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El debate presidencial

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El primer debate presidencial resultó decepcionante para quienes querían definir su voto. La publicidad puede ocultar el verdadero valor de los candidatos.

Foto: @Alexaphotos – Freepik

El título de debate presidencial quedó muy holgado para la reunión de 14 aspirantes a la presidencia del Ecuador. Debate es la confrontación de ideas, pero nadie comentó alguna idea de otro candidato, nadie contrastó, negó, alabó o vituperó las propuestas presentadas por los participantes en el debate. Sobre un fondo de colores vivos, azules, rojos, amarillos, blancos, negros, casi un vitral, se sentaron en una sola fila los siete aspirantes; la escena se parecía a la fachada de la capilla de la Virgen del Camino con las figuras en bronce de los apóstoles, esculpidas por Zubirachs. No hubo diálogo entre ellos, cada uno trataba de destacarse de los demás. 

Los factores que conspiran en contra del debate presidencial son el número de candidatos y el tiempo disponible. Con 16 candidatos es imposible que haya confrontación el programa termina convirtiéndose en una distribución igualitaria del tiempo y los conductores haciendo de relojeros para apagar el micrófono cuando se termina el tiempo asignado. Aunque se formaron dos grupos para el debate, no hubo tiempo suficiente. Es difícil que el público soporte 90 minutos de programa y en ese tiempo apenas hay posibilidades para que cada candidato disponga de dos minutos y medio para cada tema de los cuatro temas escogidos. Resulta casi una burla pedirle a un candidato que diga en minuto y medio cuál es el plan económico que piensa implementar. Sin embargo, para algunos candidatos ese tiempo parece demasiado largo.

La necesidad de destacarse entre 14 candidatos conduce a que se hagan ofertas casi caricaturescas porque no hay tiempo para explicar el qué, el cómo, el cuándo y el con qué. El debate termina en un concurso de quimeras que resulta sorprendente. Solo como ejemplo señalo las ofertas realizadas por siete candidatos en uno de los debates: reducción de impuestos; ayuda a los emprendedores para el pago de salarios; ingresos excepcionales para los desempleados; amnistía bancaria; reestructuración de las deudas; baja de tasas de interés al 2%; fondo de reactivación económica; creación de 3 millones de empleos; creación de un seguro agrícola; programa de hambre cero; créditos hipotecarios a 30 años con el 2% de interés; construcción de mega hospitales; y para combatir la delincuencia, pena de muerte, cadena perpetua y granjas agropecuarias carcelarias. 

Candidatos capaces de hacer estas ofertas, evidentemente desconocen la realidad, no se hacen cargo de la crisis en que vivimos o mienten sin rubor. Y los candidatos que hacen las ofertas más desquiciadas, no participaron en los debates. No se puede concebir un debate en el cual se puedan decir tales cosas sin que nadie, ni los otros candidatos ni los conductores digan nada.

Un candidato cuerdo y responsable, que se atenga a la realidad y proponga remedios viables para la crisis, en las actuales circunstancias, queda fuera de lugar. El populismo es una enfermedad de la política muy grave y contagiosa, es también una pandemia. Para ser elegido presidente, según parece, ya no hace falta tener capacidad, experiencia, equipo, proyecto; basta con tener fama, por eso las redes sociales son ahora el principal instrumento de campaña. El jumento envuelto en pieles y con cuernos que allanó la sede del Congreso en Estados Unidos, es el personaje más famoso del momento, ha salido en todos los periódicos y estaciones de televisión en el mundo, aunque no haya dicho una palabra ni haya tenido una idea.

Para los próximos debates debe haber más exigencia de parte de los conductores; al menos repreguntas que cuestionen las propuestas absurdas, los datos falsos o proyectos contrarios a la Constitución. Un formato demasiado rígido no permite la confrontación de ideas, evaluar las propuestas y argumentos de cada candidato y observar las reacciones cuando tienen la presión de ideas antagónicas o ataques de los adversarios. Estos son los aspectos más útiles de los debates; las exposiciones grabadas indican más la calidad de los estrategas que la de los candidatos.

http://20.81.132.255/portada/ustornaiolo/la-politica-ecuatoriana-y-el-arte-de-hacer-el-ridiculo/
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