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El mundo antes y después del coronavirus

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Lo que conocíamos como normalidad, tal vez no vuelva nunca. Lea esta reflexión sobre lo que nos pasa hoy en día.

Flickr: NASA Earth Observatory

El ser humano tiene más de nómada que de misántropo. Abundan los conquistadores, los aventureros, los exploradores, los turistas y los nómadas. No son muchos los que se recluyen voluntariamente, los misántropos, los enclaustrados, los investigadores que se encierran en su biblioteca o su laboratorio. Ahora que nos corresponde la reclusión en nuestras casas, nos toca luchar con el nómada que llevamos dentro.

Estamos llenos de contradicciones y, con frecuencia nos disgusta lo que obtenemos cuando se cumplen nuestros deseos. El que trabaja sueña con la vida tranquila y libre del jubilado, pero el jubilado añora los días en que trabajaba. Muchas personas maldicen la obligación de trabajar hasta que se quedan sin trabajo.

Una vieja canción de Alberto Beltrán dice: “A mí me llaman el negrito del batey/ Porque el trabajo para mí es un enemigo/ El trabajar yo se lo dejo todo al buey/ Porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. En nuestros días no sería tan exitosa esta   canción entre otras cosas porque el trabajo es la única manera de sobrevivir y progresar y en todas partes suben los índices de desempleo.

No todos los ecuatorianos que ahora estamos en voluntario encierro tenemos la misma preparación ni las mismas condiciones para el teletrabajo, para aprovechar este tiempo en mejorar las relaciones familiares, leer, hacer las tareas pendientes o dedicarlo a actividades sedentarias. Mientras los futbolistas engordan en su encierro, los hiperactivos se trepan las paredes y los pensadores buscan espacios de soledad, todos esperamos con ansiedad el retorno a la normalidad. 

Pero eso que llamamos normalidad, tal vez no vuelva nunca. La pandemia dejará víctimas, dejará muertos, dejará desempleados, dejará políticos irrecuperables; esos gobiernos seccionales que cerraron carreteras y aeropuertos actuando sin competencias ni sentido común. Dejará, en fin, una crisis económica de la que tardaremos en recuperarnos. 

El mundo no volverá a ser el mismo, dicen los expertos. Después de la pandemia el mundo quedará con altos niveles de desconfianza en las relaciones humanas, en los viajes, en las personas portadoras asintomáticas de virus desconocidos. Esto hace verosímiles las sospechas de Gideon Lichfield que predice desarrollos de la tecnología para chequear a todos los pasajeros de los aviones, asistentes a eventos masivos, visitantes de edificios de gobierno y usuarios del transporte. Podrá haber la posibilidad de rastrear los sitios que ha visitado cada ciudadano mediante el teléfono celular o la obligación de llevar certificados de vacunas y medidores de la temperatura o de los signos vitales. Si antes las discotecas te pedían que demostraras tu edad, dice Lichfield, en el futuro puede que te pidan que demuestres tu inmunidad.

La reducción del empleo y la producción como consecuencia de la pandemia implicará una reducción del consumo. Por eso Martin Wolfe propone que los gobiernos se conviertan en los consumidores de última instancia antes que los créditos y avales de los gobiernos que pueden incurrir en el riesgo moral de premiar a alguien por su mala conducta. Los gobiernos no pueden abandonar a las empresas en peligro de quiebra para que puedan mantener los ingresos y minimizar los costos.

La tecnología es fundamental para derrotar a las pandemias. Ayuda a mantener el control, las estadísticas, la información y el rastreo de los contagiados. Para la etapa de recuperación de la economía también será esencial la tecnología. Andy Chun dice que la inteligencia artificial que se presenta en las películas de Hollywood como un robot que odia a los humanos, “en la actual pandemia del Covid-19, la IA ha surgido como el superhéroe que está salvando a la humanidad de la enfermedad y reduciendo globalmente el número de muertos”. Las aplicaciones de la inteligencia artificial, asegura, serán indispensables desde la secuenciación del genoma hasta el diseño de vacunas. El 14 de enero China compartía con el mundo el genoma del extraño virus que generó la pandemia, el virus aparentemente ha mutado pues España acaba de anunciar que ha obtenido los primeros genomas completos del SARS-CoV-2 y que son diferentes del virus que salió de China dos meses antes, aunque sigue siendo coronavirus.

50 países escapan hasta ahora del virus, la mayoría africanos, otros cercanos a China como Corea del Norte, Myanmar y Laos, algunas islas muy pequeñas del Pacífico y el Caribe y la república de Bukele, el pintoresco presidente de El Salvador. No se sabe si el virus se retrasa por las medidas tomadas, por el clima, por su aislamiento o más bien no saben que tienen infectados porque no hacen pruebas y hasta cabe la sospecha de que ocultan las cifras.

Mientras estamos en encierro obligado tenemos tiempo para pensar lo que deberemos hacer cuando hayamos superado la pandemia y sabiendo que el mundo no volverá a ser como era, debemos anticipar y prepararnos para ese nuevo mundo que debemos diseñar o al que deberemos adaptarnos.

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