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La economía vista desde la calle

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Empleo Economía Empresa

Las empresas son el motor de la economía de las familias que tienen algún integrante con empleo pleno. El Gobierno busca fortalecer al sector privado para alcanzar más personas con trabajo. Un análisis.

Foto: Gianna Benalcázar – CCQ

La economía es una ciencia muy complicada para la gente de la calle que se sorprendería al ver la impresión de billetes en las imprentas estatales o la incineración de billetes viejos en el Banco Central. La macroeconomía es cosa de señores que tienen poder y están lejos de los simples ciudadanos. La economía vista desde la calle se reduce al empleo porque es la única fuente de ingresos. Cuando se vive una etapa de bonanza, hay muchas oportunidades de trabajo y cuando se vive una etapa de crisis, no hay trabajo, hay reducción de personal en las empresas, baja la demanda de bienes y servicios, se percibe una sensación de inseguridad y desconfianza.

Los que saben de economía se manejan con cifras, planes, índices, pronósticos, escenarios; para el hombre de la calle todo es más simple, se maneja solo con sentido común que le dice que los egresos deben ser menores a los ingresos para generar algún ahorro o iguales para sostener su economía en el tiempo, pero nunca superiores porque generan endeudamiento creciente. El empleado solo aspira a que el salario le alcance hasta fin de mes.

Multiplicar el dinero sin trabajar

Obtener ingresos sin necesidad de trabajar es una ilusión que induce a la corrupción o a la estafa. Estos días se han hecho públicos varios casos de la famosa estafa inventada por Carlo Ponzi con su sistema piramidal. En la ciudad de Quevedo tenemos el último caso con Miguel Ángel Nazareno, un militar retirado que ofrecía pagar el 90% de interés en la primera semana, superando al famoso notario Cabrera que ofrecía el 10%. En poco tiempo, “don Naza”, conquistó 5 000 clientes que esperaban la multiplicación milagrosa de su dinero. Ignorancia y avaricia hacen posible que la estafa de la pirámide se repita una y otra vez. Parece inverosímil, pero incluso personas educadas, empresarios y responsables de organizaciones resultaron víctimas del más famoso caso de estafa con el sistema piramidal, el caso de Bernard Madoff, quien se mantuvo por diez años hasta que fue apresado.

En la ciudad de Quevedo, las víctimas defendían al estafador y hasta es probable que se queden persuadidos para siempre de su bondad y que culpen a los sistemas de control de haber puesto fin a la milagrosa multiplicación del valor del dinero puesto en manos de Miguel Ángel Nazareno, aunque el taumaturgo ni pagaba sus deudas ni pagaba impuestos.

Se valora el empleo, pero no la empresa

Volviendo al prosaico trabajo, los índices de empleo sirven para confirmar si una sociedad está saludable o enferma. Ahora que atravesamos malos tiempos, los índices de desempleo son altos en todos los países. 

En Ecuador, según datos del INEC a mayo de este año, dos tercios de la población es económicamente activa, de los activos un 6,3% carece de empleo. Pueden parecer consoladoras las cifras de empleo, pero no todos tienen el mismo valor, solo el 31,5% es empleo adecuado, 23,1% es subempleo, 26,2% se clasifica como otro empleo no pleno y 11,7% es empleo no remunerado.

En este país las empresas no tienen buena imagen a pesar de que el empleo privado es dominante, solo un 8,1% es empleo público, el 91,9% de los empleos están en el sector privado. De los asalariados, el sector privado aporta con el 81,7% de los puestos de trabajo. Sin embargo, los empleados y desempleados actúan como si el empresario fuera el enemigo, y más los dirigentes sindicales que han presionado para alcanzar condiciones de empleo que ahuyentan o acobardan a los generadores de puestos de trabajo. Incluso la academia tiene cierta aversión a la empresa privada, probablemente por aparentar una imagen de izquierda.

El gobierno intenta corregir algunas de las políticas laborales que ahuyentan la inversión y tornan poco competitivos a nuestros productos. Ecuador tiene el salario mínimo más alto de la región, con la sola excepción de Uruguay, y tiene algunas restricciones que no tienen otros países como la tercerización y el trabajo por horas. El gobierno prepara un proyecto de ley que no afecte al código laboral y las garantías constitucionales, pero permita generar más empleo estableciendo condiciones más flexibles para nuevos trabajadores sin afectar a los que ya están enrolados.

La riqueza según el calvinismo y el catolicismo

El mundo sajón es calvinista y considera una bendición la riqueza, pero nuestro mundo latino conserva trazas de la antigua teología católica que consideraba que los pobres son bienaventurados y los ricos tienen prohibida la entrada a los cielos. El cambio que necesita nuestro país y nuestra región es hacia una filosofía del bienestar que premie la creatividad, el emprendimiento, la empresa y la innovación.

La iglesia actual considera el trabajo como la oportunidad de realización humana, pero condena la explotación del hombre. La clave está en la encíclica Rerum Novarum promulgada por León XIII en la peor situación del capitalismo en 1891: “los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filosofía cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí”.

 Las teorías marxistas, difuntas en Europa, gozan de buena salud en América Latina. El nuevo presidente de la Conaie, Leonidas Iza, es partidario de un comunismo indigenista que es, necesariamente, estatista y colectivista, modelo en el cual todos los ciudadanos son empleados del Estado. Puesto que no ha logrado sobrevivir ninguna economía de estas características, no tiene futuro posible. El ciudadano de la calle y los afiliados a la Conaie seguramente ignoran lo que significa comunismo indigenista o Mariateguismo y probablemente no se incomodan con la idea de ser empleados del Estado.

La crisis de nuestro tiempo es de empleo y no es una crisis económica solamente, según lo dicho por el Papa Francisco: “La crisis que estamos viviendo en este momento es una crisis humana. Se dice: pero es una crisis económica, una crisis del trabajo. Sí, es verdad. Pero ¿por qué? Porque este problema del trabajo, este problema de la economía, son consecuencias del gran problema humano. Lo que está en crisis es el valor de la persona humana, y nosotros tenemos que defender a la persona humana”.

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