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¿Cuál es el mejor modelo económico?

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Ni izquierda ni derecha, ni socialismo ni liberalismo, lo que hay son buenos gobiernos y malos gobiernos. El socialismo es exitoso en Portugal y el liberalismo un fracaso en Argentina. ¿Qué modelo deberíamos aplicar?

Foto: @whatwolf – Freepik.es

Si nos ponemos serios creo que los gobiernos y los gobernados, los intelectuales y el pueblo, los economistas y los sociólogos, todos sabemos lo que hay que hacer; lo que no sabemos es cómo hacerlo. Sabemos que hay que reducir el déficit fiscal; hasta el más simple sabe que no se puede gastar más de lo que tiene. Sabemos que es indispensable producir y que los productos pueden venderse si son buenos y baratos. Sabemos que hay que exportar y atraer inversionistas extranjeros y pagar salarios decentes y subsidiar a los más pobres. Sabemos que si hay trabajo y salarios decentes hay consumo y eso hace crecer a las empresas y que productores y consumidores pagan más impuestos. En suma, que la economía debe crecer para mejorar el nivel de vida y repartir mejor la riqueza. ¿Y entonces?

Lo que pasa es que vivimos del cuento. El cuento de la izquierda nos miente diciendo que el éxito está en hacer pagar impuestos a los ricos que siempre pagan poco y sus empresas casi nada. Que hay que exigir siempre mejores salarios porque los obreros son explotados. Que con los impuestos cobrados a los ricos y a las empresas hay que dar subsidios y bonos a los pobres y la sociedad se va haciendo más justa. Si falta algo se contrata deuda.

El cuento de la derecha es que hay que reducir el tamaño del Estado para reducir el gasto público y dejar más libre a la economía y al mercado sin trabas, con menos impuestos y cero tramitología. Si las empresas crecen pueden generar impuestos y hasta invertir las ganancias en la creación de más empresas. Si crece la economía genera empleos y donde hay empleo hay consumo y fomento de la producción. Si algo falla se contrata deuda.

Estas son las teorías de los economistas de izquierda y de derecha. El problema está en que la realidad no se deja encasillar. Los economistas que pontifican y predican recetas de claridad meridiana, en cuanto llegan al poder encuentran que el dinero público es siempre escaso y las demandas son abundantes y altaneras. Encuentran que las matemáticas no se llevan bien con la política. Que cuando se trata de reducir el gasto público se provoca desempleo y que el desempleo es una amenaza. Si comienzan por el otro lado, por incentivar a la empresa privada, se encuentran con que piden reducción de impuestos y liberalización de la contratación laboral. Millones de desempleados pueden decidir dejarle sin empleo a los gobernantes. Así es como empiezan esos modelos híbridos, acobardados, como el gradualismoo empiezan esos subterfugios como las consultas, el diálogo, los consensos. Entonces se ve claro que la clave es el liderazgo. 

El éxito y el fracaso de la izquierda
Depende de los líderes. La izquierda estúpida arruina los países, provoca desempleo, hambre, inflación, pobreza, como el gobierno bolivariano de Venezuela. Cuando se sienten incapaces de gobernar y les asalta el miedo de caer, se transforman en feroces dictaduras que convierten en esclavos a los gobernados y en corruptos a los gobernantes.

Portugal. Foto: Flickr Portugal Turístico

La izquierda inteligente empaca los libros y las teorías ideológicas y hace lo mismo que la derecha inteligente como el gobierno socialista de Portugal. En cuatro años de gobierno el líder socialista Antonio Costa que llegó al poder en alianza con el partido comunista y otros partidos de izquierda, ha logrado lo que parecía imposible:ha reducido el gasto público y, al mismo tiempo, ha aumentado los salarios y las pensiones de los empleados y jubilados. Redujo a la mitad el déficit fiscal hasta el 2,1% del Producto Interno Bruto (PIB), el mejor resultado desde la transición a la democracia en 1974. La economía lleva creciendo tres años seguidos y, lo que es mejor, el gobierno socialista ha devuelto los salarios y pensiones al nivel que tenían antes de la crisis. El desempleo que estaba en el 15% se ha reducido al 6% y las exportaciones crecen en un 6%. El resultado político es lógico: las encuestas colocan al gobernante socialismo con diez puntos porcentuales por delante de sus rivales.

El éxito y el fracaso de la derecha
El gobierno de Mauricio Macri en Argentina no es el peor gobierno de la derecha, no es de esas dictaduras del pasado que quisieron eliminar del mapa a la izquierda ni es una tiranía en la que los pobres pagan el precio de la crisis. Pero es un ejemplo del fracaso de la derecha. Recibió un país asolado por el populismo de los Kirchner que repartieron el dinero de los altos precios de las materias primas en subsidios, en bonos, y en corrupción. Igual que Rafael Correa en Ecuador, llevaron el gasto público de 23% al 41% del PIB. El número de burócratas casi duplicaba al número de trabajadores del sector privado y dejaron una deuda impagable.  Pero el gobierno de Macri no se atrevió a cambiar de modelo económico sino que pretendió ir transformando de a poco con un modelito acobardado llamado ‘gradualismo’.

Los resultados fueron desastrosos: la deuda se ha incrementado con los USD 57 000 millones prestados por el Fondo Monetario Internacional, los niveles de pobreza son iguales a los que tenía el Kirchnerismo, el desempleo está en el mismo nivel, la inflación anual llega al 55% y el dólar que se cotizaba a nueve supera los 60.  El precio político del fracaso económico es la derrota en las urnas porque la gente prefiere castigar al culpable de su penuria que castigar a los ladrones del pasado.

Gobiernos de derecha exitosos hay varios como Japón, Alemania, Australia. Tienen en común las siguientes características:

  • Gastan menos de lo que recaudan
  • Exportan más de lo que importan
  • Generan puestos de trabajo de calidad
  • No castigan con los impuestos
  • Invierten en salud, educación, seguridad y justicia
  • Distribuyen la riqueza con justicia
  • Ofrecen seguridad jurídica
  • Combaten la corrupción con dureza
  • No se eternizan en el poder.
Alemania. Foto: Jean Cano

Los gobiernos exitosos de derecha no tienen el afán de inventar nuevos países cambiando las leyes y los nombres de las instituciones. Aseguran la continuidad porque la burocracia no cambia con cada gobierno ni dilapidan el dinero en subsidios y bonos. Los pobres reclaman trabajo y oportunidades, no beneficencia.

Y Ecuador, ¿de qué lado anda?
Nuestro país cambia de modelo con cada gobierno. El resultado es que no funciona ni el modelo de la izquierda ni el de la derecha porque en cuatro años de gobierno no se puede inventar un nuevo país. Más importante que la ideología, la tendencia o el modelo es el liderazgo. 

El caso de la ciudad de Guayaquil es un ejemplo muy cercano de la diferencia que impone el liderazgo. Hace 30 años Guayaquil era un desastre y Quito una ciudad que progresaba con buenos alcaldes. Dos alcaldes de Guayaquil, León Febres Cordero y Jaime Nebot transformaron la ciudad en una urbe moderna, le dotaron de servicios de calidad y sobretodo devolvieron a sus habitantes el orgullo de ser guayaquileños. Dos alcaldes en Quito, Augusto Barrera y Mauricio Rodas, la convirtieron en un desastre. El Municipio Metropolitano ofrece malos servicios y cobra muchos impuestos, se deteriora el tránsito, se reduce la seguridad, prolifera la informalidad, tiene exceso de burocracia y fama de corrupción.

La diferencia entre las dos ciudades han sido los líderes. Ocurre lo mismo a nivel nacional, no hemos tenido suerte con los líderes y hemos pasado de un autoritarismo corrupto a un buenismo inoperante. Sí sabemos lo que se debe hacer lo que no sabemos es cómo hacerlo. El fracaso de la derecha en Argentina y el retorno del populismo es un alarmante aviso para los gobernantes ecuatorianos que deben decidir con entereza si quieren en realidad cambiar el modelo o prefieren seguir arrastrando un régimen que vive de los impuestos y la deuda.

Guayaquil. Foto: Flickr Jgiteau
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2 Comentarios

  1. Franco 20/09/2020

    Lo estaba leyendo re bien hasta que decía “liberalismo en Argentina”, ahí me di cuenta de lo poco informado de este sitio.

    Responder
  2. de acuerdo entiendo el proceso historico para buscar un modelo economico que se empareje a la realidad . asi como estan definidades las corrientes practicas ya no idelogicas del capitalismo representado por empresas que requiren mas utilidades para eelos mismos dejando a un lado la parte social , socialismo representado por la clase media la cual es la mayor contribuyente pagando sus impuestos a el gobierno pero no hay una retribucion clara y transparente de como se utilizan estos recursos y el comunismo representado por la clase baja que sabe que no recibira nada mas que las limosnas de un sistema capitalista y socialista. para mi humilde opinion sin ser economista seria , estoy a favor de la deuda publica pero difiero en el uso para mi su uso seria inyectarle este dinero a la clase media la cual se se encargaria de activar o motivar el consumo de bienes y servicios ejemplo si se inyecta el dineroen la clase capitalista el dinero desaparece en bancos o paraisos fiscales , si se inyecta en la clase baja solo se ctivaria la economia localmente en su colonia o delegacion no pasando a mayor escala nacional consumo de tacos , consumo en los expendios de segunda , consumo en la tiendita , en cambio se se inyecta en la clase media se activaria su consumo tanto para arriba como para abajo compra de estufas,refiregeradores, muebles , autos nuevos,y para abajo consumo en puestos de lo que sea . etc

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