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Los populistas logran cargarse al Rey

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Un partido político nuevo de jóvenes universitarios ha logrado un enorme éxito político en España. Ahora desde la vicepresidencia y algunos ministerios maniobran para cambiar la monarquía parlamentaria por un diseño republicano de izquierda. 

Foto: Flickr La Moncloa Gobierno de España

Un grupo de jóvenes populistas que, aprovechando la ingenuidad política latinoamericana, fabricó constituciones y asesoró a caudillos latinoamericanos en tres países, ha logrado éxito en Europa y ha conseguido tumbar un Rey. Ese grupo universitario, utilizando a los países latinoamericanos como laboratorio político, se preparó en estrategia política para dar la batalla en Europa y conseguir lo que parecía imposible: tomar el control de un país europeo, España, desde la vicepresidencia y poner en peligro sus instituciones. 

Podemos es el partido político en España que ha hecho honor a su nombre porque ha podido contra los dos partidos poderosos que se turnaban en el poder desde 1978 y ha podido contra el Rey Juan Carlos al que ha echado al exilio y podrá, si nadie le detiene, cumplir su propósito de arrasar con la Monarquía y la Constitución para instaurar la República.

En América fracasaron todos los caudillos que ellos asesoraron. Chávez se murió y su heredero ha matado Venezuela; Morales cayó y patalea desde Buenos Aires; Correa huyó y se puede convertir en un caudillo errante. En Europa, sin embargo, son fuertes y poderosos, manejan la política española y amenazan a la Unión Europea porque su objetivo confesado es abandonar la Unión y convertir España en una república populista comunista.

De Rey a cazador de elefantes

El Rey Juan Carlos I tuvo un papel extraordinario en la construcción de la España moderna. Después de la dictadura de Francisco Franco le correspondió la construcción de una democracia sólida con acuerdos capaces de superar las heridas de una guerra civil que costó medio millón de muertos. Con sucesivos políticos de la talla de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, consiguieron convertir a España en una nación desarrollada, respetuosa de las libertades y con importante prestigio internacional. El Rey fue clave en las relaciones internacionales, como factor de unidad nacional y dique para las corrientes separatistas y golpistas. 

Su participación política sobresaliente se desvaneció cuando sus defectos y conductas reprochables empezaron a aflorar como consecuencia de la irrupción de partidos de tinte populista, movimientos separatistas en varias regiones y una prensa inclinada a la chismografía y al voyeurismo político como mecanismo de supervivencia frente a las redes sociales. La figura del Rey terminó en objeto de mofa cuando sufrió un accidente en una cacería de elefantes en la que participaba con su amante.

Una fiscal suiza que investiga a la que había sido su amante descubrió algunas cuentas del Rey en paraísos fiscales. Parece que tenían origen en un regalo del Rey de Arabia y que Juan Carlos regaló a la cortesana que le ha traicionado. Los enemigos de la monarquía no esperaron más. Primero presionaron para que el Rey abdicase el trono en favor de su hijo Felipe y, más tarde, basados en las declaraciones de un policía corrupto y la cortesana, iniciaron el ataque a la monarquía como institución corrupta, anacrónica y ridícula. Con el actual presidente socialista, Pedro Sánchez, con ansia de poder a cualquier precio, el sucesor de Juan Carlos, Felipe VI, tiene al enemigo dentro del gobierno y tendrá que ser ejemplar y muy astuto para lograr la preservación de la monarquía.

España como Federación

La mayoría de los españoles está satisfecha con la monarquía, según encuesta reciente, pero la mayoría parlamentaria que sostiene al gobierno está compuesta por todos los enemigos del Rey: los separatistas catalanes y vascos que quieren una república independiente, los comunistas que quieren socavar las instituciones y la Constitución del 78, el presidente Sánchez que quiere todo el poder para él y no tolera un jefe de Estado que está por encima.

Es curioso que el fanático presidente del gobierno de Cataluña, Quim Torra, se lance a pedir la abdicación de Felipe VI que ninguna responsabilidad tiene en la conducta privada del Rey Juan Carlos. Además, resulta grotesco que califique de huida la salida del Rey siendo él presidente del gobierno autonómico por haber huido el titular, Carles Puigdemont, éste sí, eludiendo a la justicia, metido en el maletero de un auto, porque tiene orden de prisión. Mientras tanto, los líderes separatistas se hacen los distraídos con el patriarca Pujol y toda su familia encausada por corrupción, lavado de dinero y evasión de impuestos.

España ha generado una profunda división entre los separatistas y los partidarios de la monarquía parlamentaria. Poco a poco van reeditando los odios y fanatismos que provocaron la guerra civil. Los políticos actuales no tienen la talla de Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Felipe González, Enrique Tierno Galván, Manuel Fraga y otros que participaron en los pactos político y económico del 78. Es difícil predecir el futuro de España, pero puede terminar con la caída de la monarquía y la instauración de repúblicas federadas para que cada caudillo pueblerino tenga su cuota de poder y su minúsculo territorio.

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