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La guerra comercial más grande de la historia

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Las máximas autoridades de Estados Unidos y China libran una pelea que esconde intereses globales.

Foto: Flickr The White House

En la guerra no hay ganadores, se dice desde que se inventaron las guerras, pero sigue habiendo guerras en el mundo porque sí hay ganadores y perdedores, solo que no son ni los que declaran ni los que combaten. La guerra comercial entre China y Estados Unidos es la más grande en la historia y luce estremecedora porque son las dos potencias comerciales más grandes del mundo. El examen de los resultados, sin embargo, deja ver que se han neutralizado y solo afecta a los consumidores.

El presidente Donald Trump decidió aplicar aranceles por un valor de USD 34 000 millones a productos importados de China como autos, calentadores, robots y cientos de productos. China respondió imponiendo aranceles a productos importados de Estados Unidos como soya, petróleo y otros por un valor similar. Así se han neutralizado las dos potencias, pero según BBC News, no son las empresas chinas las que pagan los aranceles, sino los importadores estadounidenses y en último término los consumidores estadounidenses.

El origen del problema fue el déficit comercial. Estados Unidos exporta a China bienes por USD 120 000 millones, pero las importaciones de bienes chinos suman USD 500 000 millones. El déficit alcanza a la impresionante suma de USD 375 000 millones por año.

La receta para remediar este problema es la vieja práctica del proteccionismo que ha venido reduciéndose con la globalización, los acuerdos comerciales y la libertad de mercado. Estados Unidos reduce las importaciones chinas imponiendo aranceles, para incrementar el consumo de productos americanos y aumentar el empleo. Pero la receta no es de efecto automático, porque las empresas estadounidenses no pueden empezar a producir inmediatamente, toma tiempo reorientar la producción y las cadenas de valor; además tiene un costo.

Algunos analistas creen que la guerra iniciada por Trump tiene intereses electorales; con la promoción del consumo de productos americanos y la creación de empleos piensa hacer ‘América grande de nuevo’, como prometió. Otros creen que es una guerra enmarcada en la geopolítica y corresponde a la pretensión de las dos grandes potencias de imponer su visión del mundo.

Es difícil que haya un ganador en esta guerra y que se resuelva pronto. China tiene fama por su paciencia y su persistencia y el presidente Trump por su impaciencia y su imprevisibilidad. La propiedad intelectual y la exportación de tecnología están también involucradas en esta guerra. La empresa china Huawei produce una tercera parte de la telefonía celular en el mundo y las restricciones impuestas por Estados Unidos le afectarán, pero también afectará a Estados Unidos porque pierden mercado las exportaciones de chips y otros rubros de la tecnología utilizados por la empresa china.

Tampoco es previsible que cualquier acuerdo comercial sea satisfactorio para China y Estados Unidos, porque son dos sistemas muy distintos. Las empresas chinas son estatales y centralizadas, reciben ayuda del Estado; las empresas norteamericanas son privadas y se valen por ellas mismas, no tienen protección estatal. Ni China ni Estados Unidos están interesados en cambiar el sistema que les ha colocado en los primeros puestos del comercio mundial.

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