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España, el país más fuerte del mundo

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Cuatro partidos se disputan a dentelladas el poder en España y ninguno tiene posibilidades de prevalecer. Para tener gobierno en España, han tenido que hacer alianza los que quieren destruir el país.

Foto: Flickr Congreso de los Diputados

Dos días de sesiones en el Parlamento español con ocasión de la moción de censura al presidente Pedro Sánchez, han puesto en evidencia el complicado panorama político y el fascinante, aunque temerario, ajedrez que juegan sus líderes mientras la pandemia ha puesto a España en el primer puesto del ranking mundial de contagiados y muertos por millón de habitantes. La tragedia es incontenible pero las decisiones atienden más a los efectos políticos que a la urgencia de medidas para resolver la pandemia y sus efectos. Creo que fue Bismark quien dijo que España era el país más fuerte del mundo porque viene tratando de destruirse así mismo desde hace cientos de años y no lo ha conseguido.

España ha sido gobernada por dos partidos que se han turnado en el poder, el Partido Socialista Español y el Partido Popular, desde los famosos acuerdos de la Moncloa, el consenso de todos los actores políticos para superar la violencia de una guerra civil cruenta y una dictadura feroz. A los dos partidos grandes le nacieron hijos contestarios que pretenden reemplazarlos en el poder. Al partido socialista le reta Podemos, un partido creado por jóvenes comunistas y populistas entrenados en política como asesores de los populismos de izquierda en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Al partido conservador le reta Vox, un partido de ultraderecha que aborrece de la Unión Europea, el feminismo y las autonomías regionales y pretende volver atrás en el tiempo como solución para la crisis.

La ultraizquierda consiguió llegar al poder poniendo en la presidencia a Pedro Sánchez con los votos de los separatistas catalanes y los herederos del terrorismo vasco. La ultraderecha pretendía eliminar al Partido Popular convirtiéndose en la alternativa de un gobierno comunista y populista. En estas circunstancias se plantea una moción de censura a Pedro Sánchez de la que todos querían sacar partido. Nunca estuvo en peligro la continuidad del gobierno porque no había los votos suficientes, pero tras dos días de debates todos quedaron perplejos.

La simplificación del relato como política

En política es moneda corriente la simplificación de los acontecimientos porque cada cual quiere hacer un relato apropiado para su conveniencia y la simplificación es la manera de persuadir a los electores incapaces de procesar una compleja trama de mentiras, medias verdades, sutilezas y señuelos. La prensa ha divulgado muchas simplificaciones tratando de hacer un balance de la moción de censura al gobierno de Sánchez.

El famoso comediante español Miguel Gila contaba, con humor negro, una anécdota que vendría a la medida para explicar una de las versiones. Decía Gila en uno de sus monólogos: Iba por la calle con mi mujer cuando nos topamos con dos tipos fornidos que le daban una tunda a un tipo que tambaleba y le digo a mi mujer: entro o no entro en la pelea. Al final decidí entrar y, entre los tres, acabamos al tipo. Si le ponemos nombres el relato sería: Los líderes de los dos partidos de gobierno, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ambos de izquierda, apaleaban como a zorro en bodega a Santiago Abascal de la extrema derecha y no se sabía qué decisión tomaría el líder del partido más fuerte de la derecha, Pablo Casado. Al final de la moción de censura, Pablo Casado decidió entrar en la pelea y entre los tres dejaron hecho una piltrafa a Santiago Abascal de la extrema derecha.

Abascal y sus partidarios quedaron perplejos, calcularon que el Partido Popular votaría por la abstención, no esperaban que Pablo Casado se sumara a sus enemigos para atacar con saña al único amigo que le puede llevar al poder y que le da los votos para que gobierne en tres comunidades autónomas. ¿Cómo puede volver al poder la derecha provocando una división irreparable? Es la pregunta que se hacen muchos en los dos partidos de derecha.

El relato que se hace cargo de la complejidad

La división de la derecha es una de las versiones. Otra lectura ve un triunfo esperanzador de Pablo Casado porque dejó claro que él es la única alternativa al gobierno de Sánchez e Iglesias. Desde el gobierno han tratado de identificar al Partido Popular con la extrema derecha, rechazada por la mayoría en España y en Europa, para justificar la alianza con los separatistas y con los herederos del terrorismo. Casado ha mostrado que no es igual a la extrema derecha y ha aprovechado las exageraciones y estridencias de Abascal para posicionarse en el centro, al mismo tiempo ha desplazado al partido socialista hacia la extrema izquierda con su alianza con los comunistas y separatistas. Pintó en su discurso una extrema derecha utilizada por el gobierno para justificar una alianza peligrosa del partido socialista con los partidos que quieren destruir la Constitución del 78, destruir la monarquía y establecer la república y dar aliento a los separatistas que buscan establecer repúblicas independientes en lugar de regiones autónomas.

Casado sorprendió a todos y ha recobrado una posición de centro derecha más deseable para Europa y para quienes valoran el acuerdo político que dejó atrás la guerra civil y transformó España en un país del primer mundo. Al denunciar a ambos extremos, izquierda y derecha, establece la posibilidad de recuperar el bipartidismo que solo es posible si el Partido Socialista y el Partido Popular continúan defendiendo valores comunes más cercanos a una social democracia y una política centrista más del gusto europeo.

El ranking de los líderes políticos españoles

La moción de censura ha permitido calibrar el valor de los líderes de los cuatro partidos que se disputan el poder. Sánchez salió victorioso porque mantiene la alianza que sostiene su gobierno, pero tuvo que abandonar el anunciado proyecto de reformas en la designación de jueces para volver a ofrecer al Partido Popular nombramientos por consenso aunque el Partido Popular mantiene la condición de que el vicepresidente Iglesias sea excluido de la negociación. Abascal termina arrinconado y solo, sin objetivos claros para el futuro obligado a replegarse para reflexionar y redefinir el rol de su partido en la política española. Iglesias ha debilitado su posición en el gobierno. Como propulsor de la idea de controlar la Justicia cambiando la mayoría necesaria para la designación de jueces en el Parlamento, ha sufrido el rechazo de Europa, de la prensa y del Partido Popular que no solo participará en la designación sino que exige que el partido de Iglesias sea excluido. Se queda sin mucho margen para presionar a Sánchez porque corre el riesgo de que el bipartidismo se recupere con acuerdos entre los dos partidos tradicionales.

Pablo Casado ha salido triunfador de una moción de censura dirigida en contra de él por la coalición de gobierno y la extrema derecha. Sale con mayor estatura política al ubicarse en una posición de centroderecha y como única alternativa para reemplazar al actual gobierno. Le ha devuelto el orgullo a sus partidarios y les ofrece objetivos claros como partido de oposición, defensor de la economía de mercado y de los principios que definen a la Unión Europea. 

El ganador ha sido Pablo Casado, aunque Pedro Sánchez no ha perdido porque sigue en el gobierno y mantiene la alianza. Los perdedores son Pablo Iglesias que pierde posibilidades de presión en el gobierno, sigue  acosado por la justicia y será más vigilado en Europa por sus nexos con el chavismo y el separatismo. El otro perdedor es Santiago Abascal porque delató que no está preparado para gobernar, ha fracasado en sus aspiraciones de liderar a la derecha y no puede acusar a Casado de dividir a la derecha porque él mismo lo hizo antes. El ajedrez político que se juega en España no ha terminado y todos los actores tratarán de sacar alguna ventaja o evitar mayor daño como consecuencia de la moción de censura al gobierno.

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