con virtuosismo y siempre daba a entender que sabía más que los demás. Y probablemente era cierto”. 

Nuestra Asamblea Nacional desea conocer los secretos ocultos de la revuelta de octubre y quiere conocer quién entregó los hospitales a los corruptos que están presos o prófugos. Creen que hay una relación entre la Ministra de Gobierno, los votos en la anterior interpelación fallida y los negocios hospitalarios. Si la Ministra de Gobierno es custodio de tales secretos, los asambleístas debieran saber algo más sobre los secretos.

La mujer y el secreto

La actual Ministra de Gobierno es la segunda mujer en ocupar ese cargo en el país y esto tiene relevancia porque, a diferencia de lo que se cree, es la mujer quien mejor guarda secretos y no el hombre. Al menos es lo que sostenía José Ortega y Gasset. Dejando para otra discusión cierta misoginia del autor español o la influencia de Weininger, es interesante su planteamiento porque es opuesto al estereotipo de la mujer amante del chisme y reveladora de secretos. Sostiene Ortega que la característica fundamental del hombre es su transparencia y teatralidad, es exhibicionista y por ello afecto a la autobiografía y a la eliminación de barreras o espacios opacos. En contraste, sostiene Ortega, la esencia de la mujer es la reserva, el recato y la necesidad de preservar espacios de interioridad. Por estas diferencias, es la mujer quien guarda más secretos que el hombre. De manera muy gráfica señala que “una niña de nueve años tiene más secretos que un viejo y una mujer de 30 más arcanos que un jefe de Estado”.

Para comparar estas diferencias entre jefes de Estado podríamos tomar el caso de Cristina Fernández y Andrés López Obrador. Cristina no da nunca ni ruedas de prensa ni entrevistas y, sin embargo, todo el mundo sabe lo que piensa y lo que quiere. López obrador habla todos los días y nadie sabe lo que quiere ni lo que piensa. Por hablar en exceso ha rozado el ridículo; se contradice, desautoriza a sus ministros, repite, trastabilla. Cristina alimenta el misterio, López Obrador es un exhibicionista y se pone al descubierto constantemente. 

Los Asambleístas ecuatorianos, los miembros de la Comisión de Fiscalización y todos los miembros del Pleno pasarán trabajos a la hora de emitir su voto y fundamentar una decisión de censura a una Ministra que mantendrá los secretos que considere necesarios detrás de un discurso muy lógico, razonado y sereno. Los miembros de la Asamblea pretenderán que la Ministra descubra todo y se incrimine ella misma o proteja a los Asambleístas involucrados en el opaco episodio de los diálogos entre el Ejecutivo y el Legislativo, en el intercambio de nombres para la designación de funcionarios y en la trama de corrupción montada en los hospitales. 

El debate político y los secretos

En la etapa electoral debería prevalecer la transparencia para que los electores puedan contar con elementos objetivos para la valoración de los candidatos. El debate es lo opuesto al secreto y ahora es más necesario que nunca porque nos están haciendo falta ideas nuevas, propuestas de fondo para recuperar no solo la economía y el tejido social sino la civilización que se desvanece.

La pandemia nos ha traído grandes daños y también algunas ventajas. Los daños son la constatación de que no teníamos un sistema de salud, no teníamos un liderazgo capaz de responder con la rapidez y la claridad que eran necesarias y no estábamos preparados para tener conciencia individual y actuar colectivamente. Entre las ventajas tenemos la disminución de la contaminación, la conciencia de la inutilidad del consumo desaforado y el retorno a las cosas fundamentales.

Hemos descubierto que no son los gobiernos más controladores los que han dominado la pandemia, sino los ciudadanos más conscientes, disciplinados e informados. Los países que mejor han manejado la pandemia han sido los de gobiernos que reaccionaron rápido y cuyos ciudadanos, con disciplina colectiva y pruebas científicas, han evitado la propagación del virus. 

 En nuestro país y nuestra región, más bien se han juntado la opacidad de la política, con la charlatanería de los medios, especialmente las redes sociales. El secreto crece en la política corrupta como el moho en la humedad. La corrupción también se nutre del secreto, la mentira, la devaluación de la palabra. Al mismo tiempo, la crisis de los Medios de Comunicación, resta rigor, credibilidad y profesionalismo a la investigación; se refugian en el chisme, el oficialismo, se ponen al servicio de los denunciólogos, se prestan fácilmente para las filtraciones. A los ciudadanos y a los Medios también les fascina el secreto.

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