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España: el pacto de la desmemoria

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Después de seis meses de humillaciones e insultos y después de 140 millones de euros de gasto inútil, Pedro Sánchez anuncia un acuerdo con Pablo Iglesias. La necesidad política borra de la memoria lo que se dijeron.

Foto: La Moncloa – Gobierno de España

Tal como temían los analistas políticos y todos los españoles, en la repetición de las elecciones los resultados han sido los mismos, en realidad un poco peor para el partido socialista y Pedro Sánchez. Volvió a ganar las elecciones pero el número de diputados (120) está lejos de la mayoría necesaria (176) para formar gobierno. Sánchez pudo obtener la presidencia sumando a la izquierda o a la derecha, pero creyó en el brujo oficial, José F. Tezanos, que aseguraba que sus encuestas pronosticaban una victoria que le permitiría gobernar solo.

Sánchez y Pablo Iglesias negociaron seis meses sin ponerse de acuerdo porque, según Sánchez, no podría dormir tranquilo con Iglesias en el gobierno y además tenían discrepancias insalvables respecto de Cataluña y otros temas importantes. Según Iglesias, en todas partes los que suman los votos participan del gobierno y exigía la vicepresidencia y varios ministerios y prefirió repetir las elecciones antes que darle sus votos gratuitamente.

Entre los dos partidos perdieron diez escaños en el congreso, y ambos, al ver crecer a la derecha y huyendo de la pesadilla de nuevas elecciones, se pusieron de acuerdo en hacer un gobierno de coalición en el cual Iglesias tendría la vicepresidencia y cinco ministerios.

Un pacto de diez partidos
España que ha sido gobernada durante cuarenta años por dos partidos, el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular, uno de izquierda y otro de derecha, se ve avocada ahora a juntar diez partidos para formar un gobierno. El PSOE tiene 120 votos y Podemos 35, todavía les falta 21 votos para llegar a la mayoría necesaria de 176 votos.  Podrían apoyar los tres votos de MAS PAIS, los seis votos del Partido Nacionalista Vasco y un voto cada uno de los partidos pequeños, Nueva Canaria, Teruel Existe, Partido Regionalista de Cantabria y Partido Nacionalista Gallego.

 Entre todos llegarían a 168,  todavía no suman votos suficientes, necesitarían que otros dos partidos se abstengan en la segunda votación para sumar más votos por el Sí que por el No. Podrían abstenerse los 13 diputados de ERC independentistas catalanes y cinco independentistas vascos de Bildu.

Una operación demasiado compleja para darlo por hecho. Iglesias irá a llorar a las puertas de los independentistas catalanes para que se abstengan y en ese caso, Sánchez rompería la promesa de no depender de los independentistas. Se repetiría luego lo mismo con los impuestos, con el indulto a los presos separatistas, con el dispendio de dinero para fortalecer las autonomías, con el incremento de salarios y pensiones que son promesas de Podemos. Iglesias sería la perdición de Sánchez porque se apropiaría de los éxitos del gobierno y endosaría al Presidente los fracasos, cumpliéndose la pesadilla que le quitaba el sueño a Sánchez.

A menos que las traiciones, las desmemorias y las humillaciones no hayan terminado y Sánchez termine diciendo que intentó reunir los votos suficientes para formar gobierno con la izquierda pero no fue posible y termine apeando a Iglesias y pactando con la derecha del Partido Popular. Nadie volverá a mencionar, bajo ninguna circunstancia, la repetición de elecciones.

Toda la derecha y una parte de la izquierda socialista temen a Iglesias porque puede arruinar la economía, ahuyentar la inversión extranjera y terminar haciendo crecer a la ultraderecha de Abascal, los únicos que han crecido en las últimas elecciones, duplicando su votación.

La conquista de los independentistas
A la izquierda catalana, ERC, le convendría mucho un gobierno socialista porque apuesta al diálogo y describe el problema catalán como un problema de convivencia y gobernaría junto al partido comunista Podemos que apoya a los catalanes en el derecho a decidir en las urnas; sin embargo, los independentistas son extremistas y se conducen por el lema de: ‘entre peor mejor’. Sánchez representa Madrid, el objeto de sus odios y puede ser que pronto consideren un traidor a Iglesias. El vocero de su partido en el congreso de Madrid, Gabriel Rufián fue abucheado en las manifestaciones solo por suavizar sus posiciones. Además, ERC aspira a ser el partido más votado en las próximas elecciones de Cataluña y para ello tiene que mostrarse inflexible. Por lo pronto ha dicho ya que no se abstendrán si no hablan de autodeterminación para Cataluña y de los “presos políticos”.  Los separatistas vascos dicen igualmente  que no negociarán a menos que se hable de autodeterminación y libertad de los presos.

Temas como la autodeterminación o el indulto para los separatistas presos, serán vedados en las negociaciones porque podrían convertir a Sánchez en el presidente más fugaz del período democrático español. En el texto del acuerdo con Iglesias, aunque es tan general que podría firmar cualquier partido, se establece la vía del diálogo para la solución del problema de Cataluña, pero añade “en el marco de la Constitución” y eso es lo que disgusta a los catalanes.

Todos los otros partidos exigirán contrapartidas para entregar su voto, aunque sea un solitario voto. Sánchez tendrá que ir a las negociaciones con diez chequeras para satisfacer las demandas de todas las regiones involucradas. La extrema derecha ya está acusando a Sánchez de estafa a los españoles y la derecha moderada se siente aliviada porque se ha librado, por el momento, de la presión para permitir, por vía de la abstención, la formación de gobierno librándose de los comunistas y populistas de Podemos.

El futuro de España
Si Sánchez no logra conseguir los votos porque no puede pagar el precio que tienen, volverá sus pasos, sin vergüenza, hacia la derecha porque no renunciará jamás a la idea de ser presidente. La derecha sufrirá entonces la presión para permitir la formación de gobierno. Si Sánchez consigue los votos porque le rebajan el precio o porque paga el precio que le impongan, tendrá un gobierno despanzurrado desde adentro; una socialdemocracia cogobernada por el comunismo, el populismo y el separatismo. Será, probablemente el fin del régimen del 78 porque funcionaba bien con dos partidos dominantes pero resulta imposible, como una manada de lobos disputándose la cena, con diez partidos compartiendo el poder. Puede ser que terminen todos, si es que son capaces de hacer alguna renuncia, abandonando el sistema de Autonomías con Parlamento, Presidente y Rey para buscar un acuerdo en torno a un Federalismo Ibérico.

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